Aprender a Morir

Por Dario Nin martes 22 de agosto, 2017

Hablar de este tema es muy difícil. Este es un verdadero tema tabú, ya que le tememos a la muerte más que el diablo a la cruz. Sn embargo, pienso que viviríamos mucho más felices si aprendiéramos a morir.

¿Por qué tememos a la muerte? Esta pregunta tendría tantas respuestas como seres vivientes existen. Tal vez venimos preparados para preservar la vida, de ahí que la gacela corra hasta morir cuando la persigue un leopardo o un león, no piensa; según creemos, pero tiene un instinto de conservación impregnado en sus genes.

Sea lo que sea, nadie discute que para la mayorías de seres humanos, es difícil aceptar tranquilamente que va a morir, sin embargo, hoy vemos que personas de una cultura diferente a la nuestra abrazan la muerte para desgracia nuestra, como una forma de vida. Quizás por una causa que consideramos injusta y destructora sin necesidad y en la que cualquiera de nosotros por variables extrañas, forma parte de sus planes.

A veces las muertes masivas, no provienen de la voluntad humana torcida o no, sino de la propia naturaleza, de las circunstancias o del mismo Dios. Un terremoto, un tsunami, un tornado, un ciclón, un accidente involuntario, un error humano al pilotar un avión, etc.
En verdad la muerte nos acecha a cada segundo y hora; es nuestra sombra, la muerte es el apéndice de la vida, no entendemos por qué o para qué, pero vino con nosotros. (Los Cristianos aseguramos que no era el Plan Original).

Lo inexplicable es que desde que nacemos convivimos con la muerte, con la muerte de mi abuelito, o del abuelito de mi amiguito, de mi padre, de mi madre, de mis tíos de mi hermano, de mi esposa. Ésta llega, la sufrimos; muchas veces no por ellos, sino por nosotros, por lo que significa para nosotros esa partida.
Para que compruebe lo que digo, la próxima vez que vaya a un velatorio deténgase a escuchar por que claman y escuchará: ¿por qué me dejaste sola?, ¿cómo me hago?, ¿Quién me va a ayudar? Es decir, en verdad el dolor no es por el que se fue, sino por los que quedan.

Aquí me autocorrijo, ya la muerte ajena se supera con menor trauma, pero el tema, que es “aprender a morir”, no se refiere a la muerte ajena, sino a nuestra propia muerte.
Cuando el tema es ese, nuestra propia muerte, viene un trago seco un subir y bajar la nuez de adán y una vocecita que te dice “No juegues Magino, no juegues…”
Creo que tememos a morir porque paradójicamente no hemos aprendido a vivir. Como la muerte es parte de la vida, al no aprender a vivir, no hemos aprendido esa lección final y lo más grande del caso, tampoco queremos aprenderla.

Por eso muy pocos humanos hoy, cambiamos vida por dignidad, vida por honor, vida por causas sociales nobles o simplemente decidir abrazar la premisa inviolable de que la hora de la muerte está próxima.

Necesitamos aprender a morir. ¡Ojo, no a buscar la muerte, pero…, si en el camino de la vida se torna ineludible su encuentro debemos tener la fortaleza espiritual necesaria para abrirle las puertas. En un libro aun inédito que he titulado “La Gran Fábrica” se recoge este diálogo:

“La vida no se ahorra, pero tampoco se despilfarra.__ No te entiendo, acabas de decirme que se consuma toda y ahora me dice que no se despilfarra. Simplemente no te entiendo.__ Es simple, consumir y despilfarrar son dos cosas muy diferentes. Consumimos lo que ingerimos adecuadamente, despilfarramos cuando consumimos inadecuadamente. Entiendo que se debe vivir la vida sin temor a perderla, porque el que no vive por temor a morir, realmente no muere, ¡ya está muerto!

La vida no debe ahorrarse por temor a la muerte, pero de ahí a salir al encuentro de la muerte, es algo muy diferente.__ Me dices que a la muerte no hay que temerle, pero tampoco tenemos que salir a su encuentro._ Ni tanto que queme al santo… pero recordar también que: ¡Hay que escondérsele a la muerte pero no tanto que la vida no te encuentre!”

Realmente este es un tema simple, y paradójicamente muy espinoso por la diversidad social de pareceres, para tratarlo tan brevemente. No obstante, te resumo todo el artículo que no deja de ser mi parecer, en una frase: “Aprendamos a vivir para no temer a morir”: y como complemento te invito a buscar un video de Randy Pausch titulado “La Última Conferencia”.
Hasta la Próxima.

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