Agoniza la educación

Por Manuel Hernández Villeta

En la escuela dominicana hace falta el principio de diálogo y autoridad. Se ha perdido la aplicación de la regla de juego. El ministerio es lento en sus disposiciones; los profesores son golpeados por los alumnos y el gremio se preocupa más por los salarios que de la institucionalidad.

De por medio está la preparación de las nuevas generaciones, que se van a encargar del relevo. Un pueblo sin educación, está condenado a  vivir de rodillas, y a expensas de la minoría que conoce la importancia de la preparación académica.

En el sistema educativo público nadie plantea dialogar. El consenso es un territorio prohibido. Se quiere vivir en el salvaje oeste norteamericano, donde se imponía el que hablará más duro, el que sacaba el garrote más rápido, y tenía fuerzas de choque a su disposición.

En los 22 años que van a de este siglo 21 no es posible lograr que un país avance hacia el desarrollo, si tiene taras en torno al proceso educativo. Los malos bachilleres de hoy serán pésimos estudiantes universitarios y profesionales mediocres en el futuro.

La culpa de esa situación la tienen los maestros, y no los estudiantes. Donde hay un colectivo de estudiantes con problemas de aprendizaje, al primero que se debe llamar y supervisar es al profesor. El panorama es atormentador, a todos los niveles de la enseñanza pública.

El cuatro por ciento del presupuesto nacional para el área educativa, no ha sido una solución, sino un problema. Hoy el maestro público goza de un excelente salario y otras conquistas. Los educadores del sector privado están desertando hacia las escuelas, donde tienen mejores condiciones de trabajo.

El gremio tiene todo el derecho de realizar huelgas, paros, protestas, campamentos. La única petición válida es que no hagan esas actividades en horas escolares. Un paro  significa la pérdida total de la docencia durante una semana.

No es posible que se pare la docencia por cualquier capricho. Los maestros agremiados se olvidan que a las escuelas públicas van los más pobres del país, y los hijos de una clase media que está a la deriva. Cerrar la escuela, es evitar  que la mayor parte de los estudiantes puedan ir a las aulas.

El ministerio tiene que comprender que no todo es  ser autoritario y poner la cara fea. Hay que emprender negociaciones, diálogo y analizar a fondo las posibilidades de que se logre  entendimiento entre las partes. Por siempre han sido irreconciliables las posiciones del ministerio de Educación y la Asociación Dominicana de Profesores.

La educación dominicana está en crisis. Lo único que la puede salvar es un diálogo y una concertación profunda entre todos los sectores que accionan en el sistema. Los enfrentamientos son perjudiciales, la prepotencia tiene que ser cambiada y salvar el año escolar debe ser una prioridad. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

Por Manuel Hernández Villeta

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