Ahora es el turno de China

Por Nelson J Medina miércoles 1 de mayo, 2019

Desde el año 2014, la República Popular de China se ha convertido en el nuevo imperio que rige la economía mundial. En tal sentido, ha sido un ejemplo de desarrollo en distintas áreas, especialmente para todo el Continente Asiático. Creando así, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, institución que logra despojarle protagonismo al Banco Mundial, en gran parte del planeta. No obstante, todavía queda un largo camino por recorrer en  relevantes temas, tales como: protección medioambiental, desigualdad social y respeto por los Derechos Humanos.

Actualmente, países de América Latina como Panamá, Argentina, México, Cuba, Venezuela, República Dominicana entre otros, han ingresado a la lista de nuevos socios diplomáticos y comerciales con el dragón asiático. De modo que, esto no solo abre las puertas a una masificación de los bienes y servicios que pueden exportar estos países hacia China, y viceversa. Sino que además, le otorga a éste último cierta influencia por todo el del hemisferio occidental.

Asimismo, China ha manifestado continuamente a través de su gobierno,  el respaldo a los países de Latinoamérica. Específicamente, a los que se encuentran en vías de desarrollo; para la capacitación, el intercambio educativo y cultural, la promoción de avances científicos y tecnológicos, y además, la independencia económica y financiera de los mismos, de una manera más desinteresada que otras potencias.

Pero, todo esto, parece llegar a largo plazo, pese al desaceleramiento en su crecimiento económico que ha tenido China desde año 2017. Esto se debe en parte, a la guerra comercial con la que lidia la nación asiática junto con Estados Unidos, que desde la llegada a la Casa Blanca de un nuevo gobierno en ese año, ha impuesto medidas arancelarias de un 25 y 10 por ciento, sobre productos de consumo masivo, como por ejemplo: el acero y el aluminio. Logrando con esto, un debilitamiento en las relaciones diplomáticas y comerciales entre ambas naciones.

Todo esto por supuesto, nos invita a reflexionar sobre cuáles serían los objetivos reales que persigue China en América. Algunos expertos afirman, que existe la posibilidad de que los chinos busquen un desplazamiento  en cuanto a negocios y recursos se refiere, por parte de países que tienen una economía que trabaja para llegar al desarrollo; como forma de ampararse ante las posiciones negativas comerciales contra China, que sostiene Estados Unidos actualmente. Es decir, recordarles a los latinoamericanos, que los chinos producen lo mismo y más que los norteamericanos, pero a costos más bajos y con tasas impositivas mucho más inferiores, lo cual hace cualquier negocio mucho más atractivo. Entre tanto, otros manifiestan, que podría suscitarse como interés de parte de China, tener una mayor fuerza en aspectos económicos, financieros, comerciales y políticos.

Por consiguiente, que la estrategia china de utilizar  el método denominado en diplomacia: “soft power”, en los países latinoamericanos, ha generado un impacto significativo para buscar alternativas que les sirva de canal para prevalecer como poderío económico ante los países del Continente Americano.

China: retos y desafíos

Que muchos países de todo el mundo hayan iniciado una mirada hacia  China como una nueva potencia alternativa, ha sido un gran logro para ese país. Pero, que China continúe firmemente invitando a esos países a desarrollar relaciones económicas de negocios, políticas y diplomáticas, será uno de los desafíos más grandes dentro de su agenda internacional. Esto se debe en gran proporción, a la  presión que ejercen desde hace décadas otras potencias con diversos países. Entre tanto, otros de los desafíos relevantes que deben agendar, será motivar a un diálogo firme a Estados Unidos, para llegar a un consenso razonable en materia diplomática y comercial.

Del mismo modo, China tiene grandes retos internos por conquistar. Dentro de ellos, se encuentra continuar una mejora notoria en cuanto a reducir los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, como medida de mitigar el cambio climático; y, un aumento salarial más digno de sus ciudadanos. Asimismo, es preciso señalar que el gobierno chino debe realizar aportes sólidos y estrictos  en aspectos de Derechos Humanos, que sean capaces de hacer prevalecer la Declaración Universal de los mismos en todas sus dimensiones.

En definitiva, China, a pesar de tener grandes retos y desafíos por alcanzar, con su apertura a la globalización y su trabajo silencioso pero constante, ha mostrado ser un país desinteresado en vivir a espaldas del mundo. Por consiguiente, adquirió potenciales capacidades geopolíticas en materia financiera, de inversión, cooperación, comercial y diplomática que avalan de forma concreta su nuevo rol como primer líder mundial.

En efecto, los avances científicos, económicos, financieros, políticos, entre otros, con que aceleradamente el gigante asiático ha superado y desplazado a otras potencias, no es más que un verdadero indicador de que ahora es el turno de China.

Por Nelson J. Medina

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