Algunos aspectos sobre el miedo en el Derecho Penal

Por Gregory Castellanos Ruano

“El miedo le hace desvariar.“

(Herbert George Wells: La guerra de los mundos)

En el constreñimiento de que habla el Artículo 64 del Código Penal de la República Dominicana se genera un miedo que doblega la voluntad del constreñido.

El miedo más común que tiende a ser apreciado en el Derecho Penal es el  originado por una amenaza, pues a través de esta el agente que amenaza realiza una coacción sobre otra persona: las amenazas son coacciones: los Artículos 305, 306, 307, 308, 309, 400, Párrafos I y II, y 436 del Código Penal sobre las amenazas y sobre la extorsión y el chantaje son ilustrativos al respecto:

“Art. 305.- (Modificado Ley No. 64 de 1924) La amenaza que, por escrito anónimo o firmado, se haga de asesinar, envenenar, atentar de una manera cualquiera, contra un individuo, se castigará con la detención, cuando la pena señalada al delito consumado sea la de treinta años de trabajos públicos, o trabajos públicos siempre que a dicha amenaza acompañe la circunstancia de haberse hecho el depósito o la entrega de alguna suma en determinado lugar, o el cumplimiento de alguna condición cualquiera.  Al culpable se le podrá privar de los derechos mencionado en el  artículo 42 del presente Código, durante un año a lo menos y cinco a lo más.“

“Art. 306.- Cuando la amenaza no se acompañare de la circunstancia de haberse hecho exigiendo el depósito o la entrega de alguna suma en determinado lugar, o de cumplir una condición cualquiera, la pena será de prisión correccional de uno a dos años. En este caso, así como en el anterior, se podrá sujetar a los culpables a la vigilancia de la alta policía.“

“Art. 307.- Siempre que la amenaza se haga verbalmente, y que del mismo modo se exija dinero o se imponga condición, la pena será de seis meses a un año de prisión y multa de veinticinco a cien pesos. En este caso, como en los anteriores artículos, se sujetará al culpable a la vigilancia de la alta policía.“

“Art. 308.- La amenaza, por escrito o verbal, de cometer violencia o vías de hecho no previstas en el artículo 305, si la amenaza hubiere sido hecha con orden o bajo condición, se castigará con prisión de seis a tres meses y multa de cinco a veinte pesos, o a una de las dos solamente.“

“Art. 309.- (Modificado por la Ley No. 24-97, del 28 de enero de 1997, GO No. 9945) El que voluntariamente infiere heridas, diere golpes, cometiere actos de violencia o vías de hecho, si de ellos resultare al agraviado(a) una enfermedad o imposibilidad de dedicarse al trabajo durante más de veinte días, será castigado(a) con la pena de prisión de seis meses  o dos años, y multa de quinientos a cinco mil pesos. Podrá además condenársele a la privación de los derechos mencionados en el Artículo 42, durante un año a lo menos, y cinco a lo más. Cuando las violencias arriba expresadas hayan producido mutilación, amputación o privación del uso de un miembro, pérdida de la vista, de un ojo, u otras discapacidades, se impondrá al culpable  la pena de reclusión. Si las heridas o los golpes inferidos voluntariamente han ocasionado la muerte del agraviado (a), la pena será reclusión, aún cuando la intención del agresor (a) no haya sido causar la muerte de aquél.“

“Art. 400.- (Modificado Ley No. 461 de 1941). El que hubiere arrancado por fuerza, violencia o constreñimiento, la firma o la entrega de un escrito, acto, título o documento cualquiera que contenga u opere obligación, disposición o descargo, será castigado con la pena de tres a diez años de trabajos públicos. El que por medio de amenaza escrita o verbal de revelación o imputación difamatoria haya arrancado o intentado arrancar la entrega de fondos o valores o la firma o entrega de los escritos antes enumerados, será castigado con la pena de reclusión y multa de doscientos a quinientos pesos. …“

“Art. 436.- Los que amenazaren incendiar una vivienda, o cualquier otra propiedad, sufrirán las penas impuestas por los artículos 305, 306 y 307 de este Código a los que se hacen reos de amenaza de asesinato.“

 

Pero el miedo también puede provenir de una circunstancia que no resulta de una amenaza verbal o escrita (= amenaza penal) realizada por una persona a otra persona; por ejemplo: la trabajadora o empleada doméstica de una casa está limpiando esta, en un momento específico se sube sobre una banqueta inestable por estar coja, para limpiar el vidrio de un mostrador o estante de mujer (la dueña de la casa), la trabajadora pierde el equilibrio y en su caída provoca que el vidrio del espejo le caiga sobre las piernas causándole serias heridas;  sus lamentos son escuchados por un estudiante a quien la dueña de la casa le había alquilado una habitación; el estudiante acude a ver qué origina los lamentos (“¡Ay! ¡Ay!“) y ve aquella escena: el estudiante no resiste ver la escena de sangre, se descompone, se desestabiliza, al ver aquello: dicha escena lo llena de miedo, de terror; es demasiado para él ver las heridas sufridas por la doméstica, además no sabe lidiar con semejante situación, y cree fundadamente que si acaso pudiera acercársele para intentar ayudarla, lejos de proporcionarle ayuda la dañaría más, por lo que nublado su pensamiento por el miedo sale espantado y en esa salida procura a otras personas para que ayuden a la herida. Casos parecidos a este conectan con una omisión directa de auxilio.

Otro caso en el que el miedo proviene de otro origen: un hombre espera darle un susto a un pariente suyo, a quien espera hasta altas horas de la noche en la casa de éste; cuando el a asustar llega a su casa en la madrugada, tras cerrar la puerta, se encuentra con un ser horroroso del que emana un rugido, lo que da lugar a que el a asustar, ya asustado, producto del miedo hala su arma de fuego y le descerraja varios disparos a quien luego descubre era tan sólo el pariente suyo que evidentemente sólo quería causarle el susto.

El miedo también puede originarse en una situación que proviene de la naturaleza, por ejemplo: en un terremoto o en un aluvión o en una inundación, etc., un aterrorizado con alguna de estas situaciones tiende a salvarse llevándose de encuentro y por ello causando golpes y heridas y hasta aplastando personas.

En el robo famélico del pan: hay un miedo a morir de hambre; pero a este caso se le encuadra en el Estado de Necesidad justificante debido a que el bien jurídico sacrificado (la propiedad del pan) es de menor entidad que la vida de aquél que comete el robo. Es decir, por ello no se le trata como causa de inculpabilidad o inexigibilidad de otra conducta, sino como causa justificante.

En la `tabla con capacidad para uno solo` (tábula uniux capax): el miedo a morir ahogado lleva a uno de los náufragos a matar al otro náufrago para salvarse él a través de quedarse con la tabla flotante (Estado de Necesidad inculpable o Estado de Necesidad disculpante).

El Código Penal Alemán en su Artículo 33 prevé el miedo como causa que excluye la penalidad en el caso de un exceso de defensa generado por el miedo:

“§ 33. Exceso en la defensa necesaria. Si el autor excede los límites de la defensa necesaria por turbación, miedo o temor, no será penado”

Cada una de esas causas es tan potente que logra causar un miedo que lleva a una persona a actuar de una manera antijurídica (salvo en el robo famélico que, reiteramos, se encuadra en el Estado de Necesidad justificante), pero a dicho agente que actúa bajo esa situación de miedo se le considera inculpable, esto es, no reprochable porque no se le puede exigir otra conducta, y, por ende, se le considera no punible por el acto que ha cometido.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

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