Acciones  del Gobierno dominicano que afectan al país, su crecimiento, su imagen y su destino

Por Manuel Berges Hijo jueves 7 de diciembre, 2017

Cuando uno como yo, de tercera edad,  vota por un joven, al igual que los demás votantes jóvenes esperamos  con suma ilusión  que ese voto no se pierda, que se cree una nueva república, donde las vigentes  prácticas trujillistas que todos conocemos, sean  acabadas.

Donde realmente se haga lo que nunca se ha hecho,  y no,  que  dicha frase se haya  transformado  en hacer lo que siempre se hizo y en otros asuntos que nunca se habían hecho.

Los votantes esperábamos que se respeten las ideas no tratando de comprar  con dinero y prebendas hacia  su parcela política,  a quienes disienten.

A  que no sean  utilizados los fondos del Estado para ganar una convención política; a que el Partido de Gobierno no se financie con la ya enorme e innecesaria  nómina  estatal; cuando se ignoren actos de corrupción de los compañeros; cuando se compromete el futuro de varias generaciones financiando con préstamos internacionales el Presupuesto Nacional.

Cuando el Señor Presidente  juega a ser el Mesías, que todo lo resuelve sin enfrentar a fondo ninguno de los problemas estructurales del país, así como que también  se pretenda insustituible y la fábrica de Presidentes este solo en papeles; cuando no se enfrentan los oligopolios y monopolios; cuando los Bancos y demás instituciones financieras  y  empresas de Seguros  no son controlados y ganan enormes sumas ofreciendo servicios caros a los usuarios, desprotegiéndoles; cuando se prohíben las deportaciones de extranjeros ilegales; cuando la frontera no es vigilada como debe ser; cuando a pesar de los datos del Banco Central cada Colmado, Farmacia, Tienda o Supermercado es un muro de lamentaciones, porque el valor de nuestra moneda unida a la ambición de esos Señores está gravemente desvalorizado.

Cuando no se observa ni de cerca ni lejos,   las  debilidades extremas que  nos rodean que impiden  por la falta de  competencia, la creación de empleos de cualquier tipo y menos los de calidad.

El exceso de impuestos a que estamos sometidos, entre otros:  18% de ITBIS, y  13% de ITEBIS a la canasta familiar;  10% de Selectivo al Consumo;  30% de Telecomunicaciones;  25% de Impuesto Sobre la Renta; 25% de Ingresos Complementarios o Bonificación; 15% a Premios como Lotería, Lotos, Rifas, Etc.;     40% Combustibles; 13% en Aduanas; 1% de Impuestos a la Propiedad Inmobiliaria, para las propiedades sobre los RD$5 millones de pesos; 0.15% de Transferencias Bancarias; 2.87% a las AFP; 3.04%  a las ARS; 7% mensual (84% anual) en Tarjetas de Crédito; entre 22% – 36% en Préstamos Personales; entre 14 – 22% en Préstamos Hipotecarios, cuando la lógica económica, por el tipo de préstamo y el plazo, imputa tasas por debajo de 2 dígitos; 3% de Impuesto  sobre las Transacciones Inmobiliarias y Mobiliarias.

Se nos ha ofrecido en las últimas dos  campañas electorales,  reducir estos impuestos y ha ocurrido lo contrario.

Además, el Gobierno no quiere eliminar impuestos que afectan la estabilidad, como el cobro del 1% sobre los activos, y  el pago por adelantado del ITEBIS facturado, pero no cobrado,  y también  el denominado “Pago de Anticipo” que afecta a las PYMES y MIPYMES pues las descapitaliza;  y tampoco quiere eliminar la mayor burla al país, como lo constituyen  el denominado  Barrilito y el Cofrecito, de los legisladores, que consiste en un peso mensual por cada votante a su favor;  así como tampoco quieren reducir los altísimos salarios de los Ministros, de los cuales algunos devengan el equivalente de más de 3,000 salarios mínimos que mensualmente ascienden a  RD$2,000,000.00.

A estos impuestos abusivos, hay que agregar, que somos forzados a pagar la electricidad más cara,   a pesar de que tenemos un parque de generación con un 61% de energía barata.

Estas autoridades nos obligan a pagar la energía eléctrica más cara de la región, porque ni regulamos ni planificamos;  las decisiones se toman de manera improvisadas y politiqueras, eso, desde luego, tiene un costo económico brutal para el usuario;  los estándares de compañías internacionales que ofrecen el servicio de energía a la población, es de una hora de apagón por año, nosotros tenemos 8 horas de apagón al día y no pasa nada, en otros países de este Planeta, construir una central hidroeléctrica cuesta unos US$2,000.00 el kilowatt instalado, aquí, US$5,600 y no pasa nada, construir una central a carbón en otros países cuesta alrededor de US$1,000 a US$1,500 el KW instalado, aquí US$2,700 y nadie dice nada, ni tampoco se explica nada, ¿para qué o para quién?; tenemos que  pagar colegios privados para la educación de nuestros hijos;   si no se adquieren tinacos o se construyen  cisternas con bombas de agua, el habitante no tendrá el preciado líquido en su hogar; por igual hay que  comprar y tener generadores eléctricos o inversores y baterías, lámparas de gas y hasta velas; tenemos que contratar  guardianes privados pues gran número de las autoridades  presta sus servicios en otras áreas de la economía; nuestro Gobierno conforma un Estado gigantesco con 600,000 empleados de los cuales trabajan  unos  200,000 y el resto solo cobra;  los vehículos más caros del mundo; los restaurantes más caros de la región, los pasajes aéreos más caros, por los impuestos cargados;  carecemos de un transporte organizado y los choferes que se auto titulan “pobres padres de familia” no están s sujetos a ningún control ni supervisión, el Gobierno les tiene  miedo a que por cualquier reclamo justo o injusto,  paralicen el país; debemos pagar obligatoriamente el transporte de carga a los sindicatos al precio que imponen y utilizando  sus camiones,  pues no permiten,  en libre competencia, el uso de otros camiones;

Por otra parte, este unilateral comportamiento anti – cívico de las autoridades,  mantiene y prohíja la no competencia, al ignorar  y permitir la existencia de los oligopolios, tales como:  el de los Rones, Cervezas, Refrescos, Panes,  Cigarrillos, Baterías, Seguros, préstamos bancarios, periódicos,  productos agrícolas y cárnicos, etc., en el sentido de que los “Clusters”  de ellos,  se unen para fijar un precio único por sus productos y servicios, de manera tal,  que no hay competencia y “nadie quiebra”, en consecuencia ninguno de ellos puede aumentar su nómina salarial para crecer y competir nacional e internacionalmente con más empleados,  o mejorar la vida de los que ya estén empleados, pues si  aumentan sus gastos,  ya no puede vender al precio “pactado”  entre ellos.

Cuando decimos “el Gobierno mantiene y prohíja la no competencia”,  el ejemplo lo vemos: en los precios de los combustibles,  en el sentido de que el Gobierno impide la competencia entre los proveedores de los mismos, con tal de cobrar altos impuestos, manteniendo alto o caro el costo de producción de la agricultura y la escasa industria manufacturera.

Según la Organización Internacional del Trabajo, (OIT) el Código de Trabajo de la RD, es el más caro de América Latina, en cuanto a prestaciones laborales se refiere, e  imaginemos que el costo adicional de cualquier nómina salarial, asciende a más de un 62% mensualmente, por las horas extras, trabajos nocturnos, vacaciones, costos de maternidad,  la seguridad social, las reservas de preaviso y Cesantía, etc.

Para producir empleos Italia, Grecia, Brasil,  Argentina y España, entre otros,  modificaron su respectiva legislación laboral,  mientras que aquí se pretende absurdamente eliminar simplemente los derechos de Cesantía y no crear un beneficioso Fondo de Garantía Salarial, como existe en otros países, a título de ejemplo, que elimine las demandas contra las empresas y traiga paz a la relación laboral.

Los empresarios y los propios trabajadores deben promover  la cultura de la competencia, para evitar  erosionar  los beneficios del proceso de integración con Centro y Suramérica y no depender de los EUA, como única tabla de salvación.

Así,  visto el panorama, uno se pregunta: ¿Por qué seguimos en lo mismo?

Analizada la competencia, vemos que cuando es valorada la capacidad de una empresa para hacer negocios en nuestro amado país, vemos que la burocracia para la “Coima” y/o el soborno es la que se impone: cuando alguien quiere instalar un Casino, averigüe cuanto le piden; si desea un permiso de explotación de minas; para instalar un Banco comercial extranjero;  se sabe de uno que  cuando expuso las bajas Tasas de Interés que pretendía cobrar, de inmediato le negaron la operación; las empresas telefónicas son  víctimas de cobros indebidos para la instalación de los postes, líneas, y equipos; ¿tenemos una  percepción positiva  sobre la   confianza pública  en los políticos?; no hay asomos de corrección de la corrupción;  ¿existe mucha o poca independencia judicial?;  el favoritismo en las decisiones de las autoridades;  la menor eficiencia del gobierno en el gasto; la total inseguridad  ciudadana con exceso de crímenes y robos; una  fuerza laboral inadecuadamente educada;  altos costos laborales; el exceso de préstamos internacionales;  el peso de las regulaciones y la transparencia de las políticas.

Y si a todo lo anterior le agregamos la entrega del país y su soberanía a las  fuerzas extranjeras y muy  poderosas del Planeta Tierra, que pretenden con apoyo gubernamental  instalar una base militar en nuestro sagrado territorio, y desean que nacionalicemos millones de  haitianos con solo decir que aquí nacieron, hacen que  el país regurgite  esas lesivas acciones y  reclamemos unidos el cierre de la frontera con el más que nunca,  necesario Muro.

Esta  leve radiografía al Gobierno dominicano, desmiente las voces pagadas que permanentemente  llenan  el espectro radiofónico-televisivo  y la prensa escrita   para meternos en la cabeza que votamos bien y  que  vamos hacia adelante. ¡Cuánta tristeza siente el hasta ahora,  indefenso pueblo!

“Dominicano, hoy, se necesita sangre tipo Duarte”

 

Comenta