Apuntes sobre el valor poético y sociopolítico del merengue El pique de Johnny Ventura

Por José Santana Guzmán

El merengue titulado El pique, que magistralmente interpretó el recién fenecido merenguero dominicano Johnny Ventura, fue escrito por el laureado compositor, publicista y poeta dominicano, oriundo de Santiago de los Caballeros Ramón Alberto Díaz Domínguez, mejor conocido en el ámbito artístico como Ramoncito. Esta magistral pieza musical fue lanzada al mercado en el año 1982, en el álbum intitulado El Sueño, y trata específicamente sobre la situación que en la década de los años ochenta vivía la República Dominicana con relación a la migración haitiana y la producción de la caña de azúcar, a sabiendas de que precisamente fue en esa década donde se registró el mayor esplendor de esa actividad económica, la cual llegó a ser el principal sostén económico de la nación caribeña.

A juicio del poeta y catedrático universitario Julio Cuevas, el uso de ese discurso metafórico y sus significados, ante el panorama social, económico y político en que se escribió esa canción, sin duda debió haber influido bastante en la sociedad de la época.

Por consiguiente, en este tratado me propongo analizar de forma literaria –no política– ese valor intrínseco que subyace en cada una de las metáforas que componen cada verso y cada estrofa de este importante tema musical que forma parte del legado artístico de quien es considerado hoy día como el padre del merengue: Johnny Ventura.

Antes de entrar en materia, es bueno señalar que la música y el ritmo de Johnny Ventura están cargados de sentido literario. Si se analiza  a profundidad, encontraremos que no solo se encuentra en ella la denuncia o la protesta social, que siempre lo caracterizó, entre otros tópicos de la cultura popular antillana, sino que, además, en su estilo también vamos a ver muchas figuras literarias. Por consiguiente, el merengue El pique es una fuente valiosa de figuras retóricas, el cual constituye, a su vez, una pieza musical de alto valor literario y discursivo.

En tal sentido, se parte de la premisa de que las figuras retóricas en el discurso lingüístico y musical del merengue El pique, establece las características discursivas que posee esta manifestación artística, así como los principales aspectos lingüísticos y reflexivos que componen este tema musical del género merengue.

¿Qué son las figuras retóricas?

 Las figuras retóricas, lingüísticas o literarias constituyen un conjunto heterogéneo de construcciones lingüísticas que estimulan la imaginación de los usuarios de la lengua, por lo que las mismas tienen valor cognoscitivo. Se manifiestan en los registros discursivos formales e informales, y tanto en el habla coloquial como en la culta, y de manera muy especial y abundante en la literatura, sobre todo en la poesía y en la música.

Figuras retóricas como la metáfora y la metonimia han sido ampliamente estudiadas por la retórica clásica y la teoría literaria, considerándolas como recursos decorativos que el autor literario utiliza en la realización de su obra. Sin embargo, la presencia tan abundante de estas figuras en el discurso cotidiano ha llevado a Lakoff y Johnson (1980) y Lakoff (1987), dos de los principales autores cognitivistas, a postular la hipótesis de que no se trata de meros adornos poéticos o literarios, sino que son más bien dos de las maneras como funciona nuestro sistema conceptual. En otras palabras, lo que estos autores defienden es el planteamiento de que una de las mejores vías de acceso al conocimiento de la realidad es a través de la creación constante de metáforas y metonimias, no sólo en la lengua literaria, sino en la conversación cotidiana y en cualquier tipo de discurso público (publicidad, discurso político, medios de comunicación, etc.).

Por consiguiente, el merengue El pique, interpretado por el inmortal Johnny Ventura está compuesto por ocho estrofas y veintisiete versos, de los cuales diez son metáforas.

El tema musical introduce a la comunidad oyente desde la primera estrofa con seis metáforas, representadas en igual número de versos, que revelan de entrada el poderoso y relevante mensaje que el compositor quiere hacer llegar a los receptores:

“Hay un grito gritando en la caña” “grito de la mocha y de la boca haitiana”

“Grito en el batey” “grito en la carreta” “y grito en el buey”

“El ingenio grita llamando a la zafra…”

 Como se puede apreciar por medio a este discurso metafórico, aquí aparecen representados todos los actores que involucraban esta importante actividad económica. Nótese como a manera de fábula, el discurso entremezcla a seres humanos, animales y maquinarias, como quien quiere denunciar una cruda realidad que deja claramente desvelada la crudeza y el sacrificio que la envuelven.

“La caña cortada se la come el sol”

 En esta quinta metáfora es posible que el autor quiera reflejar con marcado acento poético la situación del día a día que vivían los braceros haitianos en los campos o cortes de caña en medio del candente e inclemente sol del Caribe. Por medio a esta imagen él nos ilustra bastante. Por consiguiente, a través de esta figura el receptor logra hacerse una idea clara, no solo del clima predominante en la zafra sino, además, de las condiciones precarias y la mala remuneración de que era sujeto el fruto de su ardua labor por parte del Estado y del empresariado cañero (colono):

“si la paga es mala hay algo peor”.

 La siguiente estrofa, el poeta-compositor la introduce con una paradoja que desvela de entrada la parte humana del inmigrante haitiano de la época. Aquí  el sujeto enunciador nos sumerge de lleno en la nostalgia que tal vez vivía

inmerso el bracero cuando pensaba en la familia que había dejado en su país para cruzar la frontera en busca de una vida mejor:

“El haitiano ausente presente en la caña” “hace una melcocha un chocolate de agua” “Y a filo de mocha de sol y machete”

“así se alimenta con filo filete”.

 Los tres versos restantes constituyen sin duda alguna tres metáforas que revelan claramente la parte alimentaria, cómo tenían estos trabajadores cañeros que echar mano de la propia caña de azúcar para poder subsistir, quizás para poder lograr ahorrar de lo poco que le rentaba aquel oficio. Sin embargo, a pesar de todas estas precariedades que podemos ver representadas por medio a este magistral discurso musical, el sujeto enunciador nos sintetiza al final de forma explícita a través de una metáfora y una aliteración que hacen las veces como de justificación a todo lo antes narrado:

“Hay un grito gritando en la caña

 con hambre y con rabia, que dejó a su espalda

 las tierras haitianas, y por más que sufra en la dominicana si usted le pregunta que cómo le va

él le mira triste y no responde na, no responde na, no responde na, no responde na, porque peor es allá.”

 

Por José Santana-Guzmán

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar