A Dios no se le pide nada; sí procede agradarle siempre

Por Rolando Fernández viernes 15 de marzo, 2019

Cuán equivocadas viven muchas personas que se autodefinen como religiosas, y que solo les hace inclinar hacia el Gran Arquitecto del Universo, el pedir ayuda para que Él intervenga en la satisfacción, o solución, de sus necesidades físicas perentorias

Incluidas dentro de esas están, aquellas que tienen que ver con la salud directamente de la gente, producto muchas veces de las desaprensiones precedentes en que se ha incurrido; o, que constituyen karmas punitivos más bien, que provienen de vidas anteriores, y cuyos efectos a conquistar constan en el prediseño de la corriente de vida que se esté cursando en la actualidad.

¡Craso error!, religiosos solo para pedir, nunca para representar terrenalmente al Creador, misión real para la cual se concibió todo hombre, según los que saben, a su imagen y semejanza, la “Idea de sí Mismo en Expresión”; pero, no en lo que respecta a lo físico, raza, color, y sexo, etc., como es lo que de ordinario se cree.

Tal similitud atribuible, de acuerdo con los más altos entendidos, sí tiene que ver con las Tres Personas en Uno: Padre, Hijo, Espíritu Santo. “Dios es un hombre blanco, con barbas y pelo lacio”, tal piensa la mayoría de religiosos confundidos, claro está.

“¡Ja, ja!” Pero, ocurre que, según dice en la misma Biblia Sagrada, al alcance de todos, “Él nadie le ha visto jamás”, (Libro de Juan).  Se deduce entonces, una enorme capacidad de imaginación en los llamados creyentes convencionales. ¡Debido a eso se infiere, qué todo es un invento, en el marco de la mente humana.!

Por eso es que, adherirse a los convencionalismos, hace tanto daño con relación a la espiritualidad aplicada, como a la evolución necesaria a cargo de la especie humana. Se requiere investigar, y no limitarse a decires nada más, aunque provengan de donde sea.

Según dice una de la Leyes Espirituales que rigen para el “juego” de las Almas en este plano terrenal, “Como es arriba, así es abajo”. Es entonces obvio que, en ambos espacios, o litorales, las cosas hay que ganárselas; que nada se regala aquí, tampoco allá; y, evidentemente, todo el mundo recoge lo que se siembra. Por tanto, son los pensamientos, actitudes y acciones los que luego supeditan el devenir, o futuro particular más bien, de los hombres todos (general).

Extrapolando, si cabe el término, los comportamientos observados en este plano de la materia física densa, hacia los sutiles, entendiéndose como tales el Universo inmanifiesto, que siempre deben estar aquellos en correspondencia con los mandatos divinos direccionados, como con los prediseños existenciales de orden – “nunca errar en el blanco”, refiriéndose a esos, que es el significado de la palabra pecado en el idioma griego – las respuestas deseadas, a manera de premios, o milagros, desde allí, siempre habrán de llegar, sin la necesidad de nada tener que pedir. ¡Todo se recibirá cuando convenga!

Ahora, ¿qué no es conocido allí?, sería la gran pregunta. Y precisamente, partiendo de tal supuesto, podrían concederse dispensaciones a los humanos, como gratificación por los comportamientos observados, pídase o no ayuda, dejándose algo de lado la inexorabilidad de la Ley de Causa y Efecto, ya sea de forma total o parcial.

Cabe señalar antes de proseguir, que, según las enseñanzas espirituales, todo hombre siempre tiene compañía divina.  Entre otras, la de un ángel guardián que protege y anima (la voz de nuestra conciencia); un guía espiritual: una entidad que ha vivido antes en la Tierra, y que luego de desencarnar, se ofrece para ayudar a sus hermanos que han quedado en el planeta; como, ángeles (ayudantes más “cotidianos” del Creador, podría decirse), y arcángeles, encargados de supervisar el plan general evolutivo en el plano físico. También se habla de espíritus desmaterializados de familiares fallecidos, o amigos, que se prestan para ofrecer orientaciones a los deudos que los han visto partir, hacia su verdadera casa, transitoriamente o no.

A todos ellos se les puede pedir interceder ante la Fuente, el Padre Supremo, para que derrame gracias sobre sus criaturas terrenales frente a determinadas situaciones. ¡Lo hará si es Su Voluntad! Esos espíritus invisibles accederán ante una solicitud previa de auxilio, de esas que se elevan cuando “se tiene el agua al cuello”, como se dice, siempre que su accionar no interfiera con el sendero evolutivo que se esté recorriendo de momento. Se debe recalcar que, la ayuda hay que pedirla, ya que esos seres nunca intervendrán en la corriente de vida de los humanos, mutuo propio.

Claro, las cosas todas ocurrirán en el momento que más convenga al curso evolutivo del Alma de que se trate, sobre lo cual decide y controla el “Hacedor de Todo”; el que permite que podamos ver, aunque a Él no, la Divinidad Suprema.

De ahí, el que con frecuencia se crea que muchas peticiones (oraciones) no tienen respuesta alguna, por negativa del Creador. Pues, no, cabría decir. Lo que pasa es que, según las enseñanzas esotéricas connotadas, no siempre, tras ser elevados los requerimientos, es el tiempo preciso para responder; o, que tampoco nada aún se ha hecho para merecerlo.

¡Qué se haga su Voluntad siempre!, es lo único que se debe pedir al Padre en los Cielos, como se diría popularmente, aunque algunos no lo consideren así. A Dios no hay que pedirle nada más. ¡Él todo lo ve, y sabe cuándo dejarse sentir, o intervenir directamente en lo que sea.

Sí, agradarle siempre, a través de la observación sostenida a sus leyes y mandamientos; de la manifestación del amor incondicional, qué es Él Mismo, por parte de sus Atributos divinos terrenales ideados, en este caso los hombres (general); como, el amar al prójimo como a sí mismo; y, nunca desobedecer la considerada “Regla de Oro”, que Jesús el Cristo, durante su Ministerio, recomendó, en Mateo 7-12, Sagrada Biblia, y que más o menos así resumida dice: “no hacer a otros, lo que no guste para ti”.

Con esas cosas, sí es que se agrada a Dios, y las bendiciones, al igual que toda ayuda y dirección de lo Alto, de seguro se recibirán, sin pedimentos alguno. Vendrán como las lluvias inesperadas, cuando la Madre Tierra necesita refrescarse. ¡Claro, todo será en su oportunidad!

 

Autor: Rolando Fernández

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