Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible

Por Ernesto Jiménez viernes 28 de abril, 2017

“Hay suficiente en el mundo para las necesidades del hombre, pero no para su avaricia”. Mahatma Ghandi

El informe de 1987 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), titulado “Nuestro Futuro Común”, define “Desarrollo Sostenible” como la capacidad de las naciones de “satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de saciar sus propias necesidades”. Esta breve definición nos indica la enorme relevancia del elemento “sostenibilidad” en toda política de crecimiento económico y reducción de la pobreza, mas no nos explica la razón por la que en las últimas décadas se han redoblado los esfuerzos mundiales de concientización sobre esta materia.

El tema parte del hecho de que en los últimos 150 años, la raza humana, ha revolucionado su capacidad de producir bienes y servicios como nunca antes en miles de años de historia, lo que ha elevado la calidad de vida a niveles espectaculares e inimaginables hace apenas unas décadas. Sin embargo, los grandes logros tecnológicos y económicos de nuestra especie han llegado a un precio muy alto para la salud de los ecosistemas y demás especies del globo terráqueo y, al día de hoy, representa una temible amenaza para el futuro de todo el planeta. Por lo que, paradójicamente, se pudiera decir que el progreso del ser humano ha puesto en peligro su propio futuro.

Entonces, el reto consiste en mantener el ritmo de grandes avances económicos y tecnológicos, mediante vías de menor impacto al medio ambiente. ¡Y este es un desafío mayúsculo! Sobre todo, porque países como los de América Latina, tienen la imperiosa tarea de alcanzar altos grados de desarrollo, sometidos a reglas de sostenibilidad y sustentabilidad que las naciones avanzadas, en sus procesos históricos de crecimiento y consolidación institucional, no tuvieron que observar.

En consonancia con esta tendencia global, en septiembre del 2015 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) organizó la Cumbre de Desarrollo Sostenible, en la cual se aprobó la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. Este es un mecanismo que define 17 objetivos fundamentales con el propósito de erradicar la pobreza y el hambre, combatir las desigualdades, proteger los derechos humanos, preservar los recursos naturales y construir sociedades más justas e inclusivas para todos los pueblos del mundo.

La Agenda 2030 sirve de continuación al modelo conocido como “Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)”, al proponer metas alcanzables para reducir la pobreza y la desigualdad en plazos relativamente razonables (15 años en este caso); con la particularidad, de que además instan a todos los países, independientemente de si son de altos, bajos o medianos ingresos, a tomar medidas en favor de mayores niveles de prosperidad sin descuidar la salud del planeta.

En este sentido, en pos del éxito de la la Agenda 2030, es preciso construir un sólido entramado político-institucional que implemente y dé continuidad a estas rutas de desarrollo planificadas. A su vez, los estados deben garantizar inversiones de calidad en pilares esenciales del desarrollo como la educación, alimentación, salud y tecnología, mediante planes estratégicos que reduzcan la persistente desigualdad social que condena a millones de jóvenes de la región a la criminalidad y la pobreza.

Es innegable que el camino que sentará las bases del progreso sostenido de los países latinoamericanos es largo y difícil. Lo cual hace imprescindible que el liderazgo regional, asuma un verdadero compromiso de trabajar para superar el atraso educativo y material que históricamente han sufrido nuestros pueblos, al tiempo de preservar e inclusive mejorar, las condiciones medioambientales que permitan a sus hijos y nietos disfrutar de una vida próspera con salud y libertad.

 

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