Andrés L. Mateo y el Danilo-Leonel de su fijación enfermiza

Por Francisco S. Cruz viernes 23 de junio, 2017

En múltiples artículos –por años- he tratado de auscultar en la patología política-mediática del escritor Andrés L. Mateo que, como el país sabe, es el gestor y gerente ejecutivo de una escuela que he llamado de la fijación y la amargura. Sí, porque solo una acentuada patología –sabrá Dios de qué tipo- hace que un escritor de su formación y recursos lingüísticos –innegable- exprese semejante delirio político centrado en un partido y en dos liderazgos que, seguramente, merecedores de críticas, más que nada por haber ejercido el poder, algunas válidas, otras, definitivamente, desproporcionadas en su virulencia y esencia, pero igual aceptadas y respetadas.

 

Y esa trayectoria de crítica-diatriba de Andrés L. Mateo, primero, contra Leonel Fernández, y luego-ahora contra Danilo Medina en una suerte de película-guión cinematográfico, pues, todos vimos cómo, en el entramado teórico-literario-periodístico; pero, sobre todo, político, del vate L. Mateo, salía Leonel de escena para entrar Danilo. Tanto fue así, que para recrear-registrar esa metamorfosis política-emocional escribí un artículo que titulé: “Suave.., que ahora vienen por Danilo…” (julio-2015).

 

Sin embargo, antes de entrarle a Danilo Medina, el vate Andrés L. Mateo, Juan Bolívar Díaz y comparsa, articularon y ensayaron la estrategia política-mediática de atizar unas supuestas abismales diferencias entre Leonel y Danilo; por supuesto, aupando al último e hundiendo al primero hasta el fango. Tal estrategia fracasó cuando Leonel Fernández, en el 2012, apoyó a su compañero de partido, y juntos, les dieron otra pela –política-electoral- al partido y al candidato de estos dos políticos-periodistas que bien encajan en la definición que acunara el extinto  maestro del periodismo nacional Don Rafael Molina Morillo: político de la secreta”.

 

Ajustada la estrategia y ante la derrota política-electoral de 2012, levantaron la consigna de “gobierno ilegitimo” y “dictadura constitucional”, en esa correría mediática-periodística, el vate Mateo y Juan Bolívar Díaz, gastaron un mar de artículos-tinta, con tanta suerte y méritos que, el primero, como refirió el periodista Marino Zapete, fue jurado del Premio Nacional de Periodismo bajo los auspicios y financiamiento de, nada más y nada menos, Odebrecht (ver reseña Diario Libre/junio/2012); y el segundo, recibió el Premio Nacional de Periodismo -2014- por su trayectoria periodistica que nadie –ni siquiera yo- regatea aunque si hubiese dependido de mi, hubiese dejado que el partido de su preferencia –cuando llegase al poder- se lo entregara, pues, así como hay periodistas perremeístas-oposicionistas con méritos, también los hay periodistas peledeístas con méritos irrebatibles.

 

Fracasada la estrategia y la consigna “dictadura constitucional”, y a raíz de la derrota política electoral de mayo-2016, pero, en paralelo, surgió un movimiento Verde mitad preocupación ciudadana mitad estrategia de grupos empresariales –específicamente, de afectados por su inminente salida del negocio eléctrico, una vez la hidroeléctrica Punta Catalina empiece a generar energía eléctrica, pero además, interesados en entrar al juego de la política -vía un globo ensayo capitalino- y la perspectiva puesta, ya directamente, en mayo-2020-, que ha levantado la consigna: ¡Fin de la impunidad y de la corrupción!

 

Al fragor de ese movimiento de calle y, como telón fortuito, del mega escándanlo Odebrecht -de corrupción y soborno internacional-, tanto Andrés L. Mateo y Juan Bolívar Díaz se convirtieron en auto-voceros y atizadores –el segundo, hasta hace poco, agazapado- de esa expresión ciudadana que grita y reclama por el fin de la corrupción pública (y no sé si privada) y de la impunidad en nuestro país. Hasta ahí, magnifico –pues, ¿quién no querría el fin de esos dos flagelos universales?-.

 

Sin embargo, el problema se presenta cuando los intelectuales teóricos del patio, entre ellos, L. Mateo, César Pérez y una retahíla mas -casi todos perremeístas o de la “izquierda burra”- comienzan a revivir la vieja tesis de Rafael –Fafa- Tavera (“Revolución inminente”) y, en consecuencia, empiezan a tejer-elucubrar sobre un momento político-social “-pre-revolucionario-“ que solo existe en sus azoteas, hasta parir, probadamente, de su celebro mas calenturiento y fantasmagórico: Andrés L. Mateo (en todo su derecho literario-ciudadano-especulativo), el manifiesto que pide la renuncia del Presidente Danilo Medina (¡que, curiosamente, hace un año sacó una votación ciudadana-electoral histórica de casi el 62%, en unas elecciones nacionales –y de ultramar- que fueron observadas y monitoreadas por organizaciones nacionales y organismos internacionales (entre ellos, la OEA) que certificaron que fueron limpias e hicieron sus observaciones y sugerencias para mejorar y tecnificar todo el proceso electoral), bajo el argumento de “…ser un Presidente ilegal que se reeligió violando la Constitución y la legislación electoral…”. ¡Válgame Dios!

 

Finalmente, no quiero, ni en sueño, rebatirle el derecho ciudadano-constitucional al referido grupo de intelectuales –encabezado por L. Mateo– que pide tal despropósito –la renuncia del Presidente-, pero es más que evidente que con su postura-solicitud han reafirmado su recurrencia -política-visceral- enfermiza, porque: a) han tergiversado y llenado de contenido político y de inquina personal –valga decir, de odio-frustración generacional- al movimiento verde; b) han desenfocado, políticamente, una excelente oportunidad de presionar y lograr una serie de reformas políticas-lectorales de urgencia impostergable (Ley de partidos político, de Régimen Electoral, y hasta de reforma al sistema judicial); y c) han empujado, prematuramente, al movimiento Verde a entrar en la definición de ser: partido político –y con sus correlatos: jefatura política y candidatos de cara al 2020-, o, movimiento reivindicativo social en cuya dinámica y meta no se sienten identificados, pues no satisface sus objetivos político-electorales: sacar al PLD del poder.

 

Visto así, al movimiento verde solo le queda dos rutas definitorias: 1) obtempera y se deja guiar-arrastrar por un supuesto “momento político pre-revolucionario” de fantasmas y espejismos –que seguro se estrellará con el luchismo político-electoral que, sin ley de partido –consensuada por todas las partes-, será una lucha de maquinarias electorales, en donde el PLD, el PRD, PRSC y el PRM, no tendrán competencia; o 2) separar “el trigo del grano” y no desaprovechar la oportunidad de lograr conquistas ciudadanas que gozan de amplio apoyo popular.

 

Ahora –Sres. intelectuales…-, si se deciden por la primera ruta (la del “momento político pre-revolucionario” antesala de la toma del poder), espero que no se equivoquen y que escojan –para mayo-2020- a Andrés L. Mateo, para Presidente, a Juan Bolívar Díaz, para vice-Presidente, a la triada del sindicalismo político nacional (Minou Mirabal, Guillermo Moreno y Max Puig), para procurador, presidenta del senado y zar anti-corrupción, respectivamente). Pero jamás, eso sí, vayan a buscar, ni por asomo, a un tercero: por ejemplo, un empresario –o a un peón político-suyo- o, un ex izquierdista de aquellos que Joaquín Balaguer cooptó y que comienzan a hacer sus pininos mediáticos después de tantas ausencias y serenatas caseras… (sería su más grande y estúpido pendejismo político). Pero. ¡allá ellos!

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