Ana Julia, también deberías pedir perdón a los dominicanos

Por Matías Vizcaíno lunes 23 de septiembre, 2019

Querida Ana:

Hace unos días me enteré de que el jurado te encontró culpable del asesinato con alevosía por la muerte del niño Gabriel Cruz (tu hijastro), y, en consecuencia tendrás que pulgar una pena de 25 a 35 años.  Me dio mucha pena por ti, por mí y por ellos. ¡Cuánto dolor!

…El ambiente social y familiar que se vive en España después de la forma en que se le dio muerte al muchacho ha sido indescriptible, desgarrador, espeluznante e inhumano.

Calzar tus zapatos en todo este tiempo de asesinato, búsqueda y captura del homicida, no me lo imagino. Por un lado tu situación ante los ojos de todo ser humano es de repudio, indignación y castigo. Y por el otro, tú eres el inmigrante de mayor conmiseración alguna en el mundo.

El descredito de un hecho insospechado de un crimen sin límites ni comparación es trending topic por la repercusión con la que amenaza tu mal ejemplo contra las buenas prácticas de la venganza de Galeano en ¨Los hijos de los días¨.

Porque en ninguna mente humana sana y amorosa de una madrastra cabe la mínima idea, ni siquiera la insinuación de que en lugar de darte la debida protección no lo hizo; en cambio, te agredió sin contemplación ni remordimientos aun cuando el niño sollozo perdiendo poco a poco las fuerzas te decía: ¨me estás asfixiando¨.

Igual de la forma tan estúpida cómo murió tu otra hija con tan solo cuatro años de edad en Burgos en marzo (en pleno frio) del año 1996 cuando ella sin fuerzas muscular que justificara lógicamente la forma en que removió la persiana con un peso aproximado de siete kilos (…) la abrió abruptamente y se lanzó al vacío perdiendo la vida ipso facto.

[…]De tus manos y, bajo estricta seguridad, la vida de dos niños se fueron a otro lugar más allá: la primera, por la ¨persiana¨ y la segunda, en una ¨maleta de equipaje¨.

A todo esto, supongo, que el personaje que te desdobla no te deja arrepentirte de los hechos completamente frente a todos los agraviados. Por ejemplo: «Hace poco te vi en medio de un charco de lágrimas pidiéndole perdón a Dios, a los padres del niño (a tu marido) y a la sociedad (española), pero se te olvidó pedir perdón a tu madre, a tus hermanos, a la única hija que te queda y a los dominicanos».

Sé que el peso del juicio de cada día, y la sociedad misma te hizo llorar un poco más que la primera vez cuando tu retoño de 4 años apareció muerta en un patio.  Sin embargo contradictoriamente, el día en que escuchaste la sentencia tus lágrimas cesaron repentinamente como queriendo ascender hacia la arrogancia, hacia tu propia destrucción moral o hacia la insinuación de querer seguir haciendo más daño (…).  Recuerda siempre que en esa sala de Audiencia de Almería es el comienzo de una nueva oportunidad de decencia y de perdón.  Y tú, como el centro de las cosas, estarás rodeada y supervisada de una gran multitud de personas que proclaman al unísono: ¨aires de justicia¨.

Con afecto,

 

Nemo

 

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