Andemos con vestimentas espirituales (1)

Por Enrique Aquino Acosta sábado 27 de noviembre, 2021

Cuando asistimos a una entrevista de trabajo, a una reunión de negocio, a una cita amorosa, a unas bodas o viajamos fuera del país, acostumbramos andar bien vestidos para causar buena impresión a las demás personas.

En el caso de los cristianos, no se trata, necesariamente, de vestir de algodón, seda o lino fino, sino, de fe, amor y esperanza de salvación para agradar a Dios, como les recordó el Apóstol Pablo a los miembros de la Iglesia de Tesalónica en una de sus cartas (1 Tes. 5:8)

Por razones de espacio, solo expondré lo que significa andar vestido de fe. Las otras vestimentas espirituales serán tratadas en las próximas entregas.

De acuerdo a lo que enseña 2 Corintios 5:7, los cristianos no debemos andar por vista, sino, por fe, para evitar que nuestros actos se conviertan en vana religión. Debemos dar por cierto lo que esperamos de parte de Dios, aunque no lo veamos y  debemos estar convencernos de que las cosas que se ven son temporales y  las que no se ven son eternas (Hebreos 11:1 y 2 Corintios 4:18 y 5:7)

Espiritualmente hablando, debemos vestir de fe, amor y esperanza, porque somos nuevas criaturas de justicia y santidad de la verdad. Además, esperamos el Dia grande y poderoso del Señor, el cual vendrá como ladrón en la noche y producirá dolor y destrucción repentina en quienes no se hayan arrepentido de sus pecados.

Sin embargo, las  personas que ya lo hicimos hemos sido lavadas y redimidas por la sangre de Cristo y no debemos sentir miedo por nada, debido a que no vivimos sobre la tierra para sufrir la ira de Dios, sino, para  alcanzar la salvación de nuestras almas por medio de Jesucristo.

Por eso, necesitamos mantenernos sobrios y vigilantes para no terminar como los que viven en medio de las tinieblas que representa el pecado. Debemos mantener nuestra fe en las promesas de Dios por ser fieles, verdaderas y eternas. Y, aunque pertenecen a las cosas que no se ven, debemos esperar con paciencia que Dios las cumpla,  para disfrutarlas (1 Tesalonicenses 5:9)

Nosotros no debemos sentir miedo ni angustia cuando somos afligidos por alguna prueba.  Dios no nos ha dado espíritu de miedo, sino, dominio propio y poder. por eso, nos manda a esforzarnos y a ser valientes, porque ÉL está con nosotros para darnos el amparo, apoyo, ayuda y fortaleza que necesitamos (Isaías 41:10 y Josué 1:9)

Tampoco debemos pensar y actuar como los incrédulos. Ellos piensan que todo termina con la muerte y que se debe vivir para disfrutar los placeres que ofrece el mundo. ¡Mentira del diablo!

El Espíritu Santo da testimonio y convence al verdadero creyente en Jesucristo, de que será resucitado en un cuerpo incorruptible e inmortal después de la muerte corporal, en el que vivirá eternamente con nuestro Señor Jesucristo en el reino de los cielos (Filipenses 3:21)

Desde luego, para que eso suceda, cada persona necesita arrepentirse de su rebeldía, orgullo, arrogancia, desobediencia y de su supuesta autosuficiencia para recibir el perdón de Dios. Quien lo haga se reconciliará con Dios y su prójimo, restaurará su vida y disfrutará las bendiciones de Dios, desde ahora y para siempre.

Desde luego, dependerá del interés que cada persona muestre por conocer, creer y obedecer los mandatos y enseñanzas que contiene la Palabra de Dios (1 Samuel 15:22, hebreos 11:6)

En vista de ello, debemos vestir y andar con el corazón cubierto de fe, amor y esperanza de salvación y creer y dar, por cierto, que el Espíritu Santo inspiró las Sagradas Escrituras para que las utilicemos para instruir, enseñar y corregir en cualquier lugar o circunstancia que nos encontremos (2 Timoteo 3:16-17)

También necesitamos mantener la convicción y certeza de que Jesucristo es el único que perdona nuestros pecados e intercede ante el Dios Padre para garantizarnos vida eterna, ya que separados de ÉL nada bueno podemos hacer (1Timoteo 2:5; Juan 17:9 y 15:5)

POR ENRIQUE AQUINO ACOSTA

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