Al Presidente ya no se le Pone la Cara Roja

Por Francisco Rafael Guzmán miércoles 15 de enero, 2020

A mí me llama un poco la atención el hecho de que al presidente ya no se le pone la cara roja. En tiempo atrás, según parece, al presidente le ocurría lo contrario, en una ocasión su cara se vio roja. Evidentemente, tenía motivos para estar sometido a un fuerte stress, como debiera estarlo ahora.

Sin embargo, ahora no pasa así, ya que la tez del presidente luce con un color natural, solo que se ven signos de envejecimiento como nos pasa a todos los seres, sobre todo si somos adultos mayores. ¿Qué le pasa al presidente, si en las actuales circunstancias no se ve sometido a cambios en su piel como consecuencias del stress? En años atrás llegamos a ver en el presidente que la cara se le puso roja, recuerda el autor que las circunstancias que  vivía en esa breve coyuntura era un poco difícil para el jefe de Estado dominicano, pero no recuerda el autor exactamente cuál fue el problema.

Un jefe de Estado maneja muchos conflictos y a una persona que le de mucha importancia a los valores morales, al manejar los asuntos de Estado, debe de alguna manera manifestar signos de stress. Sin embargo, los que aspiran a montarse en el leviatán (monstruo de la mitología, con el que Tomás Hobbes -autor de la obra: El Leviatán- compara al Estado al ser la corporación que regula y administra a la sociedad en general) deben saber que manejar los conflictos sociales implica saber golpear o perjudicar a un sector y beneficiar a otros. Mientras el Estado exista en la sociedad será así, porque el surgimiento de este ha sido la expresión de la existencia de desigualdades en la sociedad, ha sido la expresión de la división social del trabajado en la sociedad. Un buen estadista lo que debe es saber manejar, controlándolo, el conflicto social. Hace unos días, el autor de este artículo hablaba con una dama que es funcionaria en la UASD,  la cual ella llegó a decirle: El conflicto va existir siempre. Debe quien escribe decir que creyó y cree que estaba frente a una dama con vocación de dirigir los asuntos públicos.

Ahora bien, lo que aplica para el caso de Danilo, es que el no dirige el Estado desde la perspectiva de reducir el conflicto, sino más bien de agravarlo. En los inicios de su gobierno, muy en los inicios, quiso aparentar que no quería agravar los conflictos. El hecho de casi no hablar podía hacer parecer que no quería agravar los conflictos.

Sin embargo, lo que debe ser que obedecía a una deficiencia como orador,  ya que no es un buen orador. Hoy en día se ve a un presidente que se presenta como alguien nada humilde o por lo menos nada mesurado, lo que quedó más evidenciado que nunca cuando se expresó previo a la realización de las primarias del  PLD del domingo 5 de octubre.

Se exhibió con toda la inmodestia, lo que en vez de dar una solución al problema del partido gobernante lo que hizo fue provocar la disensión al interno de dicha organización política. Esto y el rol jugado por la Junta Central Electoral en la celebración de las primarias del Partido de la Liberación Dominicana, por lo visto controlada dicha junta por el clan del palacio nacional,  trajeron como consecuencia la ruptura del grupo disidente de Leonel Fernández y al final la formación de la agrupación política Fuerza del Pueblo.

El Presidente actúa como si él fuera un titiritero y Gonzalo Castillo fuera un títere y los demás candidatos del PLD fueran unos títeres manejados por él, como si las elecciones municipales, congresuales o nacionales fueran obras teatrales de un teatro de marioneta. Actúa el jefe de Estado como si fuera el jefe de campaña del candidato Gonzalo Castillo, parece haber poca o ninguna mesura en esto. Ha dicho el presidente que el que lleve más gentes a votar es el que gana las elecciones y habla de que van a votar en las elecciones municipales -según las estadísticas- son el 50 %, lo que según él representa el voto duro de los partidos políticos. Actúa como un candidato (pero no lo es) o como el jefe de campaña de un candidato.

Es posible, aunque nadie puede decir qué es lo que va a pasar aquí en nuestro país, con elecciones separadas, organizadas por una Junta Central Electoral tan cuestionada, pese a que últimamente los medios radiales, y quizás televisivos y escritos  -en una cuota significativa-  tienen comunicadores que forman parte del poder mediático que ahora favorece a La Junta. Sin embargo, ese organismo perdió la credibilidad que tenía. El presidente de ese organismo comicial luce ser una persona carente de carácter y los demás miembros lucen como si vivieran en un estado de incertidumbre. Están como el que piensa yo no sé o no sabía en lo que me había metido.

El PRM y su candidato tienen una actitud como dubitativa o ambivalente con respecto al cuestionamiento a la Junta, se sienten los menos afectados, pero se olvidan de que el poder puede aplastarlos y no dejar que ganen las elecciones. Se olvidan de que al presidente ya no se le pone  la cara roja.

No sé si todos los escrúpulos se perdieron, no tiene el autor que ser juez de toda la vida de ninguna persona y de ningún grupo de personas, pero la vida pública y el rol que juega un funcionario público eso sí que importa, porque eso puede afectar a muchos seres humanos. No soy del Opus Dei ni comparto la prédica moral de esa organización ni la creo digna. Condenar a muchos seres humanos a vivir en la ignominia o someter a los trabajadores a la superexplotación de la fuerza de trabajo pagándoles salarios  muy bajos sus empleadores sin que el Estado intervenga , condenarlos a la indigencia  como si fueran nefandos sin serlos, eso es ser indigno.  Debe ser execrable el jefe de Estado que así actúa.

El presidente y todos los candidatos deben prestarle atención a las sugerencias de los obispos de la Iglesia Católica, en el sentido de que los candidatos  hagan propuestas y no se quieran presentar como mesías políticos. Muy atinadas esas sugerencias.

Por Francisco Rafael Guzmán Fernández

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