¡Aseveraciones irrebatibles!

Por Rolando Fernández

Sin régimen de consecuencias en los hogares nacionales, la sociedad nuestra jamás se recuperará del deterioro que, en todos los órdenes, la viene destruyendo, desde hace ya algunas décadas, debido a que, la misma de ordinario continúa siendo “alimentada” con “especímenes” carentes de formación hogareña, principalmente, como de valores morales, en la mayoría de los casos.

Es obvio que, para comenzar a enmendar esa lamentable situación, la crianza familiar tiene que ser retomada de nuevo, seriamente, en el seno de los hogares de esta nación.

El asunto no es estar andándose con ambages, y paños tibios. Seguir acogiéndose a los dañosos paradigmas de última generación (blandenguerías y complacencias con los hijos), que, en ese sentido, ahora están tratando de imponer algunos alienados profesionales de la conducta humana, sin ponderar las consecuencias posibles a derivarse luego.

Los padres, por tanto, tienen que asumir de nuevo las responsabilidades que otrora les caracterizaban, con respecto a los vástagos que traían al mundo, actitudes con resultados muy positivos logrados, que aún pueden apreciarse socialmente, pero en casos muy aislados.

En ese orden, qué se observe el simbolismo contenido en el Sacramento del Bautismo de la Iglesia Católica. Según dice la Dra. Caroline Myss, en su obra “La Anatomía del Espíritu”: “una familia, acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo, al participar en la ceremonia del sacramento del Bautismo”. ¿Por qué no se hace?

Los progenitores tienen que dejar de lado los “postulados” de la psicología moderna, en términos del “trato corrector” de que deben ser objeto los hijos; y aplicar los castigos que ameriten las circunstancias; que se correspondan con los malos comportamientos que observen los descendientes, amén de impartir las orientaciones conductuales complementarias pertinentes.

Asociado con lo expuesto hasta ahora aquí , en los últimos días, se ha venido observando, y criticando acremente en este país, después de salir a la luz pública,   un video contentivo de  exhibicionismos corporales obscenos, por parte de unas niñas, alumnas de una escuela pública local, burlando así la solemnidad de un aula de clases dentro de la misma, y que osaron bajarse los pantalones del uniforme para mostrar los glúteos, como ´otras áreas cercanas – de milagro no se quitaron los pantis también -, ante un grupo de sus compañeros de clases. Además, con la filmación de aquel desagradable espectáculo, vía celulares dispuestos sobre algunas mesas. ¡Qué ocurrencias, mamacita!

Como era de esperarse, el hecho causó rechazos múltiples, y provoco serios comentarios, como opiniones diversas, en personas que tienen acceso a los medios de comunicación de masa entre nosotros. ¡Se dijo, y se dijo!

Algunos lo hicieron juiciosamente, incluso externando recomendaciones de carácter correctivo, aunque otros se refirieron al hecho, no dándole mucha importancia, por considerarlo como una consecuencia de la degeneración que viene arropando a la sociedad del país, alimentada en parte con patrones impropios importados;  y, atribuyendo cierta responsabilidad a los centros escolares públicos que operan en la República, por el mal manejo de que son objeto por parte de sus autoridades, como la negligencia fehaciente con que actúan muchas de sus autoridades.

Ahora, muy pocos de aquellos han puesto el dedo sobre la llaga principal del problema, que es la desvalorización de la familia, como forjadora imprescindible de los hombres (general) que integran las sociedades, no estando exenta la nuestra, y como célula primaria de todas.

Hacia ahí, sí que deben enfocar los cañones, psicólogos, psiquiatras, orientadores espirituales, comunicadores de renombre, periodistas de investigación, y los organismos oficiales competentes, higienizando, en primer lugar, la TV local entre otros medios, difusores de programaciones perversas, para que hechos como ese referenciado, no vuelvan a consumarse entre nosotros.

T, por supuesto, dejarse esas personas de estar intentando agarrar el rábano por las hojas, como se dice popularmente, e irse a las verdaderas causales que subyacen en la problemática, para desde esas combatir los males de ese tipo; y, cuántos más se tengan, asociados con la degeneración social interna en curso, innegable, ¡qué no son pocos!

Autor: Rolando Fernández

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