A decir verdad, Luis Abiader no tiene futuro político

Por lunes 15 de agosto, 2016

Un grupo de viejos políticos desfasados y desacreditados en el escenario, sin porvenir, le han hecho creer a Luis Abinader que tiene un gran futuro político, como le hicieron creer en el pasado proceso electoral que tenía posibilidades ciertas de ganar las elecciones y convertirse a su corta edad en presidente de la República.

Nada más falso. Luis Abinader no se preparó para ser presidente puesto que no es un buen orador ni un intelectual, no se le conoce trayectoria política en ninguna organización ni se le conoce como emprendedor en ninguna de las áreas de la investigación, el comercio o la industria; pero tampoco ha sido nunca electo a puestos públicos ni como regidor.

Un rostro digamos que impecable y una docena de millones de pesos, no son suficientes para empoderar a un candidato, arrastrar las masas y convertirlo en jefe de Estado.

Desde el principio la candidatura de Luis Abinader lucía cuesta arriba dado que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) solo tenía dieciocho meses de formado y por tanto la dirigencia del PRM debió darse a la tarea de darlo a conocer en los ciento cincuenta y cinco municipios de la República Dominicana, pero más aún, el candidato Luis Abinader se estrenaba también en las lides políticas, por lo que se esperaba del PRM que saliera a las calles a presentar su nuevo rostro, “la cara del cambio”. Esto no se hizo.

Todas las encuestas le otorgaban al candidato oficialista Danilo Medina una ventaja de por lo menos 30 puntos porcentuales.

La candidatura resultó todo un fiasco. La personalidad de Luis Abinader no resultó atractiva a los electores, y sus propuestas por insustanciales no impactaron a la sociedad dominicana, de forma que este político no ha aportado nada al debate por la pobreza conceptual de su contenido discursivo.

Pongamos un ejemplo: Cuando el doctor Leonel Fernández se lanzó al ruedo político en 1990 como candidato vicepresidencial con el profesor Juan Bosch, su figura impactó de inmediato por su carisma, y más luego por la capacidad oratoria del muchacho de 36 años, un intelectual catedrático, abogado exitoso y por demás respaldado por el Partido de la Liberación Dominicana, una organización que había logrado un alto prestigio en sus 17 años de formada.

El doctor Salvador Jorge Blanco, por su lado, revolucionó el escenario nacional por su oratoria, su calidad como abogado exitoso con una bonita familia y una importante trayectoria política (estuvo presente junto a los revolucionarios cuando el asalto al Hotel Matúm de Santiago luego de la Revolución de 1965).

Mientras que Jacobo Majluta, que no tenía nada de intelectual, gozaba de un carisma abrazador y una gran trayectoria política que se remontaba a la Era de Trujillo, y, en consecuencia, estaba dotado de calidades para optar por la presidencia de la República en 1986.

Pero este hombre, Luis Abinader, no ha traído nada. Ha llegado con las manos vacías ofreciendo de todo en una sociedad que ha logrado un gran desarrollo, con cuarenta y dos universidades, bien comunicado el país a través de la telefonía y en plena era del conocimiento con el internet y las redes sociales.

A Luis Abinader le cayeron los palitos por su osadía de mantener una candidatura impropia en un momento inapropiado, porque ni siquiera se comportó como un buen actor. En los mensajes propagandísticos, cuando aparecía prometiendo redimir a los pobres, un conglomerado con los que nunca ha compartido, se le notaba la falsedad en su mirada; no sabía dónde poner los ojos.

La periodista Alicia Ortega fue quien dejó al descubierto las carencias de su intelecto cuando le preguntó que cuál era su lectura favorita, y Luis Abinader le contestó sin sonrojo y sin pensarlo, que prefería las “biografías”. Una respuesta nefasta para un político que debió contestar que prefería leer la historia, sobre todo la dominicana y universal; la historia de las ideas política, la economía comparada, el derecho, la filosofía y la sociología.

Para que no le suceda lo que a Peña Nieto, presidente de México, cuando le preguntaron que cuáles eran los tres libros que más han influenciado en su vida, y no supo contestar, a Luis Abinader debo alertarlo, y decirle que la lectura favorita de un político debe incluir obligadamente a La República, de Platón y Política, de Aristóteles.

Y si se quiere salir del paso ante una pregunta como la que se le hiciera a Peña Nieto, tres libros deben destacarse como influyentes en la vida de cualquier ciudadano, aunque nunca le haya puestos las manos, como son la Santa Biblia, El Quijote de la Mancha y El Contrato Social.

Es oportuno decirle a Luis Abinader que la intelectualidad solo se logra cuando el nivel cultural de un hombre incluye haber desbrocado el mundo de la literatura, sobre todo la prosa expresada en novelas y cuentos.

Estoy muy de acuerdo con la vieja hipótesis humanista de que “leer hace mejores a los hombres”; y respaldo la tesis de que la lectura hace más compasivo a los hombres, y que “leer hace sofisticadas a las personas con ansiedad protagónica”.

Señor Luis Abinader, le recuerdo el planteamiento de un periodista mexicano de que un buen político debe tener una vida intelectual aunque no sea un intelectual, y que es obvio que gobernar requiere tener ciertos conocimientos especializados de economía y derecho, pero que es posible familiarizarse con esos conocimientos sin leer mucho, pero un buen lector tiene más posibilidad de adquirirlos y de manejar estos conceptos con mayor rigor y, por tanto podría ser mejor gobernante.

POR FÉLIX MAKEMKA

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