A Pleno Sol: Democracia en lontananza

Por Manuel Hernández Villeta Viernes 2 de Junio, 2017

Si nos vamos al discurrir histórico, las instituciones nacionales  todavía están blandas, hay que criarlas, carecen de fuerza propia y se mueven a imagen y semejanza de quien les toque dirigirlas.
Contrario a lo que podría pasar en un país con firmeza democrática y de respeto político, en el país no son las instituciones  que llevan las coordenadas para que se guíen los hombres o mujeres que momentáneamente las encabecen, sino que es el librito propio de cada  quien el que manda.
Se tiene que cambiar la mentalidad y las acciones de los que lidian en política, para que se pueda dar el fortalecimiento de las instituciones. No podemos jugar a meter la cabeza en la arena. Una institución no la constituye un local, un papel timbrado y un comunicado de prensa.
No han podido madurar las instituciones dominicanas porque el siglo 20 fue el de las diabluras, con cerca de 70 años de dictaduras, gobiernos insurrectos, golpe de Estado e intervenciones militares. Ahí no pudo florecer ninguna institución, sino  hojas timbradas.
Es en este siglo que se sé da un paso en firma hacia el proceso de institucionalización del país, pero esa meta, esa realidad, no se puede lograr en 17 años. No es ni siquiera el comienzo, sino un simple amago. Ni siquiera hay el relevo político que tenga que dar el gran impulso al proceso de institucionalización.
Los remanentes de la era de Trujillo se fueron  por un proceso biológico, ahora hay que jubilar a los que sobrevivieron a la era de Balaguer. Tiene que venir un relevo político, con nuevas caras, nuevas ideas, para formar nuevas instituciones.
Los sistemas sociales nacen, crecen y mueren. Al igual que los seres humanos su crecimiento se labra en el día a día. No es posible un golpe de suerte mágico, ni llegar al éxito de carambola. La político y los cambios sociales tienen coyunturas propias, y aquí ni hay cambios, ni surgimiento de nuevas ideas.
Hay que luchar para que se fortalezca el sistema democrático de nuevo cuño en la República Dominicana. No una democracia a lo Trujillo  o a lo Balaguer, sino la que da paso al gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Ya no hay un fantasma que recorre el mundo buscando el cambio social, pero si se mantiene el anhelo de este pueblo de lograr un clima de respeto, de progreso, de libertades y de democracia social. ¡Ay!, se me acabó la tinta.