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Rostro feo juvenil

Manuel Hernández VilletaA Pleno Sol

Los cuadros estadísticos en torno a la juventud dominicana son descorazonadores. Tenemos fe todavía en el futuro del país, en sus nuevos dirigentes, pero… Si tomamos las estadísticas, la mayoría de los jóvenes dominicanos que deben estar entrando a la producción son analfabetos, o no han hecho la educación básica. Los que son profesionales, se encuentran sin trabajar, y sin esperanzas de ligarse a la producción. Si pasamos por el Palacio de Justicia, el noventa por ciento de los presos, de los condenados por la comisión de delitos, van desde menores de edad hasta los 20 años.

Si perdemos el sendero por donde debemos guiar a la juventud, todo se perderá en este país. El momento es difícil, pero toca a los conductores de masas, no importa en que lugar que se encuentren, su fe religiosa, o sus simpatías políticas, dar un paso al frente.

La enfermedad de la juventud dominicana es económica. Su muerte llega por falta de comida y de esperanzas para el futuro. Se está perdiendo la mística del trabajo, porque no hay trabajo.

Hoy, los jóvenes le salen huyendo a la zona rural, porque no tienen esperanzas de mejoría en el pico y la

azada. Llegan a los barrios marginados de las ciudades donde hay carencia de todo.

El masivo surgimiento de los delitos, ahora en el pleno corazón de la ciudad, de los reductos de clase media hacia arriba, indica que tenemos problemas sociales graves.

La mayor parte de los dominicanos eran indiferentes ante el crimen, cuando el mismo se daba y ejercía en los barrios populares. Era un minúsculo titular en los periódicos y noticiarios de radio, y en la televisión ni aparecía.

Ahora el delito se está cometiendo  en nuestra casa, en la casa de nuestros vecinos, hay una globalización del delito, donde el crimen es primera página de los periodicos, y mueve un amplio debate nacional.

La realidad son esas estadísticas atormentadoras de que la mayoría de los que están presos por actos de violencia son jóvenes, y que el analfabetismo crece y que la deserción de estudiantes universitarios es masiva.

Debemos seguir abriendo caminos, preocuparnos, porque no podemos ser indiferentes, y llenar los vacíos sociales. Hay que ampliar la cobertura educativa, y sobre todo, pensar en crear nuevas plazas de empleos, o facilidades para que los jóvenes pobres pongan su pequeño negocio.

Esa podredumbre social donde está metida una parte mayoritaria de la juventud dominicana, es culpa de las injusticias, de las indiferencias, de los que nada le importa del vecino o del conciudadano.

Para reducir la delincuencia, hay que aplicar  soluciones a los problemas sociales de la juventud, porque entonces habrá futuro, pero lleno de adversidades, de crímenes, de robos, de atracos, de pandillas y de carteles.

No veo a la vista estallidos de corte social, porque a pesar de que hay condiciones para esa rebeldía, no hay conductores ni líneas a seguir.

Es tiempo todavía de luchar por mejorar los niveles de vida de la juventud dominicana, y sobre todo de mantener las esperanzas en un país mejor.-

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