3 conceptos básicos que definitivamente debes saber si eres corredor de mercado

Por Paola Clisante lunes 1 de abril, 2019

A escala global, los estándares de conducta en el ejercicio de corretaje de valores han propiciado prácticas tendentes a garantizar el principio de mejor ejecución y, con ello, el amparo de un mercado justo, eficiente y transparente, cuyo pilar fundamental sea la protección de los inversionistas.

Este principio o deber de mejor ejecución, de acuerdo con la normativa vigente, supone la adopción de medidas razonables con el objetivo de precisar el mejor resultado posible de cara a las operaciones en el mercado de valores, debiendo tener en cuenta ciertas aristas: tipo de inversionista, precio, costos, rapidez y probabilidad en ejecución y liquidación, volumen, naturaleza de la operación y cualquier otro elemento que encuentre relevancia en la ejecución de la instrucción del cliente.

Dicho eso, para aquella persona física constituida como corredor de valores que, dependiendo de un puesto de bolsa, realice actividades de esta naturaleza, es menester que ejerza su labor de intermediación bajo ciertos patrones éticos de conducta, en virtud de lo cual realizamos las siguientes recomendaciones.

  1. Eres y siempre serás regulado.

Las disposiciones contenidas en la Ley del Mercado de Valores te convierten en sujeto obligado y, por tanto, respondes a una estructura normativa, lo cual te hace susceptible de derechos y deberes.

En el escenario de que no observes o incumplas las prerrogativas legales en cuestión, eres pasible de ser sancionado y, para los fines, la normativa ha previsto -a modo de sanción- multas de hasta RD$5,000,000.00, la suspensión en el ejercicio derivado de la condición de corredor de valores por un plazo no superior a los 5 años, o bien, la separación del cargo como tal durante el período de tiempo indicado. Recuerda que, a final de cuentas, siempre costará menos cumplir que no cumplir.

  1. Tu rol como corredor de valores: La ética y la estrategia no son enemigas.

Una de las premisas más inveteradas en materia de corretaje, a nivel mundial, es justamente la garantía de la ética que, en muchas ocasiones, se ve permeada por la acción y efecto de priorizar intereses individuales sobre los comunes o, aún más específicamente, sobre el interés de los clientes.

Esta problemática planea ciertas interrogantes que no solo hacen referencia a la relación entre el corredor y el cliente, sino también a las necesidades de una sociedad, cuyo sostenimiento económico depende -en buena parte- de los mercados financieros, por lo que siempre requerirá eficiencia y transparencia.

En los mercados financieros de muchas jurisdicciones, incluida la nuestra, los corredores de valores guardan la obligación legal y ética de sugerir únicamente aquellas inversiones que honren las aristas más arriba indicadas.

Así pues y, en procura de que no te salga más cara la sal que el chivo, asume un comportamiento que -en todo momento- respete los estándares éticos y que, por supuesto, ponga en manifiesto el principio de mejor ejecución posible.

  1. Confidencialidad, honestidad y razonabilidad: las mejores herramientas a tu alcance.

El hecho de que un cliente confíe en un corredor para fines de asesoramiento financiero en un primer momento y, consecuentemente, para que gestione sus recursos, debe garantizar -como mínimo- la consecución de los principios de honestidad, confidencialidad y razonabilidad.

En la labor constante de conocer al cliente, suelen obtenerse diversas informaciones relativas al cliente que, por su naturaleza y sensibilidad, siempre deben guardar el carácter confidencial.

Lo mismo sucede con el deber de honestidad que, aunado a lo que comentábamos anteriormente, es parte fundamental de la relación intermediario-cliente. De hecho, una de las principales razones por las cuales, tanto la normativa como las políticas internas de las entidades de intermediación financiera y de valores, otorgan suma importancia a la obligación de honestidad y razonabilidad surge por el mal hábito de deponer un discurso ambiguo y complejo que el cliente no logre comprender, de utilizar publicidad engañosa respecto de las bondades de ciertos productos y estrategias, de hacer saber verdades a medias, entre otras malas prácticas.

Por todo esto y a manera de colofón, enfatizamos la necesidad de que los corredores de valores -en el ejercicio de su condición- efectúen sus labores de intermediación bajo los estándares de la industria, promuevan la educación continua y curiosidad acerca de los cambios regulatorios que tienen impacto en los servicios que prestan, asumiendo así, el espíritu legal y normativo y de mejores prácticas.

Por Paola Clisante

@PaolaClisante

www.paolaclisante.com

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