A veces son serios porque no tienen donde robar

Por Daygorod Fabián Sánchez

La moralidad y la prédica de seriedad tienen varias vertientes. Muchos en verdad son de moral elevada y otros solo lo dicen pero efectúan en la discrecionalidad todo lo contrario.

Muchos no son ladrones porque por sus narices no ha pasado el olor del dinero mal habido.

Ese dilema tiene hoy el partido de gobierno, ya que durante sus 16 años de ejercicio opositor su principal prédica era de no robar dinero del erario, y ahora que está en el poder se han destapado ingentes escándalos que la denominada justicia independiente no ha investigado.

Recuerdo perfectamente la crítica esgrimida por connotados dirigentes y comunicadores del PRM, al señalar como inmorales a ciudadanos que en su legítimo derecho devengaba un salario del estado, que más luego fue calificado de botella.

¡PERO OH SORPRESAS DE LA VIDA! Hoy esos mismos gritan porque no tienen su botella y culpan a su dirigencia partidaria por no darles el premio que se merecen, o sea su botella.

Otros han logrado el cometido del cambio, el cambio pero de jugadores pues el juego sigue siendo el mismo.

Lo dicho en el párrafo anterior tiene su plataforma en función de que ahora son defensores a ultranza de cualquier cosa, convirtiéndose en bocinas, justamente lo que antes criticaban con ferocidad.

No es lo mismo ser honesto y pulcro ante el manejo del dinero público, que el que dice ser honesto y pulcro sin nunca haber ocupado una posición delicada.

De boca cualquiera es honesto, pero en la práctica el criterio de la ¡Búsqueda! Prevalece en la mayoría de los casos.

La realidad es que la prédica del cambio era sólo retórica ya que la intención final era quitar a los ladrones de antes, para que entren los ladrones de ahora.

No se trata de perpetuar un mismo gobierno o los mismos servidores públicos, pero si la gente de experiencia y que el Estado gastó dinero para su capacitación son desvinculados para colocar gente inexperta, por el simple de hecho de saciar las hambres partidistas, entonces nunca seremos un país desarrollado.

En los países desarrollados el servidor público es protegido, pues el Estado invierte en él, para que coloque sus conocimientos al servicio de la patria.

Claro, quien llega al poder debe gobernar con su gente, pero siempre bajo el criterio de continuidad de Estado.

Por Daygorod Fabián Sánchez

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