AMET: pistolas contra cuchillos en la selva capitalina

Por Humberto Salazar Jueves 9 de Febrero, 2017

Lo ocurrido en el día de ayer a las 8 de la mañana en las esquinas de las avenidas 27 de febrero y Duarte, es una muestra mas de que podrá haber autoridad en muchos lugares del país, pero en las calles de la capital domina la ley del mas fuerte.

Que el pedido de una licencia de conducir por parte de un agente de la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET), haya degenerado en un desorden mayúsculo, con disparos de armas de fuego en uno de los puntos mas concurridos de la ciudad, da una idea de lo que vivimos diariamente los que asumimos el riesgo de conducir un vehículo de motor.

Según la versión de las autoridades, el chofer de un minibus lleno de pasajeros, debe haber perdido la razón, porque solamente a una persona fuera de control, se le ocurre halar un cuchillo para agredir a un agente de AMET por el simple hecho de pedirle el permiso de manejar.

¿Autoridades? y quienes serán las autoridades en una ciudad en que los sindicalistas se han repartido el derecho de uso de las calles, nadie tiene control sobre ellos y si alguien osa siquiera pedirle explicaciones ante un choque o roce podría en el mejor de los casos terminar en la cama de un hospital con heridas de arma blanca o de bala.

Lo cierto es que cada día que pasa la República Dominicana se adentra en un tema de violencia en las calles, que es una pesadilla ante la cual no hay respuesta de quienes tienen que devolver al orden a todas los seres humanos que se convierten en bestias tan pronto le ponen la mano a un volante de un vehículo cualquiera.

Estamos viviendo en Santo Domingo un infierno diario que crispa los nervios, asusta a los pacíficos, malgasta recursos económicos, nos hace perder horas de tiempo en el cubículo de un vehículo y aumenta el riesgo de que muramos violentamente, por algo somos medalla de oro mundial en muertes por accidentes de transito.

Ahora por obra y gracia de la falta de planificación, y estar sometidos a la voluntad de tantas instituciones que es imposible coordinen sus acciones, tenemos las vías internas de la ciudad copadas por enormes camiones arrastrando contenedores, pues son desviados desde la avenida George Washington hacia las calles que dividen geográficamente la capital entre este y oeste.

En medio de todo esto, tenemos una institución denominada AMET, que prefiere estar deteniendo automovilistas privados con vehículos nuevos en las calles del polígono central, antes que dedicarse a intentar por lo menos poner algo de orden en la selva en que se han convertido las vías de transito capitalino.

Cual es el resultado de todo este caos, pues que lo sucedido en la mañana de ayer, ya es algo normal en una ciudad que se torna cada vez mas violenta a medida pues lo único que detiene el instinto humano de prevalecer sobre los demás es el temor a la ley, y en el caso nuestro, hace rato que la ley de transito no sirve para nada.

En nuestras calles, y debemos reconocerlo, lo que impera es la ¨ley de la selva¨, que es el funcionamiento social en que no hay ley, y donde no hay ley lo que impera y domina es la ley del mas fuerte, el mas bocón, el mas arriesgado, el mas violento, el mas osado.

Es por eso que ya no nos sorprendemos cuando suceden hechos como el que describimos, hace unos años un tiroteo como el de la 27 de febrero con avenida Duarte entre un chófer y agentes policiales, hubiera causado un escándalo de gran dimensión.

Ya nada nos sorprende, nos hemos acostumbrado a lo inimaginable, estamos curados de emociones, en un país donde golpean a los policías en las calles, estos halan el gatillo en medio de multitudes, hieren de bala a una mujer llamada Maria Guzmán y le cambian el nombre llamándola ¨daño colateral¨, como si fuera una película de acción.

Dios nos ayude y nos proteja porque para salir a la calle en esta ciudad, lo mejor es encomendarse a Dios y a todos los santos.