A treinta y seis años una cicatriz histórica terremoto de 1985 en México 

Por Araceli Aguilar Salgado

“Los mexicanos tenemos un sismógrafo en el alma, al menos los que sobrevivimos al terremoto de 1985 en el Distrito Federal. Si una lámpara se mueve, nos refugiamos en el quicio de una puerta”. Juan Villoro 

Este 19 de septiembre se recuerda el 36 aniversario del sismo de 1985 que cobró la vida a miles de personas ocasionó daños desastrosos en varios estados de la República Mexicana, pero sobre todo en la Ciudad de México.

Aún recuerdo eran muy joven vivía en un departamento ubicado en el quinto piso de un edificio de 7 pisos en la colonia Roma, era un edificio nuevito apenas estrenábamos casa mi hermano Fernando apenas lo había adquirido.

En aquellos tiempo estaba con la ilusión de estudiar fotografía, por lo que me estaba alistando para tratar de inscribirme en la UNAM era jueves a las 7:19 horas del 19 de septiembre de 1985, cuando se nos movió la tierra con una cadencia ininterrumpida y discontinua, la radio se silenció abruptamente, su vaivén se incrementó paulatinamente parecía estar brincando, únicamente se escuchaba la voz de mi hermano “quédate en el muro  agárrate fuerte, esto no se quita, cuídate de los vidrios, creo que Dios no oye  las plegarias no las escuchada” era lo que gritaba mi hermano, los trastes se caían, las paredes se iban fracturando, los vidrios se tronaron

Yo me encontraba cerca de la ventana que daba a la calle, el movimiento era tan áspero que el suelo de la sala se abrió, yo solo me a orille, me encogí escuche un gran estruendo de repente y se me oscureció todo, se dice que fueron dos minutos lo que duro el terremoto, pero para mí fue muy eternidad, en su momento no supe cuánto tiempo había pasado al despertar me encontraba en un ambiente muy oscuro, escuchaba gritos de auxilio, quejidos, lamentos yo aún no sabía que sucedía estaba fuera de sí, tenía miedo mucho miedo, a mi mente vinieron muchos recuerdo de mi vida incluso de los que ya no recordaba, pensé en mis padres, en mis abuelos no aceptaba  que iba a morir tan joven, llore mucho y pedir son todas las fuerzas de mi alma al Gran Supremo Creador del Universo que me brindara otra oportunidad de vivir  ya que anteriormente me había salvado de morir tiempo atrás, rece, implore mis oraciones, no que cuanto tiempo paso, pero volvió a temblar, solo escuche el tronido de la loza y la estructura se asentó más y me sentí perdida, y un gran silencio, más oscuridad.

Sentía la agitación de mi corazón y sentía mi respiración, entonces yo trataba de calmarme, sentía el miedo, incertidumbre, porque yo estaba segura que me iba a morir, tenía miedo morir atravesada por las varillas, o morir aplastada, sentía agonizar, no sentía mi cuerpo, en mis adentros imploraba a Dios.

No sé qué tiempo paso comencé a escuchar muchos ruidos, voces, ladridos de perro, mas no me podía mover, ni tampoco podía hablar, ni gritar estaba muda poco a poco escuché más fuertes los ladridos de perros, un perro rescatista salvo mi vida, se oía mucho movimiento y de repente vi una luz, por un agujero, me pasaron una manguera de oxígeno, naranjas y suero para  deshidratarme, en lo que me quitaban la estructura que hizo escuadra y ese espacio fue lo que salvo mi vida, me sacaron  en una camilla de plástico toda amarrada y me llevaron a una plaza que utilizaron como hospital.

En el trayecto vi la ciudad muy devastada tal parece que hubiera habido una guerra, edificios derrumbados, olía mal, había mucho polvo, pedazos de partes humanas, era feo ese ambiente ese terremoto modificó mi vida no sólo hablo de la pérdida de mis seres queridos y un patrimonio.

A treinta y seis años de distancia, es motivo de entender las dimensiones que ese sismo provoco en cada uno de nosotros los sobrevivientes del terremoto de 1985, aún hoy encontramos mucho deterioro y abandono en el tejido social es momento de reflexionar sobre lo que se perdió, pero aún es más importante, es necesario entender lo que deseamos, anhelamos, soñamos para construir un mejor futuro para este mundo y ahora lograr sobrevivir a una pandemia.

El terremoto del año de 1985 tuvo epicentro en el océano Pacífico, cerca de la desembocadura del río Balsas, en la costa Michoacán tuvo una magnitud 8.1 escala Richter.

Las zonas más afectadas fueron el centro, sur y occidente de México, sobre todo la Ciudad de México.

Hasta el momento ha sido el más significativo y dañino en la historia contemporánea del país.

La réplica aconteció un día después, la noche del 20 de septiembre, el cual también tuvo gran repercusión para la capital al terminar por colapsar estructuras y edificios reblandecidos el día anterior.

Ante la carencia generalizada en el país de una cultura de protección civil y de protocolos de acción, las horas posteriores terminaron en un caos generalizado, el cual se fue calmando cuando la propia sociedad civil comenzó a auto organizarse en las acciones de rescate y asistencia.

El número preciso de muertos, heridos y daños materiales nunca se conoció con precisión. En cuanto a las personas fallecidas, solo existen estimaciones: 3 mil 192 fue la cifra oficial, mientras que 20 mil fue el dato resultante de los cálculos de algunas organizaciones.

“Las casas pueden irse cayendo poco a poco, con el correr de los años, o pueden ser demolidas en un abrir y cerrar de ojos por una bomba poderosa. Las ciudades y los barrios se transforman de a poquitos o en los segundos que dura un terremoto.” Laura Esquivel 

Por Araceli Aguilar Salgado 

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