¡Algo huele mal…!

Por Francisco S. Cruz

La pasada campaña electoral -2020- dejó, como nunca, un vaho a degradación social y política que, ni siquiera, en los 12 años de Balaguer (con la Banda colorá -un cuerpo parapolicial-militar con vínculos y tentáculos de poder anclados desde el Estado para acometer crímenes y diezmar oposición contestataria-). Sin embargo, lo de ahora, en su expresión y dinámica, no tiene punto de comparación pues no persigue per se, hasta ahora, acallar voces contestarías o de desafectos, sino airear tratativas y contubernios propios de la “cosa nostra” en tiempos de redes sociales que es, en parte, el escenario donde hoy se diputa el poder -o parte (“El fin del Poder”)- y explayar toda suerte de bajos instintos, anonimato, exhibicionismo y ciber-delincuencia.

Es una realidad espantosa -por lo demonios y peligros que anima y recrea- que política y economía han asaltado por el potencial mercado universal que mueve y promueve: consumidores de noticias falsas (diseñadas para crear percepción pública artificiosa), autopista para el engaño y manipulación mediática masiva para uso político-electoral, comercial y banalización de la aldea que es hoy el mundo.

Sabíamos que, históricamente, Gobiernos y partidos -sin importa matiz político-ideológico u geográfico-cultural- han dado cabida, en diferentes coyunturas, a personeros o bandas de ese submundo antes rupestre -sobre todo, en el período 1966-78-, pero en nuestra política vernácula jamás se había visto semejantes especímenes aflorando, con tanta virulencia y presencia mediática, y menos poniendo al desnudo tratativas y exigencias adornadas con distintiva jerga soez y sin miedo alguno.

El tufo venía oliendo hacia rato, pero le faltaba, del todo, el “aparato” político, los intermediarios; o quizás, los actores sociopolíticos dispuestos a entrar en tratativas lo que parece se cerró en la pasada campaña.

Algunos percibimos -y lo escribimos- como iba subiendo el vaho (en el contexto de la campaña y del coronavirus), la penetración y sus pretensiones -post elecciones municipales febrero-2020- que ya no era sólo la expresión-búsqueda de boato o coto rentable, sino de algo más decisorio y ostensible: poder.

Ahora, el “aparato” que se atrevió a llegar tan lejos tras la búsqueda del poder, no encuentra cómo ignorar exigencias y desafíos o, cómo hacerse el desentendido cuando ya se pronuncian nombres y los llamados fallidos a números que ya no responden quizás porque lo que se quiere y exige es cuota en los poderes públicos o patente de corso.

Y que sepamos, nadie -ningún ciudadano- votó, el pasado año -2020-, por la impostura de semejante degradación social y política. Ojalá estemos a tiempo para ahogar-apagar el vertedero-amenaza. Porque ahora, todos sabemos o percibimos: Gobierno, prensa, partidos y sociedad que algo hiede; y mucho…. (¡Que nadie alegue ignorancia!).

Por Francisco S. Cruz

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