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13/11/2011
Leonel y el arte de la oratoria
El fin de la elocuencia es la persuasión, dijo Thomas Wilson

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En estos tiempos de anemia espiritual en que vivimos en que se han reducido los méritos requeridos para ser dirigente político e inclusive para desempeñar la Primera Magistratura de una Nación, lo que más abundan son personas que toman un micrófono y le hablan a los demás, pero que carecen en lo más mínimo del poder de lograr la persuasión mediante el uso de la palabra hablada.

Los mejores líderes de esta sociedad del conocimiento, de esta era mediática y de la información, son aquellos capaces de utilizar la comunicación y el poder del verbo para concitar apoyos, sembrar ideales positivos que contribuyan al progreso espiritual, institucional y material de los pueblos, pero que a la vez, que sean capaces de utilizar el poder de la palabra para vencer y sepultar a los adversarios.

 Cuando el presidente Leonel Fernández produce una de sus exquisitas piezas oratorias, las respuestas de sus opositores evaluando el contenido del discurso, son siempre las mismas. Todos sin excepción, comienzan diciendo que el discurso no llenó su cometido. Por lo regular, agregan que el país al que hizo alusión el gobernante, no es la República Dominicana, y le piden que aterrice, que ponga sus pies sobre la tierra. 

Los opositores de Leonel que aspiran a la presidencia de la República, es común que lo tipifiquen como teórico, y con esa reacción simplista, lo que tratan de hacer es  quitarle importancia y mérito a un arte, a un don, a una virtud de la que ellos carecen, y que se le ha hecho tarde para aprender y desarrollar, que es la utilización elocuente y persuasiva del arte mágico de la palabra hablada.

Los adversarios del líder peledeista tratan de cubrir su pobreza de conocimientos, restándole importancia al recurso que ha sido más poderoso y efectivo a lo largo de la historia de la civilización para alcanzar el convencimiento y la persuasión de las personas.

Tiene mucha validez, mucho fundamento y un valor imperecedero, el pensamiento expresado por el orador y tribuno griego Isócrates, quien en una de sus pulcras y exquisitas oraciones expresó que “lo que distingue al hombre del animal y al griego del bárbaro es la sabiduría de la inteligencia y la palabra.”  Han sido escasos, muy escasos los oradores prominentes que ha tenido la República Dominicana que han llegado a ser  presidentes de la Nación.

En esa galería  histórica solo están colocados  Fernando Arturo de Meriño, Rafael Estrella Ureña, Joaquín Balaguer, Juan Bosch y Leonel Fernández Reyna.

Todos los emperadores del verbo, o dioses de la de la oratoria dominicana, como dijera don Américo Lugo, tienen algo en común, y es que poseen una gran inteligencia lingüística. Francesc Torralba en su obra Inteligencia Espiritual (2011, p.30) señala que la inteligencia lingüística “es esa forma de inteligencia que nos da poder para usar las palabras y para aprender distintos lenguajes e idiomas. Es la capacidad de pensar en palabras y de utilizar el lenguaje para comprender,  expresar y apreciar significados complejos.

Se manifiesta, particularmente, en los escritores, en los poetas y en los buenos redactores.”  Joaquín Balaguer un líder que nació al comienzo del siglo XX y que despidió al siglo XX, les reconoció el don de grandes oradores dominicanos a Fernando Arturo de Meriño, Rafael Estrella Ureña, Arturo Logroño y Eugenio Deschamps. 

El propio Balaguer, quien rindió tributo a los dioses del verbo y de la palabra hablada, es sin quizás, uno de los más prominentes oradores no sólo de la República Dominicana, sino también de la América Hispana. El doctor Joaquín Balaguer quien se inspiró en el arte del verbo desde su niñez, tuvo a su favor el hecho de que nació y creció en una época donde las escasas personas que cultivaban el conocimiento eran reconocidas y reverenciadas por la sociedad.

El doctor Leonel Fernández es el más reciente, el último de los líderes políticos dominicanos que califica para ser colocado en la galería de nuestros ilustres y prominentes oradores. Abogado, profesor universitario, escritor, articulista y comunicador, quien desde el desempeño del poder, en una época de ciudadanos incrédulos y apáticos políticos, en una época de crisis del verbo y de supeditación de la política al dinero, se erigió en un gigante de la oratoria y la comunicación. El estilo de oratoria desarrollado por Leonel Fernández tiene más parecido al método de  oratoria que desarrolló Joaquín Balaguer que al método utilizado por el profesor Juan Bosch. 

Leonel encontró su propio discurso y eso lo ha convertido en un auténtico líder.

Tiene su propio vocabulario y sus propias palabras. Las mayorías de los líderes hablan con los términos y vocabularios de otros, y ese no es su caso. El líder del PLD emplea ademanes efectivos, y tiene el suficiente poder para conseguir la mirada firme hasta de las personas sordas, que no puedan oír, pero que puedan ver.  Leonel es sencillamente vigorizante, electrizante, inspirador y magnético. Una idea planteada por otro puede quedar en el vacío, pero si la formula el presidente Fernández, llega a las personas.

El estilo de oratoria del autor de La Mañosa fue un caso atípico en la historia dominicana. Hasta ahora es el único ejemplo que se conoce de una persona que apoyado fundamentalmente en la sabiduría y la inteligencia racional ha sido capaz de conectarse con las masas hasta llevarla al encantamiento y la euforia. Juan Bosch constituye el único ejemplo de orador de un solo tono de voz en lograr dicha hazaña. En la oratoria de Juan Bosch no hubo arrebatos del verbo.

Todo el tiempo utilizó un tono pausado, la técnica del maestro y educador que va suministrando las informaciones por dosis para que los alumnos la asimilen.  Las multitudes que asistían a los mítines a escuchar los discursos del fundador y líder del Partido Revolucionario Dominicano y del Partido de la Liberación Dominicana, por lo regular estaban poseídos por la magia, por el misterio, por la influencia y el poder del líder desde antes de que llegaran al encuentro. Había una sincronización que se producía desde que el profesor Juan Bosch subía a la tribuna, desde que pronunciaba desde la primera hasta la última palabra.

La posesión y el control de Juan Bosch sobre las masas –sobre la psiquis y las mentes de los presentes- descansaba fundamentalmente en su reputación de hombre sabio. Disponía del oxigeno, del agua, del alimento, del aliento que necesitaban sus seguidores. Todos se conectaban con el tribuno tratando de captar cada palabra y cada frase. La oratoria de Leonel Fernández se parece mucho a la oratoria de Joaquín Balaguer. 

Estos encarnan un estilo totalmente diferente al del profesor Juan Bosch. Balaguer y Leonel son actores y en el escenario juegan mucho con la gesticulación, con el ritmo y con la entonación de la voz. Ambos oradores toman posesión de las multitudes desde el comienzo hasta el final. Tienen el poder de tomar a los oyentes como presa y ponerlos a viajar mentalmente con ellos hasta llevarlo al momento preciso en que el cerebro entra en un estado de apertura y fertilidad para de inmediato depositar el mensaje –la semilla- que quieren sembrar.   

Cuando en el trayecto del discurso se acercaba ese momento cumbre, a veces el autor de la Palabra Encadenada entraba un breve espacio de silencio, de inmediato la multitud dejaba de saltar y fijaban la vista hacia el rostro del tribuno, ahí lograba la conexión total, y entonces dejaba caer el mensaje como si viniera transportado del más allá.

El presidente Leonel Fernández logra el mismo efecto, pero lo hace con un estilo diferente, un estilo con cierto parecido al que utilizaba el otro perteneciente a las Ligas Mayores de la oratoria del ciclo de la democracia dominicana, el doctor José Francisco Peña Gómez.  Leonel sube al escenario y de inmediato logra la seducción de las multitudes.

Utiliza la técnica de suministrar los mensajes por dosis, para que los presentes y oyentes puedan captar y entender la mayor cantidad posible de  información. Su carisma intelectual se convierte en una mezcla de pasión con autoridad. El presidente Fernández evita al máximo cansar, atosigar y saturar de informaciones a los oyentes.

Dependiendo de la duración del discurso, utiliza dos o tres niveles o paradas estratégicas para sembrar la semilla de la persuasión.  Por lo regular, al inicio del discurso Leonel rememora hechos, acontecimientos históricos y políticos que lleven a los presentes a un estado mental de orgullo y satisfacción, y de inmediato suministra unos cuantos de los mensajes que desea sembrar –los mensajes secundarios-. 

Luego entra a la fase elemental del discurso, pero antes de sembrar el mensaje central, acondiciona las mentes de los presentes haciendo algunos relatos, alguna historia  o algún chiste que haga que las personas se pongan alegres hasta llegar al punto de reír, y entonces a partir de ese momento, justo a partir de ese preciso momento, cuando está seguro de que ha logrado la conexión total, es entonces cuando procede a depositar el mensaje central.

Leonel utiliza una serie de técnicas que contribuyen a que las personas entren en estados de ánimos positivos para la asimilación. Se observa la ausencia total de resistencia mental en el rosto de los seguidores que se reúnen para escucharlo.

Eso sólo se logra cuando el conglomerado está compactado y unido en torno al ideal del líder.  Leonel adormece, contagia y embriaga con el poder del verbo  a las multitudes de una forma espectacular. Cuando va llegando al cierre del discurso, y va subiendo el tono de voz, va pasando de manera escalonada de  100 a 120 millas, de 120 a 140, de 140 a 160, 160 a 180, de 180 a 200 millas. En la misma medida en que acelera y va subiendo el tono de su voz, así mismo va subiendo la temperatura en las personas, quienes van gozando, viviendo e interpretando el discurso, van viajando mentalmente con el disertante hasta el punto en que pronuncia el grito de guerra o la frase de remate.

En el discurso Leonel se sabe de antemano cuando vienen los aplausos prologados. Él sabe cuando la multitud entrará en un estado de euforia emocional que se pondrá de pie y comenzará gritar consignas. Si a caso necesita un sorbo de agua lo toma en uno de esos momentos. Leonel no necesita hacer espacio para tomar el líquido porque se sienta con la garganta reseca. En sus discursos hay muchos espacios, hay espacios contemplados para el desbordamiento emocional de las multitudes. 

Estos simples detalles sirven inclusive para distinguir lo que es un orador de grandes ligas de un orador amateur.  He visto oradores, entre ellos candidatos presidenciales que reciben aplausos de cortesía. Inclusive, conscientes de las debilidades, los organizadores del evento colocan personas diseminadas en todo el escenario y tienen un coordinador que dice cuando deben dispensarle un aplauso.

Hay otros que arrancan como una carreta, y si tienen algo importante que decir lo sueltan de una vez, las personas al darse cuenta que el orador ha caído en un limbo, en un vacio,  comienzan parándose de los asientos, y cuando concluyen, a pesar de que el salón está medio vacío, tampoco despiertan emoción. Hay otros que arrancan a 200 millas por hora y al minuto están silbando como un gallo ronco, y si por desgracia no aparece una copa de agua cerca de pódium, entonces es que la cosa se le pone difícil.    

No me sorprende que Balaguer y Leonel se parezcan tanto en el uso de la oratoria. Entre estos dos personajes hay demasiadas cosas en común. Desde el ambiente social y familiar en que nacieron y se criaron, hasta por el hecho de que estudiaron la misma carrera.  Ambos ejercieron la docencia universitaria y  desarrollaron la destreza de pensar y la fluidez escribir. Ambos personajes desarrollaron en el arte de la oratoria, el empleo mágico de la palabra hablada tanto para la labor docente como para la trinchera política.   

Leonel Fernández impactó el 16 de agosto de 1996 cuando tomó juramento como presidente de la República por ante la Asamblea Nacional. Fue absolutamente magistral y demostró que era un maestro en el oficio. El joven político electrizó al pueblo dominicano y concitó el interés de la población, con un conmovedor discurso lleno de optimismo.  Sus palabras y su visión se constituyeron en fuentes de inspiración para millones de espectadores que vieron el discurso por la televisión o lo escucharon por la radio. 

El juramentado presidente dio señales de que pronto se convertiría en el “líder político estrella del futuro,” en el heredero de los dos caudillos que habían dominado la escena política desde la muerte del tirano Rafael L. Trujillo y que coyunturalmente se habían puesto de acuerdo para viabilizar su ascenso al poder.  

 Leonel desde que asumió el poder dio inició al proceso constructivo  de un nuevo futuro en el que automáticamente quedaban hechos añicos barreras históricas y traumas de una cultura política que mantenía dividida a la sociedad. 

Recuerdo que el día de toma de posesión de Leonel Fernández fui invitado por el laureado poeta y escritor don Zenón Castillo de Aza a un pasadía almuerzo en el restaurante Las Colinas ubicado en la carretera de San Cristóbal, como a un kilómetro después de la entrada de Haina. El dueño del negocio era un trujillista. Don Zenón me dijo que era quien le cuidaba los caballos a Trujillo. Ambos estábamos conscientes de la trascendencia y significado que tendría para la historia esa transición de mando, donde el amo del poder y viejo zorro de la política dominicana, ante su imposibilidad de seguir en el poder, le traspasaba el mando a un sucesor que no pertenecía a su organización política, pero que era un aliado que él se había ocupado personalmente de que ganara las elecciones.

Tanto don Zenón Castillo de Aza, quien ejerció el sacerdocio durante la Era de Trujillo y era el Embajador de la República Dominicana por ante la Organización de Estados Americanos al momento en que se produjo el ajusticiamiento del tirano, como quien suscribe, un muchacho que nació año y medio antes de que Joaquín Balaguer asumiera el poder el poder en 1966, llegamos a la conclusión de que el caudillo reformista no se sintió del todo cómodo en la ceremonia de transición de mando a Leonel Fernández en 1996. En la ceremonia de transición de mando el presidente saliente no habla, quien habla es el que toma juramento. 

Cuando se produjo la transición de mando el 16 de agosto de 1978, fue una ceremonia donde no brilló ni el verbo ni la magia de la palabra hablada. Don Antonio Guzmán era un hombre honorable, pero de una limitada formación académica y de un pobre acervo cultural. Leyó un discurso que inclusive parece fue escrito por una persona que no estaba dotada de mucha sabiduría política.  El discurso leído por don Antonio Guzmán en la ceremonia de toma de posesión, según me han dicho, fue escrito por un poeta de Santiago, quien no estaba compenetrado con la cultura del poder ni con el entendimiento elemental de lo que es la ciencia política, la historia y la economía.

Don Antonio Guzmán  no se percibió cómodo mientras leía el discurso. Inclusive parece no haberlo leído con anterioridad, o quizás, no lo ensayó lo necesario.  Don Antonio era un hombre de éxito empresarial, tenía una buena imagen y buen prestigio, pero no era un político culto, y por tanto, al momento de hablar en público o de dirigirse a la Nación, no quedaba bien parado. Su pobreza de conocimientos era más notoria ante el hecho de que había sucedido en el poder a Joaquín Balaguer, uno de los políticos más culto y mejor formado que ha tenido la República Dominicana a lo largo de toda su historia.

De la noche a la mañana, un pueblo que estaba acostumbrado a escuchar a un tribuno que pronunciaba discursos de 4 y 6 horas en la Asamblea Nacional, pasó a ser gobernando por un Presidente que leía un discurso que al máximo duraba 15 minutos.

Cuanto terminó la ceremonia de traspaso del mando a don Antonio Guzmán, el 16 de agosto de 1978, de inmediato  Joaquín Balaguer se trasladó a su residencia de la Máximo Gómez 25. Montado a su lado, en el viejo automóvil que había utilizado desde 1966, pero estaba vez sin la placa 01, estaba don Guaroa Liranzo, a quien le manifestó  su desencanto por la pobreza de sabiduría y conocimientos que dejó entrever su sustituto.  La transición de mando eran concebidas por Balaguer como momentos memorables para rendirles tributos no sólo a los padres tutelares de la Patria, sino también, para rememorar las sabidurías de los clásicos griegos y romanos.

Don Zenón Castillo y yo escuchamos el discurso de juramentación de Leonel Fernández con mucha atención, pero a la vez, observábamos a Joaquín Balaguer tratando de descifrar su estado de ánimo. Ambos éramos balagueristas mil por mil.  No olvido que cuando Leonel terminó su discurso, de inmediato Zenón me dijo: “Bueno mi hijo, el viejo está un poco incómodo.” La verdad es que Leonel Fernández dejó una primera impresión de buen orador y luego la ha ido fortaleciendo hasta construir un carisma intelectual que le sirve de sustento a su liderazgo. Su arma más poderosa es el saber, y como cada día que transcurre aprende más, su liderazgo ha venido experimentando progresos.

Don Zenón conocía muy bien a Balaguer, eran de la misma generación, vivían lidiando juntos desde la Era de Trujillo y eran dos personas dotadas de la virtud de la inteligencia y la sabiduría. Le dije: Don Zenón, pero yo veo a Balaguer tranquilo y sereno como siempre. Me respondió diciéndome: “Mi hijo el diablo sabe más por viejo que por diablo. Te digo que Balaguer está incómodo porque esta vez el protagonista es otro, y además ese muchacho habló muy bien.” En ese momento Don Zenón pudo percibir en Balaguer reacciones que yo no pude ver ni imaginar.

 Al día siguiente, el 17 de agosto del 1996, vinieron los comentarios al discurso del juramentado joven presidente. Algunos comunicadores dijeron que el discurso fue leído en una pantalla invisible para el público, pero visible para el orador, y que por eso el discurso fue tan pulcro y tan bien entonado.  Se trata del tele pointer que a partir de ese momento se puso de moda, y todos los políticos cuando  iban a ser proclamados candidatos en actos transmitidos en vivo por los medios de comunicación, se apoyaban en esa tecnología para impactar a los televidentes, y porque no, para aparentar tener mayores desenvolvimientos y luces en la oratoria que las que en realidad tienen. 

En sus mensajes a la Nación, en los actos trascendentes se hizo una costumbre que el presidente Leonel Fernández y su sucesor en el 2000, Hipólito Mejía, utilizaran el tele pointer. No tiene sentido que el presidente de la República le hable a la Nación leyendo un papel con la cabeza inclinada hacia abajo si existen tecnologías para hablar con el público sin que los televidentes se percaten de que el orador está leyendo.

Con el tiempo, el presidente Leonel Fernández se ha ido consumando en un orador extraordinario, hasta llegar al punto de que no necesita para nada la tele pointer, y en otras ocasiones tiene un discurso escrito y cuando sube a la tribuna que le mira los ojos a los presentes se olvida definitivamente de la existencia del texto.  El presidente Fernández en el momento de encantamiento en que se encuentra sólo necesita leer un discurso cuando tiene que hablar en un cónclave internacional donde el tiempo es limitado.

De lo contrario, Leonel puede disertar en cualquier escenario y sobre una diversidad de temas confiando en su memoria, en su riqueza conceptual, en el disco duro de su cerebro, en el uso pulcro que hace del verbo y respetuoso de la gramática.

Leonel comunica su mensaje con mucha fuerza y energía. Sabe muy bien cuando el mensaje requiere de un toque emocional, y cuando de un toque racional.  A veces, les da una dosis extra de énfasis. Está muy consciente de que las ideas que se expresan con vigor y con palabras potentes tienen mayores efectos. Me he dado cuenta  que en los escenarios incómodos y calurosos como esos que se preparan de manera improvisada en las actividades proselitistas en el interior del país, Leonel sube el tono de su voz aún más de lo acostumbrado.

El ambiente caluroso que hace que el sudor brote de su cara le dota de mayor emoción e inspiración. El ambiente caluroso y el escenario incómodo les convierten en un orador más poseído por el coraje y con mayores arrebatos  del verbo. Más entusiasta, más gallardo.

Es diferente a otras personas que sólo son buenos oradores en ambientes con aires acondicionados y que cuando se calientan y sudan se les arma un desparpajo mental.  La inspiración y la emoción –señalan Zenger y otros en su obra El líder inspirador (p.106)- “están inextricablemente unidas. El líder inspirador aprende cómo usar este otro reino de la vida, a pesar del hecho de que raramente se nos proporciona educación formal o entrenamiento que nos ayude a que se nos dé bien. El hecho es que el uso apropiado de la emoción es un factor clave en el éxito de todos los líderes inspiradores.” Leonel conjuga los roles de fantástico comunicador con buen inspirador. Es importante aclarar que no todos los buenos comunicadores son excelentes inspiradores.

La inspiración es un aura, una virtud, que una persona la posee no por el simple hecho de que hable y gesticule bien. La inspiración se logra cuando el liderazgo comunica con el ejemplo, y las personas lo escogen como el ejemplo a seguir. Leonel se ha consumado como líder inspirador, en parte, porque su comunicación es positiva, sana y generosa.La oratoria de Leonel por lo regular es antecedida de un ritual. Es normal que salude con efusividad a personas que le tiene mucho afecto cuando entra al escenario. 

Cuando es llamado al pódium camina con seguridad, se le nota siempre resuelto y decidido.  Recibe prolongados aplausos y lo acata con humildad. Sonríe y mientras mira al público en busca de conexión, se sorprende con la presencia en el público de alguien a quien estima mucho y no esperaba ver. Entonces se inmuta, se inmoviliza, inicia el viaje a su interior en busca de concentración, y cuando la alcanza, de inmediato inicia su discurso.    

El liderazgo sabio después que toma posesión de las mentes de las personas les pone a viajar en el tiempo con impresionante facilidad. Hacen retroceder en el tiempo a los oyentes para que imaginen cómo fue la situación en una época y comparen el pasado con el presente. Leonel Fernández tiene mucha destreza en ese arte. Con el propósito de persuadir a los electores en la campaña electoral del 2008 les hacia retornar mentalmente al 2002, a la crisis bancarias que surtió efectos devastadores en la economía doméstica, y así era fácil convencerle sobre la obra positiva de su gobierno.

Otras veces, Leonel pinta escenarios posibles para dejar volar libremente la imaginación de las personas: ¿Ustedes se imaginan cuántos pesos costaría un dólar hoy de haberse mantenido Hipólito Mejía en el poder más allá del 2004? ¿Ustedes se imaginan las calamidades por que estuvieran atravesando los hogares dominicanos en caso de que Hipólito Mejía hubiera ganado las elecciones del 2004? En la contienda electoral del 2008 en varias ocasiones dejó en el aire esas y otras interrogantes.Un liderazgo capaz en estos tiempos, es necesariamente un buen comunicador.

Para ser capaz, un líder debe comunicar sus logros, y estos deben ser valorados como positivos por los ciudadanos. Por eso, la capacidad de un líder en esta era mediática se mide en parte en las destrezas de sus palabras para exponer logros y negociar con el entorno.  Acierta Debaschis Chatterjee en su obra El liderazgo consciente –Un peregrinaje hacia el autocontrol- (2007, p.32) cuando aduce que “la capacidad es el aspecto visible y tangible de nuestra competencia.

Es la energía que fluye hacia el exterior y que se manifiesta como nuestro trabajo, como registros de logros, como nuestras credenciales y como todo lo que hemos hecho para construir un nicho en nuestro posible entorno.”Las mejores disertaciones que Leonel Fernández ha tenido en la Fundación Global Democracia y Desarrollo han sido sin tener nada escrito, como fue su Conferencia con motivo del natalicio del centenario del profesor Juan Bosch, y su disertación el 25 de julio del 2011 en el marco de la conferencia internacional: “El Caribe Hispano: hacia un campo de estudio propio” donde estuvieron presentes historiadores de Cuba, Estados Unidos, Puerto Rico y la República Dominicana. 

El impacto que produjo la disertación de Leonel frente a una intelectualidad exquisita fue de tal magnitud que un día después llegué la Librería Cuesta y me encontré con dos de los más prominentes historiadores dominicanos que inclusive no pertenecen al PLD, y me expresaron la gran sorpresa que se habían llevado con Leonel. Uno de ellos me dijo: “Belarminio hasta ayer yo no sabía que Leonel era un historiador.” Cuando llegó el momento que Leonel Fernandez se dirigiría a la Nación, el día el lunes 12 de septiembre del 2011, para su anunciada conferencia sobre la especulación en los precios de los alimentos y el petróleo recuerdo que me acomodé en la cama y dije que nadie entre a la habitación, ya que no quería ser interrumpido mientras el presidente hablara.

Mi propósito era analizar la conferencia inmediatamente Leonel culminara la disertación, pero me llevé una gran sorpresa. Cuando Leonel terminó de hablar quedé tan impactado que solo pude escribir la siguiente frase: “Que privilegio inmenso tenemos los dominicanos de estar siendo gobernado por un liderazgo con la sabiduría y el conocimiento de Leonel Fernandez.” Unos dos o tres minutos después de Leonel comenzara su disertación, el cual estaba siendo transmitida por una cadena de radio y televisión, sentí preocupación igual que como la sintió el público presente al ver al disertante rebuscando una gráfica dentro de un montón de papeles. 

Los presentes en el salón comenzaron a reaccionar de forma perpleja mirándose unos a otros, puesto que en la oratoria de Leonel Fernández ese tipo de actitud no es común.

Los discursos de Leonel por lo regular se enmarcan en un guion donde no hay ni lagunas ni titubeos. Pero de inmediato me di cuenta que se trataba de una estrategia del orador. El hecho de que Leonel estuviera buscando una grafica dentro de un montón de papeles sobre el pódium era la mejor señal de que no tenía un discurso escrito. O sea que la búsqueda fue premeditada, y  el hecho hizo que los presentes en el escenario al igual que los cientos de miles de personas que estaban viendo la escena a través de la televisión se conectaran aún más con el disertante.

Leonel Fernández consciente de su carisma intelectual y de que es valorado por los ciudadanos como una autoridad en el conocimiento, en la exposición de sus ideas ha entrado en lo que Javier del Rey Morató en su obra Los juegos de los políticos –Teoría General de la Información y Comunicación Política-tipifica como “el juego de los políticos”. 

Para Leonel la realidad política existe en la mente humana, está dentro del cráneo. Por eso aprovecha todos los momentos para hacer la debida comunicación y alimentar las mentes de seguidores y hasta de los adversarios. 

El doctor Leonel Fernández en todo momento y circunstancia asume el enfoque sugerido por Javier del Rey Morató (1997, p.37) de que “el trabajo del político consiste en conseguir que se perciba como realidad su mensaje, su estrategia, la elección de las palabras con las que argumenta, y el propio argumento que esgrime como defensa de su persona y de su causa.”

El presidente Fernández comunica poderosamente, cuando habla tiende a inclinarse hacia delante, mira en todas las direcciones, pero durante segundos se detiene brevemente mirando fijo a una persona, y luego gira la mirada hacia otra persona, que se encuentra en un ángulo distinto. Habla y gesticula con las manos, utilizando gestos que hacen que las manos se muevan hacia delante y hacia arriba, y esto genera atención. Sabe que la oratoria requiere de un toque de actuación, y se lo pone. No hay dudas de que maneja la oratoria con altruismo y elegancia.

El político de esta era de la comunicación de esta sociedad mediática y del conocimiento, es necesario que tenga una disciplina teatral. Si carece de esta disciplina, del dominio de este arte, aunque exponga buenos argumentos no podrá conectarse con el auditorio, ni tampoco logrará la persuasión. Javier del Rey Morató (p.91)  precisa que “el candidato disciplinado desde el punto de vista dramático es el que recuerda su parte, y no hace gestos impensados ni da pasos en falso durante su actuación.” 

En este mismo contexto, Goffee y Jones en su obra ¿Por qué deberían reconocerlo como líder?  -Todo lo necesario para desarrollar una auténtica capacidad de liderazgo- (2007, p.45) señalan que “inevitablemente, existe un elemento teatral en el liderazgo: se trata de una actuación en beneficio de los seguidores.” Los adversarios de Leonel Fernández en varias ocasiones les han lanzado fuertes críticas acusándolo de actor y simulador. 

Ellos han querido juzgar con el verbo, con las palabras, con el lenguaje, con la argumentación y con el idioma, tal y como lo hace Leonel Fernández, pero no pueden, y esa es su principal debilidad frente a un político que nadie sabe de dónde saca el tiempo para actualizar y enriquecer su acervo intelectual.   

La de esa noche, 12 de septiembre del 2011, fue una conferencia para la historia. Ningún presidente en la historia dominicana había hecho un ejercicio didáctico sobre un tema de interés universal como el de la especulación en los precios de los alimentos y el petróleo, como lo hizo Leonel Fernandez esa noche memorable. 

Otro evento de derroche inigualable de sabiduría fue el 27 de abril del 2010 cuando el intelectual cubano Ramón García Báez dictó una conferencia en el auditorio de Funglode con el título: Globalización y Socialismo. Después que el conferencista invitado terminó entonces Leonel Fernández hizo uso de la palabra y dictó otra conferencia.  Leonel es buen comunicador no solo mediante la oratoria y la escritura, también desde el gobierno utiliza magistralmente la comunicación no verbal.

Maneja recursos, prácticas y técnicas que le convierten en uno de los mejores oradores de los últimos tiempos. Constituye un paradigma de orador elocuente, inspirador y convincente. El talento y la visión de Leonel Fernández han despertado interés y entusiasmo inclusive en el extranjero.  Es uno de los pocos líderes iberoamericanos del siglo XXI que tiene el poder de comunicar y persuadir con fuerza de visión.

El asombroso desarrollo de sus habilidades de comunicación sumado a su capacidad para transmitir visión, inspirar confianza, persuadir y motivar a los demás han hecho de Leonel Fernández un líder eficaz que necesariamente deberá ser tomado en el porvenir como un referente.  Inclusive, muchas veces sin hablar manda mensajes más fuertes y contundentes que si hablara. Sabe muy bien, que la comunicación no verbal es mucho más poderosa que la verbal.

Leonel se expresa tan bien, que su mensaje se torna irresistible. Tiene  control y dominio total del tono de voz, el cual  resuena o retumba de forma natural. Con facilidad puede modificar el tono de su voz para transmitir regocijo, alegría, emoción, optimismo, indignación, o lo que requiera el momento. Tiene habilidad para acelerar  o reducir el ritmo, y para dejar arrastrar la voz, cuando conviene a los propósitos.

Es un orador excelente en la gesticulación y creación de imágenes en movimiento. Al igual que Barack Obama, tal como señala Shel Leanne en su obra Hablar como Obama –El poder de comunicar y persuadir con firmeza y visión- (2009, p.17) “sabe cómo servirse de una impresionante gama de recursos retóricos y utiliza técnicas como la repetición, bucles retrospectivos y simbolismos para lograr que sus manifestaciones tengan influencia y sean duraderas.” 

El gran secreto de la oratoria de Leonel está en la utilización de los ademanes –gesticulación, movimientos de las manos y giros al cuerpo-;  de los ojos para lograr conexión visual mediante la mirada; de su voz mediante una entonación impresionante del volumen o resonancia natural con ausencia total de monotonía, suena agradable a los oídos, del ritmo y de las pausas elocuentes; de la riqueza en significados deductivos de su mensaje.

Con el uso majestuoso de estos recursos y técnicas, el presidente Fernández con facilidad logra que las personas se conecten con él, hasta conseguir el objetivo de ganarse sus corazones y sus mentes.

En este país las personas son muy dadas a comparar.

 Considero que los grandes oradores que ha tenido la República Dominicana a lo largo de la historia,  ninguno puede ser comparados con otro, ya que corresponden a momentos históricos distintos y tienen estilos diferentes. 

Leonel Fernández Reyna constituye el mejor ejemplo de lo que constituye un liderazgo peso completo de la era de la comunicación y la sociedad del conocimiento. Joaquín Balaguer, Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Leonel Fernández  son los cuatros líderes políticos  más notables del ciclo de la democracia dominicana, pero a la vez, son los cuatros oradores más formidables de la época. Los cuatros son maestros y escritores a la vez, pero sólo uno, el doctor Leonel Fernández puede ser tipificado como moderador excepcional.  

 Leonel ha desarrollado la oratoria en una esfera a la que no llegaron los caudillos ilustrados, y se trata de la participación rutinaria en paneles y foros de discusión sobre temas tanto de contenido histórico y científico, como de la agenda nacional e internacional.

El ejercicio académico que hace a través de Funglode, así como con su etiqueta de estadista que ha hecho un magisterio del ejercicio del poder, ha incidido en que Leonel Fernández desarrolle una destreza como moderador y polemista.  En definitiva, los líderes de la post Guerra Fría en la labor permanente de construcción de consensos, están compelidos a desarrollar destrezas y habilidades comunicativas, pero en el arte de comunicar con elegancia y fundamento, Leonel se ha convertido en un caso excepcional que amerita de estudio y particularidad analítica. 

Shel Leanne escribió un formidable libro titulado: Hablar como Obama –El poder de comunicar y persuadir con firmeza y visión-.  Barack Obama es un brillante comunicador, y esto ha hecho que intelectuales del fuste de  Leanne se enfoquen en su estudio. Todavía no he escuchado a ninguna persona del mundo académico faltarle el respeto a la profesora de la universidad de Harvard por haber escrito esa obra sobre las destrezas comunicativas del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. 

Y sobre Leonel: ¿Que tenemos nosotros los dominicanos que decir? La obra de gobierno de Obama en los Estados Unidos no se puede comparar mínimamente con la obra de gobierno de Leonel en la República Dominicana. Obama sigue siendo una esperanza, mientras que Leonel es una realidad.  La dimensión comunicativa del liderazgo de Leonel es una tarea que está pendiente de estudio. Espero que las personas indicadas asuman el deber de estudiar al gobernante en esa faceta, y que no se amilanen por temor a que personas que se han quedado sin dios,  sin santos y sin líderes le falten el respeto.

El careo constante a que se someten los líderes con formación y carisma intelectual en esta sociedad del conocimiento no se daba en la época de la Guerra Fría. El diálogo sobre la Crisis Global y su impacto en América Latina y El Caribe que sostuvieron en el auditorio de Funglode, el viernes 11 de noviembre del 2011, los ex presidentes Julio María Sanguinetti de Uruguay y Ernesto Zedillo de México, es un buen ejemplo de este formato de comunicación que genera mucha expectación en los oyentes, pero que además permite que los líderes saquen a flote su riqueza racional. 

Este tipo de eventos en que los participantes pueden contraponer de persona a persona, frente a frente, sus criterios con los criterios externados por los líderes, está incidiendo en la construcción de un liderazgo más humilde y humano, más de carne y hueso, un liderazgo que está más cerca de las personas.  

 El desarrollo del liderazgo de Leonel va de la mano con el desarrollo de la era de la comunicación. Leonel es más mediático que lo que fueron Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez. 

Los caudillos ilustrados eran excelentes comunicadores cuando se trataba de comunicarse con su pueblo a través de entrevistas directas o conversatorios con la producción de un programa de televisión, pero en este aspecto, Leonel Fernández es superior, muy superior. 

La entrevista hecha por el reputado periodista Osvaldo Santana al presidente de la República y presidente del PLD, doctor Leonel Fernández Reyna, y transmitida por CDN, el 12 de noviembre del 2011, es la señal más obvia de que estamos en presencia de uno los liderazgos políticos con mayores recursos retóricos y destrezas comunicativas de todos los tiempos, y de todo el continente latinoamericano. 

Hay personas que se ponen como el diablo y reaccionan como ají picante cuando uno dice o escribe esto, pero sencillamente estamos expresando la verdad palpable que está a la vista y al disfrute de todas las personas. Lo lamento mucho, pero estas personas van a sufrir mucho. “El que tenga ojo que vea y el que tenga oído que escuche.” Leonel Fernández encarna el presente y el futuro de la política dominicana.

Cuando miro en el horizonte del porvenir, lo percibo inaugurando la octava y novena línea del metro.  Leonel Fernández es un líder de la sociedad del conocimiento, tiene a su favor un instrumento del que carecieron los caudillos ilustrados, que es la Fundación Global Democracia y Desarrollo, pero además, ha sincronizado como ningún otro gobernante de la historia dominicana, la gestión pública y la acción política con la comunicación.

Esto lo hace más completo que los lideres que les precedieron. 

Por tanto, si de algo por ahora estoy seguro, es que Leonel Fernández pasará a la historia como el tribuno más trascendente y como el líder y gobernante más diestro en la comunicación, del siglo XXI dominicano. 

Autor: Belarminio Ramírez Morillo

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La nueva exposición propuesta por SorMed Fine ArtsGallery ha sido inaugurada, en el marco del Circuito de Galerías de la Asociación de Galeristas de arte AGA para este mes de octubre en curso. Se trata de la Colección Privada de Jose Jiménez Arte Proyecto titulada “POR UNA BUENA CAUSA”. En la misma, se pone de manifiesto el talento y calidad de 13 artistas plásticos, los que han sido apoyados en sus inicios por El promotor Jose Jiménez: Alexander Gell, Carmen Almonte, Miguel A. Estrella, Juan Miranda, Jairo Sánchez, Ambiorix Saldaña, Constantino Matos, John Lewis, Wanda Cortorreal, Toni Espaillat, Luis Santana, Pedro Veras y Bernardo Then.La actividad tubo como maestra de ceremonias a la artista del Pincel Decorativo  y comunicadora Soraya Medina, Anfitriona y propietaria de SorMed Fine Arts Gallery, la cual se destaca por su Lema “Arte con Amor y Causa” favoreciendo en cada exposición  y a través del arte, a una Institución que necesite respaldo.  En esta oportunidad, La muestra dedicará parte de sus beneficios a la Fundación Quisqueya, radicada en Italia desde donde se  ofrece apoyo a los inmigrantes dominicanos con dificultades en ese país.Luego de dar la bienvenida a los asistentes, La Sra. Alba Iris ofreció las Palabras de Bendición para iniciar formalmente la actividad. Luego, Jose Jiménez, destacado promotor cultural con más de 200 Exposiciones en importantes salas de nuestro país durante su gestión, pronunció palabras de agradecimiento, altamente emocionado por los logros obtenidos en  su Proyecto de Arte. Acto seguido, invita a los representantes de la Fundación Quisqueya, presidida por Zoraida Dolores en Italia. Raysa Tolentino y Jose de la Rosa dieron las palabras de agradecimiento por incluir a esta Fundación para ser beneficiada con parte de la Venta de estas obras.Como parte final del Acto, hizo un merecido reconocimiento a la reconocida periodista Margarita Brito, de Que Pasa de El Nacional, por el apoyo incondicional  que han dado al Arte en todas sus manifestaciones. Margarita Brito, recibió su placa de reconocimiento con gran alegría y entusiasmo, agradeciendo a José Jiménez por tal distinción.Los asistentes disfrutaron de un brindis y la  música en vivo a cargo del Maestro Nelson medina y Sumando amigos. La muestra se extenderá hasta el 18 de noviembre en la galería ubicada en la calle Wenceslao Álvarez 7, Zona Universitaria, donde todos los interesados podrán visitar en horario laborable o por citas al 809-686-5092.
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