Añoranzas periodísticas

Por Manuel Hernández Villeta viernes 25 de octubre, 2019

Hoy es más difícil que nunca hacer un periodismo libre y objetivo. Hay presiones económicas, de fuerza, de miedo, censura y auto-censura. El reflujo que hay en la sociedad dominicana, presa del populismo, también se ve en los medios de comunicación.

Han surgido nuevas formas de comunicación. En mis inicios era radio, televisión y periódicos.  Desde luego fue el momento  de mayor fuerza y movilidad de los periodistas. Decía en una tertulia reciente que los seis principales noticiarios de radio de la época, empleaban cien periodistas a tiempo completo.

La lucha  de ese periodismo lejano, distinto y distante era defender los derechos humanos  y dar la primicia noticiosa, basada en la verdad y la objetividad. El principal galardón de un reportero no era el puñado de pesos, sino cuando en la redacción su jefe le decía: “diste un verdadero palo”.

En el lenguaje de esa época, el palo periodístico era cuando se conseguía una gran noticia en exclusiva. Los otros medios entonces iniciaban las llamadas discretas a ver si les daban luz, o algún detalle, para poder buscar reacciones del tema.

A pesar de esa lucha por conseguir la noticia en primicia, la solidaridad entre los compañeros era de acero.  En más de una ocasión se dio el caso de un periodista que salía de un noticiario al medio día, y sin saberlo, en el acto  sus compañeros en otro medio le habían conseguido trabajo. En los peligros de la lucha informativa en tiempos difíciles, la solidaridad no tenía límites.

Hoy hay periodistas que siguen teniendo la profesión como un sacerdocio, pero hay  un grupo de comunicadores que estima lo más importante  es el pago o la prebenda. Ven el ejercicio informativo como una forma de hacerse de dinero. Condenable cuando la verdad se calla, por un puñado de pesos.

Hoy existe el periodismo ciudadano, que no es forjado por profesionales, sino por personas que actúan en las redes sociales, y las cuales en muchas ocasiones desbordan sus pasiones y vierten odios y difamación a granel. Pero también hay  seguidores de las redes que hacen denuncias responsables y de mucho peso.

Mientras el país se debate en el volcán político, me llega la nostalgia de mis inicios en los medios de comunicación, con una grabadora en la mano, de frente a guardias y policías iracundos apuntando con sus metralletas, queriendo silenciar al reportero a punto de difundir una candente información por la unidad móvil. Hoy como ayer, sigo gritando: ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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