Por Victor Elias Aquino lunes 9 de diciembre, 2019

No hay nada que  hacer

Amanecí con un nudo en la garganta.

Sin saberlo  viajé hasta las remotas tierras del pasado para rememorar una historia triste para contar, ¡vi a Lázaro!,  no   al  primo de Jesús que volvió a la vida cuando   ya hedía.

¡Escúchenlo bien!

Es el harapiento al que  pocos miraban  sus pupilas, aquel que  vivía anclado en los mismísimos portales de la mansión del rico, mismo al que los perros mensajeros lamìan sin cesar las llagas,  quizás supurando  pus.

Han pasado los años, y  cada vez es  más triste que la anterior.

Quizás hubo días en que ni  cenizas,   ni  migajas hallaba…

Ángeles del cielo viajaron  a velocidades todavía desconocidas por la ciencia de ese alemán que respondía al nombre de  Albert Einstein,sólo  para cumplir con el encargo de recoger el cuerpo todavía caliente,  antes de que se descompusiera y oxidara.

¡No  más hambre!

Lo veo en tus ojos, veo la sonrisa del pobre,    al lado del padre Abraham, ambos hijos del Altísimo,  que domina el tiempo,  la historia y todo lo que  hay.

Como en la tierra, las monedas tienen dos caras.

Una voz habló, y se derrumbaron las  mesas con los banquetes, las bailarinas y  las servidumbres de la vida terrena, truenos y estruendo como de  terremoto acabaron con la vida de rico, no por ser rico…

Es sólo un parpadeo.

Las noticias vuelan, ya se informa en los diarios  de la llegada del rico.

Llamaradas de llamaradas,  como lenguas de fuego, no le  dejan vivir luego de la muerte…es la  noticia más triste y la justicia de la justicia.

No pedí soñar, no le deseo a nadie lo que le pasa al rico, no por ser potentado.

Aunque quisiera hablar, Abrahamestá mudo, no puede atender los requerimientos del condenado.

¡Padre Abraham, compadécete de mí, y manda que Lázaro moje la puntita del dedo en agua y me refresque un poquitín la lengua, porque estoy sufriendo tormento en ese fuego!

Esa noticia  voló como pólvora  de guerra en diarios del mundo antiguo.

Un abismo, una sima infranqueable separa a Lázaro y al rico.

No estamos en la tierra… no hay nada que hacer…

Por  Víctor  Elías Aquino

Comenta