Al brinco, y lo que dijo Mujica…!

Por Francisco S. Cruz lunes 6 de febrero, 2017

A simple vista parece que el país marcha en líneas paralelas: a) la que está trazando el gobierno con énfasis en la agenda social; b) la atmosfera de marasmo e incertidumbre socio-política que enrarece un panorama social indefinido pero que puede potencializar desafíos de antaño: ley de partidos políticos y de garantías electorales que nunca se aprueban porque a la clase política le importa un comino, y encima, inseguridad ciudadana; y c) escándalo de soborno y corrupción internacional que nos salpica y nos pone en la ruta de encararla ¡ya! so pena de que, de cara al 2020, entremos –como país- al club de países gobernados por lideres caudillos-populistas con ínfulas de predestinados y de ajustacuentas, pero muy obsesionados por el poder.

Esos tres escenarios, a mi modo de ver, conforman el caldo de cultivo socio-político de una sociedad –la dominicana- que, por encima de todo, da señales inequívocas de que anhela superar el subdesarrollo histórico-estructural que padece con sus secuelas de falta de institucionalidad, actores políticos –enquistados en los “aparatos” llamados partidos políticos, sin excepción-, judiciales y fácticos corrompidos; pero, sobre todo, de una juventud atrapada entre anti-valores y escasos ejemplos de líderes inspiradores en materia de ética y transparencia.

Hace falta pues, que en el país se haga un pare –de arriba abajo- y que las instituciones públicas, cada vez mas y en mayoría, sean copadas por hombres y mujeres probos, calificados e imbuidos por el interés de servir. Y que nadie me diga que esos hombres y mujeres no existen, pues están en los partidos políticos –relegados y olvidados-, en muchas de esas instituciones públicas, ignorados e invisibilizados, en las organizaciones de profesionales, en el sector privado y en los miles y miles de ciudadanos de a pie que les duele y sufren su país; pero que en vez de ser los actores y forjadores de una nueva cultura pública, solo son espectadores impotentes del descalabro ético y social que campea -como signo equivocado de éxito y movilidad social- a cualquier precio.

Cierto que el gobierno -con el Presidente Danilo Medina a la cabeza-, están haciendo sus mayores esfuerzos para hacer avanzar la agenda social y lograr un salto socioeconómico de gran impacto a corto y mediano plazo, pero hace falta que todos nos empoderemos -de voluntad política-social- para conjurar la agenda social histórica acumulada con acciones colectivas que empujen hacia la consecución de metas y objetivos en materia de institucionalidad, transparencia y rendición cuentas y un régimen inviolable de premio y castigo en la administración pública, las instituciones privadas y en todo el entramado social del país.

Hace falta pues, que todos –gobierno y sociedad- nos pongamos de acuerdo (por ejemplo, a través de un gran pacto nacional) para encarar, sin posposiciones ni subterfugios: desarrollo socioeconómico, justicia social, corrupción pública-privada, falta de institucionalidad, reforma judicial para minimizar, entre otras falencias, la presencia de jueces políticos (a la medida de cada partido político que llega –y ha llegado- al poder) y priorizar aquellos de sólida formación jurídica-doctrinaria, insobornables, de clara vocación de servicio y de apego irrestricto -ético-profesional- a las leyes y la Constitución.

Ello así, porque ya es demasiado ostensible la degradación del ejercicio de la actividad política, de no pocos de sus líderes y, sobre todo, de muchos de sus actores profesionales o no. Por ello, hay que poner un pare ¡ahora!, y convenir con el ex presidente José –Pepe- Mujica que “A los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política”.

Corrámoslos, pues…!

 

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