Amaury vive aun pese a la ausencia física

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 14 de enero, 2021

La dignidad no puede ser borrada del recuerdo popular y de la conciencia histórica, aunque quieran otros que así sea, porque una sociedad preñada de injusticias, henchida del dolor y la ignominia a que son sometidas las clases populares, tiene que desembocar tarde o temprano en los cambios sociales que den  al traste con tanta opresión. Los que si deben ser borrados del recuerdo popular, porque no son héroes, ni mucho menos llamarle a uno de ellos padre de la democracia, es a los enemigos de Amaury German Aristy, Bienvenido Silveira Leal-Prandy (Quien en los días gloriosos de abril 65 salvo la vida de chepa en San Francisco de Macorís porque logró salir disfrazado de sacerdote), Ulises Cerón Polanco y Virgilio Perdomo Pérez, ya que les segaron sus vidas biológicas. Esos mismos enemigos, encabezados por el expresidente Balaguer, seguido este último por una lista de sus grandes acólitos y adláteres, fueron los que asesinaron o mandaron asesinar  a los inmortales Amín Abel, Otto Morales, Orlando Martínez, Guido Gil, Caamaño y muchos otros dignos hombres y mujeres.

 

La cobardía moral de Balaguer, en su desiderátum de perpetuarse en el poder, ya que según parece quería morir siendo presidente del país aunque no lo logró, llegó al colmo de defender los intereses de inversiones extranjeras y de inversionistas criollos que explotaban -a veces de manera despiadada- a trabajadores asalariados dominicanos y haitianos migrantes y perseguir a los constitucionalistas que le hicieron el favor de aceptar su visita al país en medio del torbellino o la vorágine del 65. Su represión política -según parece- obedecía a un macabro plan sugerido a él desde fuera del país, pero además supo el Dr. Balaguer permitir que la maquinaria del crimen actuara hasta contra personas que eran sus seguidores políticos o admiradores, como fue el caso del periodista Gregorio García Castro del periódico última Hora.

 

El valor y la autenticidad revolucionaria de Amaury y de otros que cayeron en los Doce Años están registrados en la conciencia colectiva del pueblo dominicano, colocándole en dignidad en un lugar muy excelso, muy por encima de Balaguer, los trescientos individuos que se hicieron ricos que según él se hicieron millonarios en ese periodo, sus acólitos y sus adláteres. Da pena escuchar a un exmilitar constitucionalista expresándose como lo hizo en un interactivo radial hace unos días, ya que habló defendiendo el rol jugados por  militares de Los Doce Años, como si no se tratara de militares asesinos. Par diez mi señor, no pongamos lo curvo recto y lo recto curvo, porque así no puede ser tratada la verdad histórica. No quiero mencionar su nombre, fue un constitucionalista de muchos méritos y tan admirador de Rafael Tomas Fernández Domínguez que dijo que le pondría los dos nombres de él y los dos de Fernández Domínguez a uno de sus hijos que iba a nacer en el momento que hizo tal promesa.

 

Se ha dicho que un hijo de uno de los hombres fuertes del Dr. Balaguer, mientras su padre estaba del lado opuesto a los constitucionalistas, el siendo cadete era parte de un grupo que querían apoyar a estos, si así fue bien hecho por él que quería apoyar una causa noble aunque su padre no lo quisiera.  Al parecer el bando opuesto a los constitucionalistas le impediría a ese grupo de cadetes apoyar a los constitucionalistas.

Ese apoyo tal vez hubiese significado mucho para los constitucionalistas, pero más fuerte hubiese el apoyo de la base aérea Coronel José Rafael Minaya Fernández (en el 65 todavía no llevaría ese nombre) al coronel Santiago Rodríguez Echavarría.  Esa base aérea traiciono dos veces a los constitucionalistas: Prometieron apoyo que no cumplieron y luego en el Hotel Matum quisieron masacrar a Caamaño y sus hombres cercanos.  Esos hombres que traicionaron a los constitucionalistas son de una estirpe muy distinta a la de Amaury y sus hombres más cercanos que cayeron el 12 de Enero de 1972.

 

Ya es hora de que muchas calles, plazas, puentes, edificios  y parques  del país lleven los nombres Manolo Tavarez, las Hermanas Mirabal, Amaury German Aristy, Guido Gil, Amín Abel, Otto Morales, etc.  y no los nombres de extranjeros y ni tampoco los nombres de dominicanos indignos por sus acciones en el protagonismo político que han hecho sufrir tanto malestar a este pueblo. Deben ser borrados de la conciencia colectiva del dominicano los viles, los indignos, los energúmenos y crueles.

 

Deben ser olvidados aquellos que en su ejercicio político o en sus hojas de servicio, ya sea de los estamentos civiles o militares, se valieron de la sevicia para mantenerse en el ejercicio del poder. Así si es cómo podemos construir una sociedad donde impere la justicia, primero sembrando valores e inmediatamente luchando con las acciones por la justicia.

 

Solo así podremos acabar con la hegemonía del capital financiero y con el anatema del neoliberalismo y el capitalismo salvaje: salvaje para los pobres y flexible para los grandes ricos explotar a los trabajadores, pagando salarios de miseria o desahuciando.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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