A propósito de la muerte de Reinaldo Pared Pérez: el odio como conducta política se extiende a las redes y la población

Por Fernando Peña

Nos hemos colocado en el extremo.  Nuestro país se ha inclinado a una marcada tendencia al odio como identificación de las conductas política extremas, y ha sido asimilada por gran parte de la población y clase media.

Y hay responsable de que hoy estemos viviendo en esta situación alocada, desde los ochentas o principios de los noventas empezaron con esta conducta lideres, dirigentes y partidos.

Han utilizado su prestigio, ascendencia e influencia como forma de venganza.

Es una sinrazón que los extremos dominen el espectro político en base a una conducta de odio.

Se pensó, así lo decían muchos dominicanos, que con la llegada de Luis Abinader al gobierno impondría una conducta de no violencia, un discurso político de perdón, reconciliación, de dialogo, aunque ello no implique dejar de perseguir a los que cometieron actos de corrupción y pillajes.

Por la circunstancia que vive el mundo, nuestro país en particular en los aspectos social, económico, político y moral, es el momento histórico para la reconciliación como única salida a este sentimiento político de odio que impera y que sólo nos lleva a la confrontación permanente.

Desgarra ver como en las redes sociales, en las tertulias de amigos y familiares se ha entronizado la condena, el desatino, la infamia hasta de personas fallecida por el solo hecho de ser adversario político, o exfuncionarios gubernamentales. Es una locura.

Y tiene un nicho grande esa conducta porque lamentablemente nuestro pueblo dominicano, sus gentes, hasta profesionales y de clase media y media alta no tienen un nivel de educación, académico ni político que le permita asumir una conducta real de verdaderos ciudadanos en el real sentido de la palabra.

Y no es que se deje la crítica, la denuncia. No. Pero hay unos niveles de decencia, de educación, de regla de oro que hay que asumir a la hora de enjuiciar o señalar a una persona x, donde el odio, el escarnio, la vileza, la persecución sin base ni sentido no caben.

Deberíamos beber de las enseñanzas, de la conducta de personajes histórico, lideres de nuestra sociedades, recordar al prócer y líder de siempre José Francisco Peña Gómez, quien se desvivió por el pueblo dominicano, las libertades publica y fue un ejemplo de perdón, de confrontación y lucha sin caer en la vileza, ni destrucción de sus adversarios políticos, a los cuales a todos perdonó, cómo no recordar como ejemplo que en 1994, Nelson Mandela asumió la presidencia de Sudáfrica, en una elección que conmocionó al mundo, ya que la base fundamental de su discurso político era el perdón, la reconciliación, el diálogo y la necesidad de eliminar el odio y el racismo de la conducta política.

Mandela luchó contra el régimen del ‘Apartheid’ que se fundamentaba en la segregación racial y la supremacía de la raza blanca. La lucha contra esos gobiernos le valió una sentencia de encarcelamiento de por vida y lo llevó a que pasara 27 años en prisiones de máxima seguridad en ese país. Sin embargo, en 1990, frente a la presión nacional e internacional, el Gobierno del presidente De Klerk anunció su libertad ‘sin condicionamientos’. Su liberación fue televisada mundialmente. Su discurso de no violencia y apego a la reconciliación y al diálogo galvanizó al mundo.

La mayoría creía que Mandela utilizaría su enorme prestigio para vengarse de sus cancerberos, promover una doctrina de odio y gobernar el país desde una plataforma de venganza.

 Creo que Mandela comprendió el momento histórico que vivía su pueblo y que la reconciliación era la única salida a un sentimiento político de odio que sólo llevaría a la confrontación y una eminente guerra civil.

Hoy se precisa que nuestros lideres políticos, partidos y el presidente Luis Abinader, con mano dura y firmeza asuma, así como asume la lucha anticorrupción, proclame y asuma, imponga eliminar el odio en el discurso y en la conducta política.

En estos días se ha llegado a la perversidad, la muerte del dirigente del PLD Rinaldo Pared Pérez, quien se suicidó por sus problemas de salud y depresión, nos ha mostrado con crudeza, de manera degradante y desgargantes esa conducta extrema de odio.

El discurso de odio como conducta política está predominando.

Parecería que el demostrar odio y denigrar al otro es un requerimiento de los comentarios que invaden las redes sociales sobre el quehacer de nuestra sociedad y sus lideres.

Si no le ponemos un stop, si no se asume con determinación desterrar esa conducta de la vida nacional, si no hacemos un pacto a todos los niveles que nos acerquen, que quite esa manera de oponernos a todo, mas en medio de esta pandemia que nos lacera y ha quitado la convivencia, la paz y solidaridad, llegaremos a desaparecer como sociedad moderna y civilizada.

Y esta democracia se irá a pique…

Es hora de alcanzar, de encontrar puntos de consenso y, como hizo Mandela, buscar la reconciliación y el diálogo en vez de una estéril confrontación que nos afecta a todos.

Por Fernando Peña 

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