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24/10/2010
El faro de Colón
El enigma de la calculadora

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Leonel Fernández ha tenido que salir a la palestra de la opinión pública  por dos veces en la misma semana y para hablar de temas domésticos. Debe de ser un récord en el mandato. La mal interpretación de sus palabras sobre la corrupción en el país y con efecto negativo en la mayor parte de los periódicos impresos y digitales, casi unánimes en su ponderación, hizo que el mandatario bajase a la arena para decirnos cuán equivocados estamos los que nos mostramos disconformes con su opinión. La democracia tiene dos pilares fundamentales: El gobierno de las mayorías y la igualdad de los hombres y mujeres entre sí.

La aclaración de Leonel Fernández me recuerda el viejo chiste que hace alusión al conductor que maneja en sentido contrario por una autopista y al cruzarse con los vehículos que circulaban correctamente, hace la siguiente reflexión: «Qué cantidad de locos hay en el país porque van todos en sentido contrario». Nosotros entendimos lo que el presidente quiso decir, que quizá no haya sido lo que estaba en su ánimo exponer. El problema, pues, nace en la fuente, no en los medios. La segunda aparición fue para referirse a la intoxicación de los niños por la ingesta del desayuno subsidiado. El presidente hizo suya la afirmación de que existen manos criminales que están boicoteando la calidad del susidio, según diversas agencias de inteligencia, que supuestamente le reportan sus informes.

Es extraño que a finales del curso pasado comenzaran las intoxicaciones y después de supuestamente aplicadas las medidas correctoras, en dos meses de curso hayan aumentado las intervenciones sanitarias por esa causa. Algo, es evidente, tiene que estar sucediendo porque los días lectivos resultan un sin vivir para los padres de los alumnos en edad escolar. Lo raro del caso es que el presidente hable de sabotaje, sin que aparezcan culpables después de tantas investigaciones y tampoco se sepa qué alimento es el que produjo la intoxicación, lo cual no tendría que ser difícil de determinar, si existe la voluntad de atajar este problema escolar.

Si las diversas agencias de inteligencia del país tienen pruebas de lo que dice Leonel Fernández, estamos seguros que primero que tarde, o sea mañana antes que al día siguiente, los autores estarán identificados y puestos a disposición de la justicia. Me temo, sin embargo que nada se aclarará, igual que sucedió en los casos anteriores. Seguramente las intoxicaciones se deben a unas malas condiciones de manipulación del producto terminado, en lugar de sabotaje premeditado.

Según dicen desde el Ministerio, cada día de clase se reparten 1,6 millones de desayunos, con un costo para el Estado (Listín Diario) de 17 millones de pesos por jornada lectiva. Con la ayuda de la «chinita» divido el gasto diario ente el número de refrigerios y resulta que cada bolsa sale a menos de 11 pesos. En ese precio hay que incluir las materias primas, los costes de personal, el precio de los continentes, el transporte y la distribución, la financiación -eñ Estado paga tarde y mal- y el beneficio industrial. No parece, de ser ciertas las cifras conocidas, resulte muy atractivo económicamente ser suplidor del desayuno escolar, salvo que los números oficiales no sean ciertos. O sea, menos desayunos y más millones diarios. Sólo así se vislumbraría un interés espurio para el sabotaje.

Suponiendo que los diecisiete millones diarios fueran ciertos, con tres días de supresión del mismo, se podría construir un Liceo como el recientemente inaugurado por Leonel Fernández en Herrera. Si se optase por la supresión del desayuno subsidiado y pensando en 168 días lectivos al año, se podían edificar 56 centros de estudio similares al recién inaugurado. En cuatro años habría 224 centros docentes modernos donde sin duda sería más fácil enseñar y aprender, aunque los estómagos no estuviesen llenos.

Sin embargo, como no hay dinero para la construcción masiva de nuevas escuelas, cada curso que pasa las instalaciones existentes estarán en peores condiciones, los alumnos hacinados y sin la debida atención, aunque tengan el estómago complacido al menos la mitad del año.

Sin prestar la debida atención a la educación -que no sólo es de profesores y libros de texto-, será muy difícil que el país avance.

quinicandela@gmail.com

Autor: Quini Candela

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