AIRBNB, un impulsador del mercado inmobiliario, sin ser utopía

Por Joan Feliz

Es innegable que Airbnb es uno de los modelos de negocios más exitosos y rentables de los últimos años.  Y es que desde su salida al mercado, la plataforma de Economía colaborativa que sirve para publicar y reservar alojamientos a bajo costo no ha hecho más que crecer a pasos agigantados en todo el mundo.

En República Dominicana específicamente Airbnb presenta un crecimiento anual desde el 2016 de 75% por año y se estima que el 22% de las habitaciones hoteleras en la República Dominicana para el 2019 eran alojamientos de Airbnb.

A raíz de este crecimiento invertir en inmuebles con fines de producir una rentabilidad por noche a través de los llamados Airbnb frendly, se ha vuelto muy atractivo para inversionistas.

Se estima que un host en República Dominicana genera entre 950 y 1,300 dólares al mes en esta plataforma sin los gastos administrativos; aunque esto puede variar acorde a la ubicación.

Sin embargo, dónde  radica el problema con este extraordinariamente rentable negocio: Que carece totalmente de regulación más allá de las normas de la misma plataforma.

Quizás como consumidores en ocasiones esto nos favorezca con precios más accesibles, pero a la larga esto se constituye en una competencia desleal y una falta de equidad, ya que estos alojamientos compiten contra empresas que  pagan sus impuestos, y que también tienen empleados en donde se invierte en su capacitación, por lo que realmente estos  son una fuente generadora de empleos importantes.

Sin embargo, no tienen forma de competir, aunque hay una tendencia mundial que buscar grabar con impuestos los ingresos de airbnb, al extremo de que ya son más de 100 los países, los que han implementado el cobro de impuestos a esa empresa.

Pero el punto más preocupante con relación a esta tendencia es la seguridad y si bien es cierto que Airbnb, le confieren garantías tanto al host como a él huésped, éste en realidad no dan ninguna garantía al resto de los condómines en los edificios y complejos turísticos.

Aunque la pregunta que se cae de la mata es: ¿De qué le sirve a un propietario vivir en una torre o en un complejo cerrado, privado y con un nivel significativo de seguridad si cada 2 o 3 días tiene una persona diferente entrando y saliendo en el apartamento de al lado? Es por eso que un gran número de edificios residenciales se han abocado a prohibir esta práctica en el entendido de que al momento de alquilar los anfitriones no solo alquilan sus unidades, sino que también todas las áreas comunes del edificio como, salones de actividades, gimnasios y estacionamientos. Esta situación no es única de Republica Dominicana, sino que también se viene dando en la mayoría de los países donde este modelo viene creciendo de manera constante y esto queda reflejado en algunos fallos históricos contra la plataforma, como es el caso reciente de Brasil donde cuatro jueces decidieron que “la convención del edificio tiene derecho a vetar esos usos no residenciales de un inmueble”.

Por eso es importante a la hora de tomar la decisión de adquirir un inmueble con la intención de colocarlo en Airbnb tener pleno conocimiento de las reglas y condiciones que posee dicho condominio.

Igualmente es importante dejar claro nuestra posición: No estamos en contra de esta plataforma, pero deben establecerse reglas claras para todas las partes envueltas en el negocio.

Indiscutiblemente que no se puede detener el progreso. Airbnb es una realidad y todo el que no esté consciente de ello está condenado al fracaso; pero es necesario dar ese paso hacia la evolución con reglas de juego claras y equitativas, para que de esa manera todos podamos disfrutar de sus beneficios.

Por Joan Feliz

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