¿A dónde va la iglesia?

Por Manuel Hernández Villeta martes 11 de abril, 2017

Hace falta una iglesia más apegada al designio de los pobres. La iglesia, sobre todo la católica, es suficiente militante, al menos su cúpula está de lleno metida en los problemas económicos y políticos, pero le hace falta un bañó de pueblo en sus interpretaciones del diario vivir.

Ya lo dijo un obispo, que es necesario que la iglesia sintonice con los jóvenes, y yo agregaría con los pobres. La curia es muda cuando se ubica de tratar los grandes problemas nacionales. Uno que otro ejerce de mediador en momentos de crisis, pero hasta esa mediación ha entrada en crisis.

Hay segmentos que pueden pecar de tremendistas y otros, como un periódico católico, da la impresión de que va con un paso delante de lo que dicen los curas de cierto rango. Sin embargo es esperanzador el mensaje de los curas con motivo de la Semana Santa.

Ponen el dedo en la llaga, pero sin el suficiente yodo para evitar infecciones en la herida purulenta, cuando hablan del mal que le hace al país la corrupción, la violencia, la falta de institucionalidad y la marginalidad.

Lo ideal sería que la iglesia haga de estas preocupaciones su discurso diario. Jesús siempre estuvo al lado de los humildes y no le atrajeron las mesas de los ricos, ni el poder que estos exhibían. Jesús no son los poderosos, ni los que voltean la cara ante el hambre de sus feligreses. Hay que ir al corazón del pueblo, para obtener experiencias de vida.

He notado que el mensaje que ofrece el Papa Francisco luce mucho más adelantado que las proclamas de la iglesia local. Parece que la nueva línea de la cúpula en el Vaticano llega en carabela de remos, y luego se aplica a cuenta gotas.

El país necesita que el liderazgo católico, que sin dudas es la religión de mayor fuerza en el país, esté junto a su pueblo en estos momentos de infortunio. No es que se convierta en juez. La investidura del sacerdote debe ser la de escuchar a todos y ofrecer consuelo y redención a los descarriados.

Para el perdón, tiene que haber arrepentimiento. La iglesia no está para aplicar penas, sino para lavar las heridas y buscar la expiación de culpas de los que violaron las normas sociales. Hoy luce alejada de ese papel, parece haber perdido el rumbo. Luego de que se alejará al Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, la iglesia entra en un largo enfriamiento, pero tiene que despertar, porque hay clamores del pueblo pidiendo redención. Que esa curia de alto nivel se acuerde y aplique dos oraciones de Jesús señaladas por sus apóstoles: Una: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. La otra: “Dónde haya dos o más que hablen a mi nombre, allí yo estaré”. La curia-superior tiene los oídos tapados con cera para escuchar este clamor. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

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