Aislado en las Pascuas, entre Covid-19, Bosch y Judas Iscariote

Por José Pérez Méndez martes 21 de abril, 2020

Nos llamó la atención que el feriado de la Semana Santa fuera absorbido por la Pandemia de Covid-19, y que no pudiéramos hacer uso de ese período para visitar familiares cercanos, como es de costumbre.

 Aprovechamos el asueto obligado y aislado para disfrutar el carnaval de películas de corte religioso que presentaron diversos canales de televisión locales y extranjeros. Vimos diferentes versiones de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, y todo esto nos llamó la atención para algunas reflexiones.

 Se nos ocurrió hacer una lectura adicional del libro “Judas Iscariote, el Calumniado”, de Juan Bosch, pero esa decisión la hicimos el Viernes Santo y nos tomó unos días terminar la lectura cuidadosa de esa interesante síntesis en la que Bosch hace de abogado de la defensa de Judas.

 Estoy absolutamente convencido de que, si a Judas se le hace un juicio legal que sea, justo, oral, abierto y contradictorio, donde se le acuse de traicionar, entregar y vender al Hijo de David, con un jurado no católico, no cristiano, ni prejuiciado; y teniendo a Juan Bosch como abogado de su defensa apoyándose en su libro, sería prácticamente imposible que Judas pudiera ser encontrado culpable.

 Es increíble la cantidad de inexactitudes, imprecisiones, contradicciones y hasta invenciones que discípulos y no discípulos escribieron en sus evangelios con la deliberada intención de incriminar al Iscariote como el que traicionó, entregó y vendió al llamado hijo del hombre.

 Hay cosas que no eran necesarias decir para incriminar a Judas, ni a ningún otro, como culpable del arresto, de la condena y la crucifixión de Jesús. Por ejemplo, no era necesario que nadie lo identificara ni con besos, ni con abrazos, ni señalándole con un dedo, a los militares de Caifás porque Jesús era muy bien conocido en Jerusalén y en el entorno.

 Tampoco fue necesario que se inventaran testigos en el juicio para probar que había incurrido en Blasfemia, porque él había dicho que era el Hijo de Dios, ya que lo confesó con la frase “tú lo has dicho” con que respondió ante la pregunta de los sumos sacerdotes.

 Tal y como dijo Juan Bosch en dicho libro, el gran error de Judas fue no escribir, ni hablar de lo ocurrido y por esa razón dejó al albedrío de sus compañeros para que pudieran despacharse a sus anchas y usarlo como punta de lanza para catapultarse a la cima del poder de la naciente iglesia cristiana.

 Si a Judas solo lo hubieran acusado de haber entregado a Jesús, como él mismo había dicho que sucedería, sería más fácil aceptarlo, pero al agregarle las palabras traición y venta por 30 monedas, a los enemigos de Judas les paso lo mismo que frecuentemente le pasa a la policía que ponen cosas en sus reportes que luego no pueden probar y que resultan ser mentiras inventadas por ellos.

 Si Judas entregó a Jesús para que se cumplieran las profecías es algo que habría que aceptarlo por fe, pero no por las evidencias presentadas hasta ahora por sus acusadores. Ninguna de ellas soporta el escrutinio de la verdad y de la razón.

 Finalmente, los discípulos debieron haber pedido un juicio contra Judas acusándolo de Traición, Venta y Entrega de Jesús, y así poder demostrar como sucedió con el propio Jesús que era culpable de lo que le acusaban.

 Ahora ha aparecido un documento que de acuerdo con las pruebas de Carbono 14 data del 240 al 320 Después de Cristo, que se basa en lo que supuestamente fue el Evangelio según Judas, donde el grupo Gnóstico explica el enigma de la supuesta traición, entrega y venta de Jesús por parte de Judas el Iscariote.

 Los años por venir se encargarán de aclarar este enigma, porque si hay algo seguro es que Jesús dijo que uno de los 12 lo iba a entregar, pero no por eso tenía que ser el único no galileo y por tanto extranjero del grupo, es decir, Judas el de Cariote.

 Mientras tanto los que creen que Judas traicionó, entregó y vendió a Jesús lo tienen que aceptar por prejuicios, pero no por las evidencias presentadas por los escritores de los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y el libro Hechos de los Apóstoles de Simón Pedro.

 Por el Ing. José Pérez Méndez.

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