Anhelamos un estado social democrático de derecho

Por Edgar Marcano lunes 3 de agosto, 2020

Figuras enriquecidas al vapor, poderosos anacrónicos tutumpotes, sin sentido de la historia, con dilatadas carreras políticas, pintados en sus fortunas enormes, componen el espectro político dominicano, pero sin proyecto de nación, mero neofuedalismo de horca y cuchilla rige siempre. Medios degradados, repletos de bocinas, promueven este trasnochado y vergonzoso fantas político de espanto y brinco.

Locutores malapalabrosos, barriales, irreverentes, indecentes, irrespetuosos y vulgares, degradan la comunicación social y dañan la sociedad. Estos mequetrefes dominan los medios de opinión e imponen la dictadura de sus intereses grupales sin reservas. No bien salimos del huracán Gonzalo y nos ataca la tormenta Isaías, preocupa que los vientos del cambio sean malas amenazas, de seguro es otro sálvese quién pueda, con razón los antiguos atribuían al daiblo las pestes y los agentes meteóricos.

En tanto Francis Drake redivivo amenaza apropiarse de la infraestructura energética y minera nacional, el botín más codiciado de las últimas décadas, con razón nuestro talón de Aquiles es la falta de competitividad. Las marchas juveniles teledirigidas en las plazas, el rugir del león herido y la estrategia triunfante por ahora del neofuedalismo empresarial son ejes del mismo coil, así que no vengan a querer cogernos de pendejos. Sin responsabilidad política no hay repartos de botines y la palabra patronato está en desuso. Sin electricidad, sin respeto al medio ambiente y sin gasto público de calidad no es posible el crecimiento, el desarrollo, ni la prosperidad.

Bla, bla, bla, entretienen al pueblo y no hacen nada, solo misma retórica y letanía del siglo pasado, mientras la peste covidiana y demás problemas nos aniquilan. Hoy solo crecen los apagones, la velocidad de los vientos, la imprudencia adiminstrativa, los ascensos, los megaproyectos e inmensos males en RD que hoy es todo un caos.  La simultaneidad entre el Covid y las elecciones ha devenido en un genocidio, la plebe pone los muertos, el empresariado aporta los cuartos y los verdugos, en lo que el funcionariado se permuta ante una inminente aplanadora. El irrespeto al aislamiento y distanciamiento social no es por rebelión, más bien es por necesidades de supervivencia de nuestros nativos bananeros.

Desacatar la estrategia nacional de desarrollo y a los objetivos de desarrollo del milenio es lo que tiene a nuestro país al garete, atrapados y sin salida a la vista. Necesitamos muchísimo más que Fe para apostar al éxito nacional. Nuestra babosa y gavillera canalla gubernativa nos ha timado siempre en la oferta de una socialdemocracia y un estado social democrático de derecho que aún esperamos. Las protestas de las clases populares se han desarticulado, hoy solo marcha la clase media verde no madura, en un match simultáneo entre depauperados y el empresariado neofeudal.

Dudamos que el supuesto cambio anunciado surta unidad, esperanza y oportunidades, eso de Robin Hood y las hadas es una quimera. Una sociedad que no ha sabido asegurar desayuno, comida y cena, mucho menos va dar pié con bola con la enorme crisis de salud, economía y seguridad social y ciudadana, al menos para los irredentos. ¿De qué bendito cambio es que estamos hablando?.

 

Por Edgar Marcano

Desde Montreal-Canadá

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