¡Asesinado por segunda vez!

Por Jesús M. Guerrero lunes 16 de enero, 2017

No quise opinar respecto de tan controversial caso, sin darle el derecho a réplica al ex diputado Eduar Montas. Debía escuchar las dos campanas; sencillamente no puedo dejar de pensar que al maestro Mateo Aquino Febrillet lo asesinaron por segunda vez.

No hay justificación alguna que Montas pueda alegar que nos haga entender tan deleznable acto de retirar la querella contra quien intentó asesinarlo y al fallar los disparos, tronchó la vida de Aquino Febrillet.

Las únicas verdades son que los farsantes son eternos y la cara del cobarde es su nuca cuando lo vemos huir de la batalla, irónicamente ese es el rostro que todos vimos en la penosa rueda de prensa que protagonizó quien por su imprudencia le costó la vida al ex Rector de la UASD.

La existencia terrenal está repleta de cientos de personajes, unos virtuosos y otros que simplemente generan angustias. La vida que no es más que un fluir incesante de llegadas y partidas que no pierde la oportunidad para demostrar que mientras otros se marchan con entereza, otros se quedan en la desvergüenza.

Quien partió físicamente a destiempo deja un recuerdo que perdura y su familia defiende su memoria; mientras que el traidor muere muchas veces y acabara desterrado en el olvido.

No importa cual razón aporte Montas para tratar de explicar esta actuación tan desleal, al caminar hacia el misterio Febrillet lo hizo al defender al pávido que nuevamente lo asesina.

Decir que producto de dicho de atentado contra su vida, su progenitora ha sufrido quebrantos de salud, no es descargo para dejar de luchar por justicia, todo lo contrario debería ser uno de sus principales pilares de combate y mucho menos la lentitud del proceso tampoco es pretexto para retirar la querella.

Tal cual Fouché, cuando no haya a quien traicionar, se traicionará a sí mismo.

Entiendo que es prudente citar al sacerdote español Vicente Espinel, cito: “La traición la emplean únicamente aquellos que no han llegado a comprender el gran tesoro que se posee siendo dueño de una conciencia honrada y pura.

 

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