Aída Cartagena Portalatín

Por Ramón Saba jueves 21 de junio, 2018

Con motivo de la celebración del primer centenario del nacimiento de esta destacadísima intelectual nuestra, acaecido en Moca el 18 de junio Moca de 1918, dedico esta publicación a su memoria. Murió el 3 de junio de 1994 en Santo Domingo, afectada por una complicación pulmonar.

Poeta, narradora, historiadora y profesora dominicana. Es la escritora nacional más polifacética, antologada y estudiada del siglo XX. En la Universidad de Santo Domingo se doctoró en Humanidades, con estudios de postgrado en Museografía y Teoría de las Artes Plásticas en la Sorbona de París.

Los frecuentes viajes a Europa, América Latina y África enriquecieron considerablemente su obra literaria y sus investigaciones en el campo de la historia del arte. Realizó investigaciones del arte negro y de los pueblos ágrafos. Frecuentó el grupo Presencia Africana y conoció a los poetas Nicolás Guillén, Leopoldo Sedad Senghor y Aimé Césaire. Se destacó como poeta del grupo literario La Poesía Sorprendida; compartiendo espacio con Franklin Mieses Burgos, Rafael Américo Henríquez, Manuel Llanes, Manuel Valerio, Freddy Gatón Arce, Manuel Rueda, Mariano Lebrón Saviñón, Antonio Fernández Spencer y José Glass Mejía; siendo ella la única mujer que se recuerde como miembro de dicho círculo poético.

En 1944 publicó Víspera del sueño, el primer cuaderno poético de ediciones del grupo en la Colección El Desvelado Solitario. En 1945 fue publicada la monografía que escribió sobre el pintor José Vela Zanetti. Durante varios años fue profesora de Historia del Arte e Historia de la Civilización en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Dirigió el Museo de Antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Fue editora-propietaria de la Colección La Isla Necesaria, en cuyas portadas fueron ilustradas con sus viñetas junto a las de Eugenio Fernández Granell. Trabajó como consejera de la UNESCO en Francia y formó parte del jurado del Premio de Casa de las Américas, en Cuba. Creó las revistas Brigadas Dominicanas y Baluarte. Publicó versos breves en La Poesía Sorprendida. Fue profesora de arte, arte colonial e historia de la civilización en la Autónoma y co directora y fundadora de La Isla Necesaria y creadora directora de la Colección Montesinos. Dirigió el boletín de la facultad de Humanidades de la UASD, donde fue, además, editora de Anales, órgano de esa academia.

 

Luego del ajusticiamiento de Rafael Leonidas Trujillo Molina, dirigió los cuadernos literarios Brigadas Dominicanas de Cultura y la Revista de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Publicó dos libros como resultado de las investigaciones en el campo de la antropología: Dos técnicas, cerámicas indoantillanas.

Diagnóstico de origen de los yacimientos de las Antillas Mayores, en el que aparecen fotografías tomadas por ella entre 1963 y 1968, y Estudio Etnológico, remanentes negros en el culto del Espíritu Santo de Villa Mella, en el cual aparecieron sus fotografías de los instrumentos de percusión, de los bailes, de los altares y de los Jefes de Los Congos. Fue Encargada del Departamento para Asuntos Latinoamericanos y presidió la Comisión de Estudios de Arte y Restauración.

Considerada por los más prestigiosos intelectuales dominicanos como la más importante poeta dominicana del denominado Siglo de Oro de las letras dominicanas, Aída Cartagena logró levantar e imponer enérgicamente su voz en un medio literario predominantemente masculino, reivindicando el interés en la poética de trascendencia de las mujeres dominicanas y abriendo para las escritoras criollas de la nueva generación, un camino en donde las poetisas son vistas con menor rechazo, más atención y mucho más respeto. En 1969, su novela Escalera para Electra fue finalista del Premio Biblioteca Breve Editorial Seix Barral; en el 2005 se le dedicó la VIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo y en el sector La Castellana de Santo Domingo, hay una calle que lleva su nombre.

En su haber escritural se recogen una gran cantidad de títulos y géneros, literarios, que enumeraré a continuación. Poesía: Víspera del sueño; Del sueño al mundo; Mi mundo el mar; Una mujer está sola; “La voz desatada; La tierra escrita; Yania tierra; En la casa del tiempo  e Infancia en el recuerdo. Relato breve: Tablero. Novela: Escalera para Electra y La tarde en que murió Estefanía. Ensayo: Danza, música e instrumentos de los indios de la Española; Culturas africanas: rebeldes sin causa y Ensayos de Isla Abierta.

Recuerdo haber escuchado a la poeta y gestora cultural Taty Hernández decirme que Aída Cartagena Portalatín es la escritora dominicana más importante que ha parido nuestra tierra insular.

Por otro lado, la ensayista y catedrática Doris Melo asegura que Aída Cartagena Portalatín fue una mujer adelantada para su época, pues es considerada en el ámbito de las mujeres escritoras caribeñas como una feminista en potencia a pesar de pertenecer a tiempos anteriores a esos movimientos en la literatura.

Finalmente, el escritor, investigador y bibliógrafo Miguel Collado confiesa que conocíó personalmente a Aída Cartagena Portalatín y sostiene que ella es la más importante poeta dominicana del denominado Siglo de Oro de las letras dominicanas. La Salomé Ureña del Siglo XX.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS con el poema más emblemático de Aída Cartagena Portalatín:

Una Mujer está Sola

Una mujer está sola. Sola con su estatura.
Con los ojos abiertos. Con los brazos abiertos.
Con el corazón abierto como un silencio ancho.
Espera en la desesperada y desesperante noche
sin perder la esperanza.
Piensa que está en el bajel almirante
con la luz más triste de la creación
Ya izó velas y se dejó llevar por el viento del Norte
con la figura acelerada ante los ojos del amor.
Una mujer está sola. Sujetando con sus sueños sus sueños,
los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.

Seria y callada frente al mundo que es una piedra humana,
móvil, a la deriva, perdido el sentido
de la palabra propia, de su palabra inútil.
Una mujer está sola. Piensa que ahora todo es nada
y nadie dice nada de la fiesta o el luto
de la sangre que salta, de la sangre que corre,
de la sangre que gesta o muere en la muerte.
Nadie se adelanta ofreciéndole un traje
para vestir una voz que desnuda solloza deletreándose.
Una mujer está sola. Siente, y su verdad se ahoga
en pensamientos que traducen lo hermoso de la rosa,
de la estrella, del amor, del hombre y de Dios.

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