Arte, locura y libre mercado (Segunda parte)

Por Alcides Pimentel Paulino viernes 16 de febrero, 2018

Muchos grandes genios de la pintura llegaron al límite de la locura. Algunos de estos visionarios fueron unos incomprendidos en el mundo en el que les toco vivir. A El Greco (Domenikos Theokopoulos), por ejemplo, se le definía como un “pintor loco”. En el pasado, brujos y chamanes aprovechaban estados alterados de conciencia para representar el más allá. En el más acá, muchos superdotados se aislan para huir de un mundo hostil que no les comprende.

Las obsesiones en el mundo del arte son frecuentes. El pintor Louis Wain se dedicó a pintar, pricipalmente, gatos. Los gatos cambiaban a medida que su enfermedad progresaba. Para estos enfermos, sus pinturas son una manera de relacionarse con la sociedad. Desde este punto de vista, la locura puede ayudar a la concentración de los artistas, alejándolos del corset de la realidad empírica. Las sociedades evolucionan con el paso del tiempo, y esto hace que pintores y obras, que no fueron justamente valoradas en otras épocas, ahora lo sean. Algunas obras cobran sentido en un contexto histórico determinado, mientras que otras son atemporales.

La muerte es el tema central de la obra de Damien Hirst. Obras como “The Golden Calf” (El Becerro de oro) o “The Kingdom“, nos hacen dudar sobre los límites del arte. Claude Monet se obsesionó con los nenúfares. Los pintó durante los últimos trenta años de su vida. En el 2012, por un lienzo de Mark Rothko titulado “Royal Red and Blue” de 1954, se pagaron 75,1 millones de dólares. No es lo que mucho nos imaginamos como la obra de un genio, algo que muy pocos humanos son capaces de hacer. Lejos del naturalismo de las pinturas de Micheangelo Merisi da Caravaggio, llama la atención su frecuente utilización, como modelos, de prostitutas y mendigos. Sus representaciones de “Baco” resultan inolvidables.

El holandes Vincent Van Gogh, la figura más destacada del Postimpresionismo, llegó a ingresar en un hospital psiquátrico fruto de sus crisis mentales. Llegó a cortarse parte de una oreja, tras una disputa con Gauguin. Se creía que Van Gogh se había autolesionado, aunque otras fuentes afirman que perdió la oreja tras una reyerta con Gauguin, por una prostituta. El doctor Paul-Ferninand Gachet fue el que le trató en el hospital, de ahí su famoso cuadro. Los colores vivos de sus cuadros y su dramática historia han realzado su leyenda. En el cuadro “Campo de trigo con cuervos“, van Gogh pinta su inminente muerte ante un cielo tempestuoso y amenazante. Vivió sumido en un triángulo vital cuyos ángulos eran la locura, la pasión por el arte y el fracaso comercial. Se cree que se trataba de un trastorno bipolar. Sufría alucinaciones y escuchaba voces que le hacían más creativo. Pintó algunos de sus cuadros más famosos durante su internamiento en el manicomio de Saint-Remy. Vincent Van Gogh se suicidó a los 37 años en la ruina. Pintó más de 900 obras, pero solo vendió una: “Red vineyard at Arles“. Sobrevivió económicamente gracias a su hermano Teo Van Gogh. Entre sus numerosas obras destacan “Los girasoles“, “La noche estrellada” y “Terraza de café por la noche”. Rembrandt, después de la muerte de su esposa, también murió en la bancarrota.

Tras una experiencia inolvidable, Salvador Dalí quedó impresionado por el efecto que causaban las hormigas en los seres vivos. Después de esta experiencia, la presencia de hormigas en sus obras fue frecuente. Este pintor español encarnaba el surrealismo y el Dadaísmo en la vida real. Se trataba de un pintor excéntrico y controvertido que parecía vivir en su particular mundo de fantasía. Dos de sus obras más famosas, “Persistencia de la memoria ” y “El gran masturbador” no dejan indifente a nadie. Estamos ante un loco o ante un genio. Se cree que “La persistencia de la memoria” está inspirada en la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Se trata de un paisaje costero en donde se observan unos relojes derretidos difíciles de olvidar. Algo parecido ocurre con Andrew Vicari y su obra “Antes del Apocaplipsis“. El artista Adolf Wolfli descubrió su potencial en un centro psiquiátrico. Seraphine Louis comenzó su carrera como pintora a los 42 años, sin ninguna formación academica. Murió en un psiquiátrico. Las obras de artistas con problemas mentales se conocen como Art Brut o Arte Marginal. Los máximos representantes del Art Brut son Adolf Wölfh y Martín Ramírez.

En una ocasión, Bansky puso un tenderete con sus obras en Central Park de Nueva York. Los cuadros se vendían entre 10 y 30 dólares. No vendió la mitad de ellos. Hoy, es uno de los artistas más cotizados del mundo.

Edvar Munch es el pintor expresionista noruego más famoso. Padecía esquisofrenia, aunque le diagnosticaron depresión. Su alcoholismo y sus encuentros con la muerte le provocaron traumas que quedaron plasmados en sus cuadros; como el famoso “El Grito“. Durante el nazismo, Adolf Hitler (el Führer), se obsesionó con poseer “El astrónomo” de Vermeer. Resulta llamativo el hecho de que casi todos los grandes pintores tengan un cuadro de ellos mismos. Los famosos “autorretratos” de van Gohg, Durero, Goya, Picasso o Velázquez, son muy conocidos.

Numerosos cuadros son el resultado de momentos cumbres en la vida de los artistas. René Magritte, por ejemplo, pintó “The Lovers” tras el suicidio de su madre en un rio, cuando éste tenía tan solo 14 años. La imagen de los amantes con la cabeza envuelta en una tela, como si se asfixiaran, causa bastante inquietud.

El mercado del arte también puede ser especulativo como el mercado inmobiliario. Se compran y se venden obras de arte con la intención de obtener beneficios. Algunas obras de arte se han utilizado para evadir impuestos. La famosa obra del británico Damien Hirst “For the love of God (Por el amor de Dios), fue vendida en el 2007 por 77 millones de euros.

Esta famosa calavera humana, con 8.601 diamentes incrustados, fue adquirida por un grupo inversionista anónimo. Más tarde se descubrió que uno de los socios era el propio Hirst. No es un secreto que el millonario Steve Cohen, que compró en el 2007, “Turquoise Marilyn” de Andy Warhol por 80 millones, lo hace como una inversión más. Poco antes, Kenneth C. Griffin, director y jefe ejecutivo del Citadel Investment Gruop, pagó 80 millones de dólares por la obra de Jasper Jonhs, “False Start“.

Es la obra más cara de un artista vivo. “El retrato del Dr. Gachet fue vendido en 1990 al empresario japonés Ryuel Saito por 82,5 millones, al igual que “Le Moulin de la Galette” por 78,1 millones. En su época, fue la pintura más cara del mundo. La idea de incinerar la obra con él, tras su muerte, fue una manera poco afortunada de resaltar su importancia. Los problemas de deudas y préstamos de sus empresas, obligaron a venderlos como garantía. Algo similar ocurrió con el cuadro “Triptyk” de Francis Bacon, adquirido por el multimillonario ruso Roman Abramovich, por 86,3 millones. “El retrato de Adele Bloch-Bauer II” de Gustav Klint, fue vendido por 87,9 millones. El “Dora maar au chat” de Pablo Picasso se vendió por 95,2 millones. Un millonario mejicano pagó por un cuadro de Jackson Pollock, el “No5“, 140 millones de dólares.

Masacre de los inocentes” de Peter Paul Rubens fue vendido a Kenneth Thompson por 76,7 millones, cuando la galeria Christie lo había valorado en 5 millones de libras. A principios del siglo XX, un obrero del Louvre, robó La Mona Lisa para intentar venderla a marchantes italianos. Fue detenido en un hotel de Florencia con el cuadro debajo del colchón.

Los compradores de “Salvador Mundi” son un fondo de inversión, un “pool” de museos, supuestamente asiáticos o del Golfo, el príncipe Bader o el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman. Lo único seguro es que irá al nuevo Louvre de Abu Dhabi. Existen dudas sobre su autenticidad, aunque un especialista llamado Martin Kemps, afirma que el cuadro es autentico aunque ha estado sometido a cirujía cosmética. Esto quiere decir que ha estado restaurado en varias ocasiones. Leonardo no firmaba sus pinturas, y su técnica y composiciones fueron muy copiadas por sus admiradores.

Este mismo cuadro fue vendido en 1958 por 45 libras esterlinas. En el 2005, tres marchantes se unieron para pagar 10.000 dólares. El oligarca ruso Dimitri Rybolovlev, presidente del Club de futbol Mónaco lo adquirió más tarde por 85,2 millones, y lo vendió por casi 400. El montante final de la operación fue de 383 millones de euros, más 42,7 millones en tasas. Se cree que el precio final fue, aproximádamente, de unos 450 millones de dólares. Un negocio redondo. Corría el rumor de que su precio real era de 85 millones de euros.

El mercado del arte es muy voluble. El título honorífico de cuadro más caro de la historia no durará mucho, siempre habrá algún millonario o institución dispuesto a pagar más para darse publicidad. El anterior récord en precio de una obra de arte lo tenía “Nafea faaa Ipoipo” de Paul Gauguin con 300 millones en el año 2015. “La Reve (El Sueño) de Pablo Picasso fue adquirido por Steven Cohen por 155 millones de dolares. “Les femmes d’Argel”  de Picasso fue vendido en la sala Christie’s por 142 millones de euros en el 2015. (179,4 millones dólares). Este mismo cuadro fue vendido 50 años atras por 45 libras.

Salvador Mundi” era el último Leonardo en manos privadas. De Basquiats, por ejemplo, hay muchos cuadros en el mercado. El genio renacentista, Leonardo da Vinci, era pintor de la corte de Milán. Los 68 millones que afirmaba valer el especialista Ricardo Pucci, se quedaron cortos. Este cuadro, como muchos otros, son el resultado de inversiones especulativas. Se compran para venderlas y obtener beneficio  económico. Sería una pena que estas obras terminaran ocultas en una mansión o casa de algún millonario, y que el público no pueda disfrutarlas.

Para comprender este tipo de inversiones hay que recurrir a Thierry Ehrmann, fundador de Art Price, un banco de datos de información y cotizaciones sobre arte. Este experto afirma que cada dia abre un museo en el mundo, y que entre el 2000 y el 2015 se inauguraron más museos que en todos los siglos anteriores. Las grandes obras son productos especiales por los que hay que pagar entrada. El busto de Nefertiti es el emblema del Neus Museum de Berlin. Se calcula que el 18% de los visitantes del Louvre (París) van atraídos por La Mona Lisa. Se especula que La Mona Lisa o Gioconda, tiene un valor de unos 2.200 millones de euros.

Se dice que solo se consume el 15% de la producción mundial de arte que se produce, y que los artistas más cotizados son una pequeña minoría. En un libre mercado, las obras de arte son difíciles de tasar. El valor de las obras depende en mayor medida del precio que esté dispuesto a pagar el comprador. El mercado del arte rompe con las reglas clásicas de la economía reguladas por la oferta y la demanda.

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