Algunos aportes del suroeste, y los descuidos gubernamentales

Por Maximo Sanchez

Cuando nuestros pies descalzos molestaban las piedras y los baches de las calles del municipio de Enriquillo, allá por la década de 1960, existía una planta de generación eléctrica que entraba a las 6:00 de la tarde y la apagaban a las 11: p.m.; suponemos que había sido instalada durante los últimos años de la dictadura de Trujillo.

Hoy, Enriquillo exhibe unos altísimos generadores eólicos que, si Don Quijote y Sancho decidieran cabalgar de nuevo, no podemos imaginar la semejanza que inventaría El Manco de Lepanto, don Miguel Cervantes, para estos tiestos mecánicos. Los parques de generación eléctrica de Enriquillo y Juancho se mantienen produciendo cientos de megavatios para la industria eléctrica.

La región de las provincias de Barahona y Pedernales en los años que aludimos, se distinguía por una producción agrícola abundante, para la industria nacional, así como para la exportación; Pedernales producía maní, para aceite comestible y algodón para la industria textil; además, todavía se deforestaba el bosque seco, con el indiscriminado corte del guayacán, para los durmientes de las vías férreas de los ingenios azucareros.

En Pedernales la explotación minera había entrado en boga, con las operaciones de la Alcoa y la explotación de la bauxita, y la producción agrícola de variedades comestibles, era abundante en la zona; habichuela, yautía, plátanos, y el guineo barril que, así como en las serranías de Enriquillo y Polo, también era silvestre en las lomas de Mencía y Aguas Negras en Pedernales.

Barahona venía a contribuir sustancialmente a la economía nacional, con la producción de café, azúcar, sal y yeso, y los plátanos barahoneros hechos famosos por los pregoneros de las diferentes ciudades del país. Desde las bajas estribaciones de la Sierra del Bahoruco en Enriquillo, hasta las frías copas de las montañas de Polo, se producía, y se produce aún, el mejor grano aromático para el buen café del mundo.

Azua y San Juan de la Maguana, hicieron y hacen hoy día, una enorme contribución a la economía nacional; de Azua se decía que, su aridez era tal, que en sus poblaciones se pasaba hambre; se hacía el chiste de que los perros realengos tenían que recostarse a una pared para ladrar.

Esto era un mero chiste del humor del dominicano; pues la cercanía de Azua a las demás provincias del suroeste, les proporcionaba a los azuanos lo que necesitaban para el sustento; además, los municipios de Padre las Casas y Peralta, tienen tierras frescas y productivas, que no manifiestan la aridez de las lomas colindantes entre Azua y San José de Ocoa, o entre ésta y Barahona.

La realidad económica de Azua cambió completamente con la construcción del canal de riego Isura que, vino a permitir a los azuanos convertir en tierras fértiles sus llanuras; ahora las mismas muestran extensas plantaciones de plátanos y bananos, además de un sin número de productos de ciclo corto.

De San Juan de la Maguana, más conocido como “el granero del sur” no es necesario decir muchas cosas; ¿qué haríamos los dominicanos, si no tuviéramos su producción de las diferentes variedades de habichuelas? San Juan ha venido alimentando a nuestra población, desde que sus productos pudieron salir a las carreteras; y de eso hace ya mucho tiempo. San Juan de la Maguana significa, tierras fértiles, aguas frescas, y personas emprendedoras y trabajadoras.

Esas provincias del suroeste, han contribuido sustancialmente a la producción de bienes para el sustento del pueblo dominicano; y esto ha sido posible sin grandes inversiones del gobierno central, solo con el sacrificio y deseo de superación de los habitantes de la región.

Hasta este momento, las inversiones en las tierras del suroeste han quedada inconclusas; comencemos por el canal Nizaito, emprendido por uno de los gobiernos del Dr. Balaguer; su objetivo era irrigar las tierras de la llanura del valle de Juancho, colindantes con los municipios de Oviedo y Enriquillo; a ese canal nunca se le construyeron las obras conexas para la irrigación; contrario a una seria continuación de política de Estado, a ese respecto lo que hemos tenido es una locura tecnológica desconocida por nuestros hombres de campo que nunca ha funcionado.

Algo por el estilo, amenaza la presa de Monte Grande; toda esa inversión de recursos, sería inútil si no se completan las obras necesarias para utilizar las aguas de esta presa en el regadío de las tierras de las poblaciones confluyentes río abajo.

Las carreteras que penetran el suroeste, debieron ser soluciones de transporte con miras a 50 años en el futuro de estas comunidades; pero lamentablemente, el inmediatismo gubernamental dominicano, ha sido incapaz de mirarlo de ese modo.

La carretera Santo Domingo-Barahona, que como sabemos cruza 4 provincias antes de llegar a esta última, su construcción nunca obedeció a un proyecto integral; se ha venido construyendo por tramos que, muchas veces hay que volver a reconstruir dependiendo de los empresarios de la construcción del gobierno de turno.

Ahora se le están construyendo las circunvalaciones, tratando de agilizar el tránsito que frenan los centros de las ciudades; pero, con la permisividad de conveniencia política dominicana, muy pronto veremos los negocios inundar las áreas de estos tramos, y a estas soluciones sucumbir; sabemos de lo hablamos, porque hemos contemplado muchas veces, el dueño de un cuchitril, hoyar la carretera, o levantar un “policía acostado” para que los viajeros se detengan a usar su negocio, y el desvergonzado sigue sonriente y sin castigo.

Las ilusiones del desarrollo turístico del suroeste, no deben desanimar la intensa producción agrícola e industrial de las provincias del suroeste; todo puede suceder de manera paralela; podemos aumentar nuestro desarrollo empresarial agrícola e industrial, sin frenar la industria sin chimenea.

Con orden, respeto a las normas, y buenas riendas gobernantes, podemos encaminarnos a un futuro luminoso para nuestras comunidades.

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