Algunas causas de la descomposición social y política dominicana

Por Emanuel Melo Cuello jueves 7 de diciembre, 2017

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Emanuel Melo Cuello

Ambición, Deseo intenso e impetuoso de conseguir una cosa difícil de lograr, especialmente riqueza, poder o fama.  Sin embargo, debe existir un límite para que esa ambición no se convierta en algo desfavorable o peligroso. Cuando el deseo es tan fuerte que la persona está dispuesta a violar todas las normas éticas, morales o legales para concretarlo, esta se vuelve riesgosa, ya que puede perjudicar a la propia persona o a terceros de forma dramática e incalculable.  La ambición se considera como saludable cuando promueve la acción y el desarrollo de proyectos en buena lid.

Iniciamos nuestro comentario con esta definición y reflexión, porque es la base de la descomposición socio-política que estamos viviendo en el país.  Un deseo desmedido por lograr riquezas imposibles de conseguirlas con el esfuerzo honesto del trabajo.

Obtención del poder, en todas sus formas (económico, político, social, empresarial, cultural, estudiantil, etc.) o de mantenerlo sin darle cabida a nadie que no sea de tu entorno directo, son las acciones que vemos a diario, leemos en los medios de comunicación y prensa, comentan todos en las redes sociales, y yo pregunto ¿Qué estamos haciendo los que repudiamos estas acciones que nos dividen como ciudadanos o como nación?, ¿es tan difícil aceptar el triunfo o progreso ajeno? ¿No es posible colaborar con quien tiene buenas intenciones para el desarrollo e integración de la patria? O es que acaso ¿es más importante imponer solo lo que me favorezca o me realce a mí y solo a mí? ¿En verdad, que tanto te interesa nuestro país?

República Dominicana está siendo encasillada a base de rumores, descrédito y algunas verdades, realizado por competidores de otras naciones y grupos interesados en desestabilizar el Estado, dentro de los países con más alto índice de inseguridad ciudadana, bajo índice de educación, poca transparencia para la inversión, alta tasa de mortalidad violenta (accidentes, asesinatos, etc.), acusaciones de xenofobia o racismo, solo por defender nuestro derecho de ser un nación libre y soberana de realizar y aplicar sus políticas constitucionales; hasta campañas contra la libre competitividad en quehaceres tales como la medicina, manufactura, acciones empresariales o turismo.

Desglosando brevemente algunos de estos aspectos, un punto muy importante para el desequilibrio social e institucional, es el ingreso económico de la clase trabajadora que depende de un salario mensual para cubrir sus necesidades básicas.

Atendiendo a que el 75% de esta población laboral (pública o privada) recibe un salario muy por debajo de la canasta familiar, situada esta sobre los RD$29,500.00, sin contar los servicios como: vivienda, energía eléctrica, comunicación, transporte, educación y vestimenta.  Donde tres cuartas partes de la población dominicana es pobre o vive precariamente.  Esto crea un malestar que lleva a sus integrantes a pensar en delinquir por creer que es la única forma de conseguir sustento, copiando o influenciados por falsos ídolos que ven a diario en películas, novelas y hasta en la vida real, debido a la perdida de los buenos valores que antes se enseñaban en el hogar.  (Este es un tema tan profundo y amplio que merece un artículo solo para hablar de él)

Si nos vamos a las altas esferas del empresariado privado, la competitividad es más feroz.  Grandes ganancias para los dueños y accionistas, pero nada para su clase obrera que les ayuda a conseguir estas riquezas.  A pesar de la aprobación de políticas para el mejoramiento de los salarios mínimos a nivel privado, los empresarios se reúsan a acatar estas disposiciones, indicando que sus ganancias no serían tales y que no pueden sacrificar sus capitales. ¿Y entonces?, estos mismos que exigen la diafanidad y pulcritud del gobierno, la competitividad leal y pareja de sus competidores, son los mismos que incumplen no solo con el tema salarial, si no con otros que bordean la corrupción privada, pero de esto nadie dice nada.

Viendo el panorama en el sector laboral público,  tenemos alrededor de diez años que no se experimenta un aumento general de salarios y la devaluación de nuestra moneda avanzando.  No obstante, se han contemplado aumentos por especialización, como lo son el sector salud, militar y el sector magisterial, pero las áreas administrativas ya sean centralizadas o descentralizadas no han visto a linda, mientras se incrementan todos los servicios anualmente y la inflación, aunque lenta, es constante.

El dolo público es lo que más reacciones adversas han generado en el último lustro.  Constantes episodios de acusaciones de malversación de los fondos en diversas instituciones del Estado, han levantado la voz de la ciudadanía, creando nuevos movimientos reaccionarios a la corrupción que declaran existe en nuestros estamentos públicos, pero solo culpan a un sector, llegando incluso a interactuar y promover a otros que cargan la misma cruz que a los que acusan. Con esto no defendemos a nadie, solo que se debe ser coherente al momento de hacer reclamos, sabiendo que hemos tenido personajes e instituciones partidarias que han manejado la cosa pública y poseen expedientes y/o acusaciones como las realizadas en estos tiempos a las actuales autoridades.

Esta parcialidad de los acusadores, les ha ganado el descredito a una intención que pudiera ser mejor si no se hubiese elegido villano favorito y encubrir a otros, promoviéndolos incluso a que sean sucesores y contendores al poder o que regresen los mismos inculpados del pasado, con tanta o más cola que sus acusados actuales.

Refiriéndonos al tema haitiano, porque es muy importante mencionar algo de este tema,  este año (más que otros) hemos visto a muchas personas preocupadas por las invasiones furtivas por nuestra seudo frontera (ya que no hay división visible en muchos puntos de la misma y es vulnerable por carecer de vigilancia efectiva) las injerencias de naciones extranjeras que desean imponer un patriarcado que no nos corresponde ni deseamos.  Otros desean que aceptemos leyes y políticas contrarias a nuestra constitución.

Nuestra oposición es a la ilegalidad del extranjero (llámese haitiano, venezolano, asiático, etc.), donde tenemos algo más de una quinta parte de la población general que ha ingresado desde Haití y de esos solo tenemos identificados un diez por ciento.

Por este tema en particular nos tildan xenofóbicos y racistas, y que muchos que desconocen nuestra historia pasada y reciente, en la que fuimos invadidos y oprimidos por nuestros vecinos por más de 20 años, logrando conseguir nuestra independencia y convertirnos en la Republica Dominicana que somos hoy y sobre la historia reciente, siendo nosotros la nación más solidaria con estos mismos vecinos que nos oprimieron, que profesan un descontento contra nuestro país, al cual no respetan.  Con quienes no compartimos creencias religiosas, estilos de vida, costumbres, idioma, y a pesar de todo esto, siempre hemos dado apoyo, los aceptamos, les damos trabajo, contribuimos a la reestructuración de su país, y muchas cosas más. (También este es un tema a desarrollar ampliamente en otro artículo exclusivo sobre el tema haitiano).

La paciencia de nuestro pueblo ha sido estoica, pero todo tiene un límite y de seguir las cosas como van, ese límite puede llegar a su quiebre.  Solo pido que nos detengamos todos (sociedad civil, funcionarios públicos y privados, el Estado en general) a analizar las posibles soluciones que tenemos a estos problemas que nos atañen a TODOS y aportemos nuestro granito de arena, consignando siempre buenos valores éticos y morales, fomentando la fraternidad que nos ha caracterizado, para la creación de una nueva nación, donde tus descendientes y los míos se sientan nuevamente orgullosos de ser Dominicanos, que volvamos a ser una comunidad con buenas acciones cívicas, pulcras, de tal forma que los que vivan en la diáspora sientan ese nacionalismo que nos hace fuertes y tanto nos hace falta.

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