Abinader es hombre del gran capital

Por Francisco Rafael Guzmán

Hace más de un año, cuando la pandemia de la COVID-19 todavía no tenía muchos meses, llegué  a decir que el PRM representaba a los sectores más conscientes de la burguesía o la burguesía consciente, mientras el PLD representaba a la lumpen burguesía. En realidad, esta distinción no es tan pura. Por burguesía consciente se entiende a un sector de clase  que tiene muy claro cuáles son sus intereses, entre los burgueses que están muy claros en cuáles son sus intereses están las familias Vicini, Corripio, los Brache de Leche Rica, el grupo León Jimenes, los Abinader de la familia del Presidente, los Paliza,  el grupo del Banco Popular,   entre otros. Hay muchos burgueses que forman parte de este grupo, algunos de los cuales están vinculados a las empresas agropecuarias.

Estamos hablando de grandes millonarios, personas o familias con miles de millones de pesos invertidos en empresas industriales, agropecuarias, agroindustriales, financieras, comerciales, y empresas de servicios (telefónicas, canales de televisión, emisoras radios, hoteles y otras empresas de servicios).

Esos capitalistas son muy voraces, explotan despiadadamente los recursos naturales si no encuentran resistencia, aunque a veces quieren simular que defienden la madre naturaleza, algunas veces apadrinando áreas verdes. No vacilan estos grandes dueños de grandes capitales, dueños de miles de millones de pesos o de muchos cientos, no decenas, cien o doscientos millones de pesos en inversiones.

Debemos desde hace mucho darnos cuenta de la pérdida del valor de la moneda nacional, si se calcula el deflactor implícito de nuestro peso, lo que se compraba con un peso en 1970 hoy posiblemente vale 200 pesos o más. Una funda de Cemento Colón costaba un peso en ese año; un cuartillo de Leche Rica costa 25 centavos y hoy cuesta más de 50 pesos; la carne pollo costaba unos 35 centavos la libra hoy cuesta no menos de 70 pesos; la camisa de vestir de mangas largas (no guayaberas) que costaba 10 pesos hoy cuesta más de 2,000; el papel sanitario costa 15 centavos hoy cuesta por encima de 35 pesos. Todo esto comenzó hace mucho con el advenimiento del modelo neoliberal, el que abrió las puertas la liberalización de los precios (no controles), devaluación de la moneda frente al dólar y otras monedas extranjeras, aperturas a las importaciones y a la inversión extranjera para esta explotar mano de obra barata.

 

El gran capital local y la burguesía plenamente consciente casi siempre es dueña de grandes inversiones, cuyos intereses representa Abinader desde el poder ejecutivo del Estado, más que Danilo o Leonel, como parte de su conciencia de clase que no conoce fronteras, ni le importa que los trabajadores sean mancillados, esquilmados y superexplotados. A esa gran burguesía lo que le importa es la ganancia; en nuestro país prefieren invertir en los servicios, más que en la industrias. Se producen acuerdos entre dueños de grandes criollos y los inversionistas extranjeros, ya sea vendiendo sus empresas o acciones de estas a capitalistas extranjeros.

Muchas veces se compran unas empresas y se vende otras. Se invierte en nuevas empresas allí donde se piensan obtener más ganancias, más rentabilidad del capital. Es de ahí que el gran capital hoy en día muy  sedentario en sus inversiones, mas bien volátil, como las migraciones polianuales o las migraciones golondrinas de trabajadores extranjeros que han emigrado de unos países a otros por motivos laborales. El gran capital lo que busca son las grandes ganancias, prefiere una legislación que limite la libertad sindical y recorte las demandas de los trabajadores. A esto es a lo que han llamado capitalismo flexible, flexible para el capital explotar la fuerza de trabajo y que no encuentre riesgos para invertir y retirar las inversiones cuando entienda que es mejor invertir en otras empresas o lugares. Hoy día hay trabajadores que su salario está por debajo del límite mínimo del valor de su fuerza de trabajo, por debajo de su subsistencia.

En su afán de explotar la fuerza de trabajo y obtener la ganancia, la plusvalía o valor adicional que además del valor del salario que recibe el trabajador agrega con su labor al producto elaborado o al servicio que vende su empleador, no le importa al gran burgués o capitalista las con consecuencias de la depredar si es necesario los recursos naturales.  Cuenta  la ganancia, no si hay agotamiento de recursos naturales, verbigracia: construcciones y la extracción minera.

Esa conciencia de clase, la del gran capital y que también la tienen algunos medianos capitalistas, pero no todos en el caso de estos últimos, la de extraer sus ganancias sin importar las consecuencias del malestar de sus trabajadores y sin importar las consecuencias de los ecosistemas, la tiene mayoritariamente el grupo burgués del PRM, no así el grupo burgués del PLD o de los otros partidos. Abinader sabe muy bien a quien representa y también los dirigentes del PRM, tal vez haciendo una excepción de un embajador.

El nació como un hijo bastardo del PRD, a raíz de una crisis en ese partido, con algo de suerte fue favorecido por las travesuras de magna corrupción de Danilo y su grupo que provocó la  división del PLD y además por la pandemia, por lo que hoy está en el poder. El peligro de la gestión del PRM para el país es que Abinader centraliza mucho, pues decide cosas que aparentemente son muy delicadas y nunca antes nos imaginábamos que un jefe de Estado actuara así. Esa burguesía gobernante se siente muy fuerte aunque no sea así. Quiere dar apariencia de legalidad, trata de cumplir con las leyes, pero la justicia no importa. Justicia no es trancar a algunos corruptos.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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